La división del Mar Rojo por Moisés: relato bíblico, significado y posibles explicaciones

La división del Mar Rojo fue el acto decisivo mediante el cual, según el libro del Éxodo, Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto. Moisés extendió su mano sobre el mar, Jehová hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento oriental, las aguas quedaron divididas y los israelitas cruzaron por tierra seca, mientras el ejército del faraón quedó destruido.

Este episodio marcó, en muchos sentidos, el nacimiento de Israel como pueblo. Para la tradición bíblica, no fue solamente una huida espectacular, sino la demostración de que Jehová podía salvar a una comunidad atrapada entre el ejército egipcio y las aguas.

El contexto: la salida de Egipto

La historia comenzó después de la décima plaga, cuando el faraón permitió que Moisés y Aarón sacaran de Egipto a los hijos de Israel. Dios, pues, hizo que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto, hacia el Mar Rojo.

Jacob, nieto de Abraham, había llevado a su familia a Egipto por causa del hambre. Luego, tras la muerte de José, un nuevo faraón se levantó que no conocía a José, y esclavizó al pueblo de Israel.

Tras el nacimiento de Moisés, Dios escuchó el clamor de su pueblo y comenzó a preparar su liberación. Dios llamó a Moisés para liberar a su pueblo, y Moisés se presentó ante el faraón con el pedido de dejar ir a los israelitas para adorar al Señor.

El faraón se negó y aumentó la opresión sobre ellos. Entonces comenzó un ciclo de diez plagas: en cada fase, Moisés pedía la liberación del pueblo, el faraón se negaba, Dios enviaba una plaga, el faraón cedía y luego cambiaba de opinión cuando la plaga cesaba.

Tras la última plaga, la muerte de los primogénitos, finalmente el faraón permitió que los israelitas se fueran. Pero pronto se arrepintió y los persiguió con su ejército, acorralándolos frente al Mar Rojo.

El pueblo atrapado junto al mar

Jehová ordenó a Moisés que los israelitas dieran la vuelta y acamparan delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, hacia Baal-zefón. El campamento debía quedar junto al mar.

Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová.

Dios dirigió a Israel hacia lo que parecía una trampa. El mar cerraba la retirada y el ejército egipcio bloqueaba el camino por el que habían llegado.

Algunos eruditos modernos han argumentado que Moisés no llevó a Israel directamente hacia el Mar Rojo y luego a través de él, sino a través del “Mar de Juncos”, siendo que la expresión hebrea Yam Suph significa “Mar de Juncos”.

La frase hebrea para Mar Rojo es yam suph, que claramente significa “Mar de Juncos”. Los estudiosos y arqueólogos han intentado durante años identificar positivamente este cuerpo de agua.

La persecución del faraón

Cuando se anunció al rey de Egipto que el pueblo había huido, el corazón del faraón y de sus siervos se volvió contra los israelitas. Dijeron: «¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva?»

El faraón preparó su carro, tomó consigo a su pueblo y reunió seiscientos carros escogidos, todos los carros de Egipto y sus capitanes.

Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo y todo su ejército, alcanzaron a los israelitas acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón.

En aquellos tiempos los carros eran la tecnología militar más sofisticada. Israel no tenía nada excepto que los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.

El faraón tenía los mejores recursos militares. Humanamente hablando, los egipcios podían vencer fácilmente a los israelitas desarmados y cansados, quienes supuestamente no podrían poner resistencia contra la caballería y los carros de guerra.

Mapa del éxodo y cruce del Mar Rojo

El miedo de los israelitas

Cuando el faraón se acercó, los hijos de Israel alzaron los ojos y vieron que los egipcios venían detrás de ellos. Entonces temieron en gran manera y clamaron a Jehová.

Tenía sentido que Israel tuviera miedo. Podían ver a los ejércitos del faraón por un lado y al Mar Rojo por el otro. Parecían no tener ninguna posibilidad de escapar.

Los hijos de Israel dijeron a Moisés: «¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?»

También dijeron: «¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto».

Israel no tenía ni una semana fuera de Egipto y ya había comenzado a distorsionar el pasado, pensando que era mejor estar en Egipto de lo que realmente era.

La respuesta de Moisés

Moisés respondió al pueblo: «No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis».

Y añadió: «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos».

En ese momento, Moisés no tenía idea de cómo Dios ayudaría al pueblo. Lo único que sabía era que Dios ciertamente lo ayudaría.

La dirección “estad firmes” aparece como una respuesta a la desesperación, el miedo, la impaciencia y la presunción. El pueblo no debía regresar a Egipto ni lanzarse al mar por su propia iniciativa.

La orden de avanzar

Entonces Jehová dijo a Moisés: «¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen».

Y le ordenó: «Alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco».

Estas eran instrucciones sencillas conectadas a un poderoso milagro. La vara de Moisés no ejecutó el milagro por sí misma, sino que fue el instrumento visible de una acción atribuida a Dios.

También era un momento para actuar. Hay un tiempo para orar y hay un tiempo para la actividad; Moisés podía orar en el camino mientras obedecía la orden recibida.

La nube entre Israel y Egipto

El ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel se apartó y se colocó detrás de ellos. Asimismo, la columna de nube que iba delante se puso a sus espaldas.

La nube se interpuso entre el campamento egipcio y el campamento israelita. Era nube y tinieblas para los egipcios, pero alumbraba a Israel durante la noche.

Durante toda aquella noche, los dos campamentos no pudieron acercarse el uno al otro.

La misma columna que impedía a los egipcios perseguir a Israel protegía al pueblo hasta que se abrió un camino a través del Mar Rojo.

En esta escena, la gloria de Dios aparece con un doble efecto: es luz para Israel y oscuridad para los egipcios.

Cómo se dividieron las aguas

Moisés extendió su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por un fuerte viento oriental durante toda la noche.

El mar volvió a quedar seco y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

La narración describe un paso abierto entre dos masas de agua. Los israelitas no cruzaron simplemente una orilla poco profunda: el texto afirma que las aguas les servían como muros a ambos lados.

Los israelitas tuvieron que avanzar. Aunque Jehová peleó por su pueblo, ellos debieron ejercer la fe haciendo lo que se les había mandado.

Ilustración de Moisés abriendo el Mar Rojo

El ejército egipcio entra en el mar

Los egipcios se lanzaron a perseguirlos y todo el ejército del faraón entró en medio del mar con sus carros y caballos.

Cuando los egipcios intentaron seguir a los israelitas, Jehová trastornó su campamento y quitó las ruedas de sus carros, que avanzaban con gran dificultad.

Entonces los egipcios dijeron: «Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios».

El ejército egipcio comprendió demasiado tarde que la persecución había quedado sometida a una fuerza que no podía controlar.

El regreso de las aguas

Jehová dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre su caballería».

Moisés extendió su mano sobre el mar y, cuando amanecía, el mar volvió en toda su fuerza. Los egipcios, al huir, se encontraron con las aguas, y Jehová los derribó en medio del mar.

Las aguas volvieron y cubrieron los carros, la caballería y todo el ejército del faraón que había entrado tras los israelitas en el mar. No quedó de ellos ni uno.

Los hijos de Israel, en cambio, pasaron por en medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios. Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.

El significado del acontecimiento en el Éxodo

La división del Mar Rojo fue el acto final y decisivo en la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud en Egipto.

El éxodo de Egipto y la división del Mar Rojo constituyen el mayor acto de salvación del Antiguo Testamento. Este acontecimiento se recuerda constantemente como una muestra del poder salvador de Dios.

Este suceso es considerado por los israelitas como el acontecimiento más importante de toda su historia, ya que a partir de ese momento Israel habría comenzado a existir como pueblo. Fue su “día de nacimiento”.

El recuerdo del episodio llegó a ser tan importante para el pueblo judío que todo padre de familia debía enseñar a su hijo a repetir: «Nosotros éramos esclavos del faraón en Egipto, y Dios nos sacó de allí con gran poder».

También debía recordar: «Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y esclavizaron. Pero clamamos a Dios, y Él nos escuchó y nos sacó de Egipto con su poder, haciendo cosas extraordinarias».

Por eso, la narración de la huida de Egipto, que se encuentra en los capítulos 13 a 15 del libro del Éxodo, ocupa el centro de todo el Antiguo Testamento.

El canto de Moisés y María

El milagro del cruce del Mar Rojo fue celebrado con cánticos y danzas, alabando al Dios glorioso que derrota a sus enemigos y guía a su pueblo redimido a la salvación.

María, la hermana de Moisés, entonó: «Canten a Yahvé, que se cubrió de gloria; hundió en el mar a los carros y a los caballos».

María no menciona el cruce del mar. Lo mismo sucede en el largo canto que entona Moisés después de atravesar las aguas: no dice una palabra de que los israelitas las hayan cruzado, sino que cuenta el hundimiento del ejército egipcio.

El pueblo de Israel cantó para contar la historia de su liberación de Egipto y para dar gracias a Dios.

Tres formas de narrar la liberación

Un análisis literario del relato de Éxodo 14 ha llevado a algunos biblistas a concluir que el texto reúne tres tradiciones distintas sobre la liberación de los israelitas.

TradiciónElemento centralResultado
La nubeEl ángel y la columna de nube se colocan entre ambos campamentos.Los egipcios no pueden localizar ni alcanzar a los israelitas.
El viento y la inundaciónUn fuerte viento seca una zona y luego las aguas regresan.Los carros egipcios quedan atascados y el ejército es destruido por el agua.
Las murallas de aguaMoisés divide el mar y las aguas forman muros a ambos lados.Israel cruza en seco y el mar se cierra sobre los perseguidores.

La primera tradición: la salvación mediante la nube

Según una primera versión, la noche en que el pueblo de Israel huyó de Egipto, el ángel de Jehová y una columna de nube se colocaron delante de él para guiarlo en su marcha hacia el desierto.

Cuando el ejército del faraón se lanzó a perseguirlo y estaba por darle alcance, el ángel de Dios y la columna de nube cambiaron de lugar y se ubicaron detrás del pueblo, en la retaguardia.

Al colocarse entre los dos campamentos, la nube ocultó a los hebreos de la vista de sus enemigos. Oscureció el horizonte para los egipcios, pero iluminó a los israelitas, que pudieron escapar protegidos por aquella cortina de luz.

En esta versión, la nube es la que libera a los israelitas de la persecución y los conduce directamente al desierto. No hay un milagro del paso del mar ni una descripción de la destrucción del ejército egipcio.

La segunda tradición: el viento y la inundación

La segunda versión cuenta que, cuando el faraón persiguió a los israelitas, ellos se rebelaron contra Moisés, pero él les dijo que se quedaran donde estaban y miraran.

En medio de la noche comenzó a soplar un fuerte viento del este que secó el mar. Los egipcios instalaron su campamento en la zona donde el agua había desaparecido.

A la madrugada, Dios, desde la columna de fuego y de nube, provocó una inundación en el campamento egipcio y sembró la confusión en su ejército.

Las ruedas de los carros se vieron frenadas por el barro y no pudieron avanzar. Entonces los egipcios comprendieron que Jehová combatía en favor de los israelitas.

Cuando decidieron escapar, ya era demasiado tarde: el agua había regresado a su lecho y los anegaba por completo.

En este segundo relato tampoco se habla de un cruce milagroso del mar. Los hebreos observan desde su campamento y el milagro consiste en la destrucción de los egipcios como consecuencia de las aguas.

La tercera tradición: las murallas de agua

La tercera versión es la que recuerda la mayoría de las personas: las aguas se abren por la mitad para que Moisés y el pueblo puedan pasar.

Ante el clamor de Moisés, Dios ordena a los israelitas que caminen hacia el mar y a Moisés que levante su bastón sobre las aguas.

Al hacerlo, el mar se divide por la mitad y sus aguas forman una muralla a la derecha y otra a la izquierda del pueblo. Los israelitas entran sin mojarse los pies.

Al ver a los hebreos atravesar el mar, los egipcios se lanzan también con sus caballos, jinetes y carros para perseguirlos.

Dios ordena entonces a Moisés que extienda nuevamente su mano sobre el mar. Las aguas vuelven a cerrarse sobre el ejército egipcio y todos perecen ahogados, mientras los israelitas llegan sanos y salvos al otro lado.

En esta tercera narración, la figura central es Moisés. Él actúa con su bastón, divide el mar y después hace que las aguas vuelvan a su sitio.

¿Cómo fue realmente el paso del mar?

El relato de Éxodo 14 es un entretejido de tres versiones, cada una con su propio argumento y originalidad.

En la primera versión, quien obra el prodigio es la columna de nube. En la segunda, es Dios mismo. En la tercera, es Moisés.

En la primera versión, los egipcios no pueden ubicar el campamento israelita. En la segunda, se produce una repentina inundación. En la tercera, el mar se abre prodigiosamente para luego engullir a los egipcios.

En la primera versión, la actuación de Dios consiste en oscurecer la visión enemiga. En la segunda, en destruir el ejército del faraón. En la tercera, además de destruirlo, se narra el cruce milagroso del mar.

No es fácil saber exactamente cómo ocurrió el éxodo, porque los autores sagrados no pretendieron recordar hechos históricos de acuerdo con los criterios modernos, sino presentar diversas tradiciones como un solo relato.

Lo importante para la narración bíblica es que aquel suceso aparece como una señal del poder de Dios.

Las posibles explicaciones naturales

El estreno de distintas películas sobre Moisés reabrió un debate planteado desde hace más de tres mil años: si las aguas pudieron abrirse por un fenómeno natural o si el relato debe entenderse exclusivamente como una intervención milagrosa.

En los últimos años, el suceso ha sido investigado por la ciencia, con arqueólogos y egiptólogos que buscaron evidencias que demostraran si algo así podía ocurrir.

Entre las teorías más conocidas se habla de un tsunami provocado por un gran terremoto, pero esta no es la explicación más aceptada.

De acuerdo con un estudio del Centro Nacional de Investigación Atmosférica y la Universidad de Colorado en Boulder, una explicación más simple sería el viento.

Carl Drews, investigador del Centro Nacional de Investigación Atmosférica y autor principal de un estudio publicado en 2010, mostró mediante una simulación por computadora cómo un fuerte viento procedente del este, que soplaba a poco más de 100 kilómetros por hora, pudo hacer retroceder el agua de dos metros de profundidad.

Según esa simulación, dos cuencas antiguas, unidas en una curva en forma de U a lo largo del mar Mediterráneo, pudieron formar un puente de tierra de 2,5 kilómetros de largo y 3 kilómetros de ancho.

La simulación planteó que ese fenómeno habría abierto un paso por el que las personas podrían circular durante unas nueve horas.

La investigación, basada en la reconstrucción de la profundidad y ubicación de los cursos de agua del Nilo, puede entenderse como un problema de dinámica de fluidos.

Esta explicación no confirma que el hecho haya ocurrido exactamente como lo describe la Biblia, pero sí muestra que físicamente podría existir un mecanismo capaz de retirar temporalmente las aguas.

El debate sobre el Mar Rojo y el Mar de Juncos

Algunos estudiosos consideran que la zona del cruce pudo ser una región anegada cercana a los Lagos Amargos o al lago Timsah.

El término describe acertadamente la región de los lagos al norte del golfo de Suez, que comprende los Lagos Amargos y el lago Timsah.

También se ha propuesto que los israelitas avanzaron por una estrecha lengua de tierra situada en la zona de Baal-zefón y que el Mar de Juncos bíblico pudo ser el actual lago Sirbonis.

Según esta interpretación, los carros egipcios se habrían hundido en el barro y los soldados se habrían ahogado al subir la marea.

Otros intérpretes consideran que la expresión “las aguas eran como muro a su derecha y a su izquierda” implica algo más que el cruce de una zona pantanosa secada por un viento repentino.

Por eso, el lugar exacto del cruce continúa siendo objeto de debate, mientras que el texto bíblico concentra su atención en la liberación de Israel y no en la cartografía precisa del acontecimiento.

El propósito teológico de la división

La narración declara que Dios condujo a Israel hasta el mar para mostrar su poder protector y ser glorificado en el faraón y en todo su ejército.

Jehová fue presentado como el único guerrero en aquella batalla contra uno de los ejércitos más formidables del mundo de aquella época.

El acontecimiento debía enseñar al pueblo a depositar su confianza en Dios y obedecerlo. Cuando la batalla terminó, el ejército egipcio fue destruido y Israel quedó libre de esa amenaza.

La división del Mar Rojo también responde a la pregunta que el faraón había planteado anteriormente: «¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?»

El milagro sirvió para mostrar a los egipcios que Jehová era el Señor y para que los israelitas reconocieran que su liberación no dependía de su fuerza militar.

El éxodo como símbolo de libertad

La forma exacta en que pudo ocurrir el éxodo es, en definitiva, menos importante que la convicción del pueblo de Israel de que contaba con la ayuda de un Dios capaz de liberarlo de toda esclavitud, dependencia y sometimiento.

Si Dios ya había liberado una vez a su pueblo, podía hacerlo siempre. El relato expresa el deseo humano de escapar de las ataduras que oprimen: miedos, angustia, miseria moral, injusticias, compañías destructivas y dependencias políticas opresoras.

Todos suspiramos por alcanzar nuestra propia tierra prometida. Pero para ello no basta con hacer planes y proyectos; hay que animarse a sortear los obstáculos que esperan y romper con las fuerzas caóticas que amenazan con tragarnos cuando intentamos liberarnos.

El relato del éxodo enseña que esas fuerzas pueden ser vencidas por el impulso de Dios y que las aguas no tienen la última palabra sobre quienes se guían por la providencia divina.

La relación con el Nuevo Testamento

El Antiguo Testamento prepara el camino para el Nuevo Testamento, y todas las promesas de Dios encuentran su cumplimiento en Cristo.

El éxodo fue un hecho histórico real para la tradición cristiana, pero también anticipa la obra salvadora de Cristo. A través de Moisés, Dios proveyó salvación física del poder de Egipto; a través de Cristo, Dios ofrece salvación espiritual del poder del pecado.

Jesús dijo: «En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado… Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres».

El Nuevo Testamento presenta el cruce del Mar Rojo como símbolo de la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Pablo escribió: «No quiero que ignoren, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar. En Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar».

También afirmó que todos comieron el mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía, y que esa roca era Cristo.

Así como los israelitas fueron “bautizados en Moisés”, los creyentes son bautizados en Cristo, entrando en Él y quedando comprometidos con Él como su libertador.

Romanos 6:4 explica que los creyentes han sido sepultados con Cristo por medio del bautismo para muerte, a fin de andar en novedad de vida como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre.

La respuesta de Israel después de cruzar

Cuando los israelitas llegaron a salvo al otro lado, vieron el gran hecho que Jehová había ejecutado contra los egipcios.

El pueblo temió a Jehová, creyó en Jehová y creyó en Moisés, su siervo.

Reconocer las obras del Señor en la propia vida puede ayudar a aumentar la confianza y la fe en Él.

La división del Mar Rojo, por tanto, no termina con el paso entre las aguas. Continúa en la memoria, en los cantos de alabanza, en la identidad de Israel y en la convicción de que la liberación recibida puede convertirse en fundamento de una vida nueva.

tags: #division #del #mar #rojo #moises