La Segunda Guerra Mundial fue peor en términos generales: provocó más muertes, afectó a una escala geográfica más amplia, incorporó campañas de exterminio patrocinadas por el Estado y causó una mortalidad civil mayor por bombardeos, enfermedades y hambrunas. La Primera Guerra Mundial, sin embargo, inauguró una forma industrializada de destrucción y dejó las condiciones políticas, económicas y sociales que contribuyeron al estallido de la segunda.
La comparación no depende únicamente del número de soldados muertos. También hay que considerar la duración, la proporción de víctimas civiles, el alcance territorial, la naturaleza de la violencia, los genocidios, el hambre, la destrucción de ciudades y las consecuencias políticas. Con esos criterios, la Segunda Guerra Mundial fue más mortífera y devastadora, mientras que la Primera Guerra Mundial fue decisiva como origen de una crisis que se prolongó durante décadas.
Comparación general entre las dos guerras mundiales
| Criterio | Primera Guerra Mundial | Segunda Guerra Mundial |
|---|---|---|
| Periodo principal | 1914-1919 | 1939-1945 |
| Muertes mencionadas en el material | 17 millones de personas muertas | Más mortífera que la primera, con millones de víctimas adicionales |
| Tipo de destrucción | Guerra de trincheras, artillería, ofensivas prolongadas y grandes pérdidas militares | Guerra total, ocupaciones, bombardeos, exterminio sistemático, hambrunas y combates en Europa, Asia, África y el Pacífico |
| Víctimas civiles | Elevadas por la guerra, el hambre, las enfermedades y la inestabilidad posterior | Especialmente numerosas por campañas de exterminio, bombardeos, asedios, enfermedades y hambrunas |
| Consecuencia política principal | Desintegración de imperios, crisis nacionalistas y condiciones que favorecieron el ascenso del fascismo | Derrota del nazismo y del militarismo japonés, división de Europa y comienzo de la Guerra Fría |
“La Gran Guerra” fue librada desde 1914 a 1919. Pero cuando otro conflicto importante sucedió de 1939 a 1945, los dos eventos fueron conocidos como la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.
De hecho, algunos historiadores argumentan que se trató de una guerra continua prolongada. La continuidad y la causalidad muestran cómo el daño global no se limitaba a los campos de batalla.
Por qué la Segunda Guerra Mundial fue más grave
La Segunda Guerra Mundial fue incluso más mortífera que la primera. Se produjeron más muertes en combate, campañas de exterminio patrocinadas por el estado, índices de mortalidad en alza de civiles a causa de la enfermedad y hambruna.
Las guerras mundiales no sólo fueron determinantes y excepcionales por su capacidad para reconfigurar el escenario ideológico, político, económico y social del mundo entero, sino también por su carácter industrioso y por la mecanización de la guerra y de la muerte.
La Primera Guerra Mundial fue un conflicto principalmente europeo en su origen, aunque sus imperios, colonias y rutas comerciales extendieron la lucha por otros continentes. La Segunda Guerra Mundial conectó de forma aún más directa los frentes europeo, africano y asiático, y unió el conflicto europeo con la guerra del Pacífico.
En diciembre de 1941, Japón bombardeó la base naval estadounidense de Pearl Harbor en Hawai. La idea era mantener al ejército estadounidense lo más alejado posible del sudeste asiático, lugar en donde Japón pretendía alzar su futuro imperio.
La respuesta de los Estados Unidos a la agresión japonesa fue su ingreso a la Segunda Guerra Mundial, que ya llevaba un recorrido de tres años en Europa. Cuatro días después del ataque en Pearl Harbor, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini le declararon la guerra a los Estados Unidos, uniendo los conflictos europeos con el del Pacífico en uno solo.

La guerra contra la población civil
En la Segunda Guerra Mundial, la población civil no fue únicamente una víctima indirecta de las operaciones militares. Los civiles fueron perseguidos, deportados, utilizados como mano de obra, sometidos a asedios y asesinados de forma deliberada por motivos raciales, políticos o nacionales.
La invasión estuvo acompañada de abusos masivos contra los civiles soviéticos. Entre los que más sufrieron estuvieron los judíos. Más de un millón de ellos murieron en la Solución Final, el plan de Hitler para exterminarlos a todos.
De acuerdo con el Plan de Hambre alemán, la población de las principales ciudades habría muerto de inanición. Calculaban en 35 millones los muertos.
La Segunda Guerra Mundial fue incluso más mortífera que la primera porque combinó las grandes batallas industriales con una política sistemática de ocupación, explotación, deportación y exterminio.
La escala de las operaciones militares
El 22 de junio de 1941, la Alemania nazi lanzó la operación Barbarroja, su gran ofensiva contra la Unión Soviética entonces comandada por José Stalin. Se trató de la mayor invasión militar de la historia, y la arriesgada apuesta con la que Adolf Hitler pretendía decantar decisivamente a su favor el sino de la Segunda Guerra Mundial.
La Operación Barbarroja dio inicio a 6 meses de batallas titánicas entre dos superpotencias totalitarias, una contienda que acabaría por resultar decisiva en el desenlace de la guerra.
Las fuerzas del Eje lanzaron 3 millones de hombres, divididos en tres grupos con las ciudades de Leningrado, Kiev y Moscú como objetivo respectivamente.
Las fuerzas soviéticas fueron tomadas por sorpresa y sufrieron terribles bajas en los primeros combates. Se calcula que murieron millones de hombres, y ciudades como Kiev, Smolensk y Viazma fueron conquistadas por los nazis.
Aunque estos también pagaron un alto precio, y la mejora paulatina de las defensas soviéticas, junto con la dureza del invierno ruso frenaron el avance de la Wehrmacht, la infantería alemana, en diciembre, cuando ya había llegado a las puertas de Moscú.
La escala de Barbarroja muestra la dimensión de la Segunda Guerra Mundial: millones de soldados, territorios inmensos, ciudades enteras convertidas en objetivos militares y una guerra en la que la destrucción de las fuerzas armadas estuvo unida al sometimiento de poblaciones enteras.
La Primera Guerra Mundial: una destrucción industrial sin precedentes
La Primera Guerra Mundial fue el primer gran conflicto en el que la mecanización de la guerra transformó los campos de batalla en espacios de destrucción masiva. Nunca antes de 1914 los campos de batalla se habían convertido en mataderos tan aterradores y desesperanzados.
Las mejoras tecnológicas no siempre supusieron más muertes en el campo de batalla, hasta que las guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX hicieron acto de presencia y comenzaron a colocar enfrentamiento tras enfrentamiento en el ránking de los más tremendos.
La Primera Guerra Mundial fue un conflicto estático con batallas a gran escala que, si bien no cambiaron prácticamente el panorama del frente durante años, se cobraron la vida de centenares de miles de soldados.
La diferencia entre ambas guerras no debe ocultar el horror de la primera. La artillería pesada, las ametralladoras, los gases, las trincheras, los bombardeos y las ofensivas repetidas hicieron que enormes cantidades de soldados murieran o quedaran mutilados por avances territoriales mínimos.
Verdún: el símbolo de la guerra de trincheras
El 18 diciembre 1916 finalizó la batalla de Verdún, la más larga y sangrienta de la Gran Guerra, que enfrentó a franceses y alemanes. Pero esta batalla, a pesar de su duración y dureza, no se convirtió en decisiva en el devenir del conflicto.
Más de 750.000 soldados fueron heridos o muertos a lo largo de 300 días en la lucha por una ciudad y sus fortificaciones, Verdún, que Falkenhayn aspiraba a convertir en un fracaso tal para Francia que le obligara a negociar una paz por separado.
El colapso jamás se dio, pero el coste en vidas humanas para ambos ejércitos, impotentes ante la artillería rival, fue altísimo. Ganó Francia, una victoria parcial pero aún no decisiva que cercenaría los planes alemanes.
Fue un icono: el sistema de rotación de Petáin obligó a la práctica totalidad de las tropas francesas a pasar por Verdún en algún momento, lo que convirtió a la ciudad en el auténtico bastión de Francia.
Para Alemania, fue uno de los destacados momentos en los que estuvo a punto de ganar la guerra y, fatídicamente, no lo consiguió.

El 21 de febrero de 1916 a las 7:15 de la mañana se abrieron las puertas del infierno en Verdún. El Gran Berta, el temido cañón alemán de 420 mm capaz de lanzar proyectiles a doce kilómetros de distancia y provocar cráteres de seis metros de profundidad, o el efectivo Skoda 35 mm empezaron a abrir fuego.
A las cuatro de la tarde ya habían caído del cielo más de un millón de obuses que convirtieron el suelo francés en un auténtico paisaje lunar, lleno de cráteres: las trincheras se habían hundido y la mayoría de sus defensores quedaron sepultados bajo el barro.
Y eso sólo ocurrió durante el primero de los 302 días que duró la batalla.
Después de aquel ataque llovió sin parar durante doce días. La crónica oficial alemana dijo lo siguiente: "El agua en las trincheras nos llegaba por encima de las rodillas; no había ni una cueva que pudiera proporcionar un acomodo seco. El número de enfermos crecía de manera alarmante".
El 18 de diciembre de 1916, y en plena víspera de Navidad, los cañones enmudecieron. Verdún se había salvado, pero a un precio descomunal: 700.000 bajas (305.000 muertos y 400.000 heridos), repartidas casi a partes iguales entre los dos bandos.
El consumo de munición en los primeros siete meses ascendió a 24 millones de proyectiles, nueve pueblos habían sido borrados del mapa y el paisaje quedó calcinado.
Cien años después, el público tiene aún prohibido el acceso a unas 800 hectáreas de bosque, conocidas como Zone Rouge, debido al peligro de que los millones proyectiles que cayeron y que no explotaron en su momento puedan hacerlo por accidente.
El Département du Déminage (departamento de remoción de minas) estima que en las colinas y bosques alrededor de Verdún quedan todavía doce millones de obuses sin detonar.
El Somme: enormes pérdidas sin un resultado decisivo
Si Verdún fue el símbolo de Francia, el Somme lo fue de Reino Unido.
En el Somme, una tremenda ofensiva británica en la parte norte de Bélgica con el objetivo de romper las líneas alemanas bien pertrechadas y protegidas, más de 1.200.000 soldados de uno y otro bando fueron heridos o muertos.
Una picadora de carne. Las imágenes son aterradoras, cien años después.
Lo exagerado del recuento de víctimas no tuvo correspondencia alguna con el carácter decisivo de la batalla: el Somme es el ejemplo paradigmático de la estabilidad del frente durante la Primera Guerra Mundial, y tras meses de ofensivas británicas, el Reino Unido apenas había ganado un puñado de kilómetros de terreno embarrado y devastado.
Un esfuerzo baldío que marcó a toda una generación de británicos.
La ofensiva Brusilov
La ofensiva Brusilov fue el último coletazo del otrora glorioso Imperio Ruso.
Mientras Austria-Hungría se daba de bruces en el Isonzo y Francia andaba demasiado ocupada lidiando con los alemanes en Verdún, Rusia cuajó su mejor actuación en la Primera Guerra Mundial, apenas un año antes de que el país se desmoronara definitivamente y se retirara del conflicto empujado por la revolución comunista.
En la actual Ucrania occidental, Brusilov comandó la ofensiva más brillante hasta el momento en el frente oriental. Y la más terrible.
Gracias a una serie de incursiones en la línea de frente austro-húngara, en horas bajas en Galitzia por culpa del enfrentamiento con Italia, las tropas rusas lograron romper el frente y recuperar ciudades claves a lo largo del verano de 1916.
Lo hicieron al modo ruso, claro, con más de un millón de bajas entre muertos y heridos y llevándose por delante a más de 500.000 efectivos enemigos.
El ejército ruso, sin embargo, no se coordinó con el suficiente tino en la ofensiva global de aquel año, y Brusilov resultó una victoria amarga.
La Segunda Guerra Mundial y las batallas más devastadoras
Entre 1914 y 1945 se desarrollaron las batallas más cruentas y devastadoras que el ser humano ha contemplado jamás.
Una mirada a las víctimas de las principales batallas de la historia de la humanidad revela dónde se han producido las mayores matanzas: Europa y Asia. Por dos motivos claros, la Primera y la Segunda guerra mundial.
Moscú: el fracaso del avance alemán
La batalla de Moscú permitió a Rusia reordenar su ejército tras el hundimiento inicial, y detener a Guderian y compañía a escasos ochenta kilómetros del Kremlin.
El invierno y los errores caprichosos de Hitler, además de la duración del envite, provocaron más de un millón de bajas (entre octubre y enero, aproximadamente).
En el primer asalto, Alemania estuvo cerca de doblegar a Rusia. En Moscú, a un tremendo coste, no lo permitieron.
No hay duda de que la severidad de aquel invierno fue importante. Fue especialmente frío, con temperaturas que cayeron a veces por debajo de los 40º bajo cero y los alemanes no estaban equipados para eso, ni en lo que se refiere al armamento ni a la ropa.
Las ametralladoras alemanas, por ejemplo, se congelaban a menudo y tenían que orinar sobre ellas para tratar de calentarlas.
Los blindados Panzer tenían unas orugas muy estrechas, por lo que no se podían manejar en la nieve, mientras que las más anchas de los soviéticos T-34 les daban ventaja.
Los alemanes ya habían visto ralentizado su avance por los fangos del otoño y la nieve no hizo sino empeorar las cosas.
Stalingrado: el punto de inflexión de la guerra
Fue la batalla de Stalingrado, entre 1942 y 1943, lo que haría cambiar el curso del pulso bélico y acabó empujando al repliegue alemán.
El resultado fue la peor y más trágica batalla urbana que se recuerda.
El Sexto Ejército alemán, apoyado por la caballería y por otros ejércitos rumanos, italianos y húngaros, trató durante meses y sin éxito, aislados y bajo el frío del invierno ruso, de reducir la bolsa de Stalingrado.
Las tropas soviéticas, fuertemente motivadas y sin posibilidad de mirar hacia atrás, por más que sus condiciones fueran inferiores a nivel material, no cedieron en ningún momento.
Forzaron la destrucción de todas las tropas alemanas y, a partir de 1943, recuperaron por primera vez la iniciativa en el frente.
Sería el principio del fin nazi.
El sitio de Leningrado
El carácter terrible de Leningrado, también dentro del contexto de la Operación Barbarroja, tiene una explicación simple: fue un sitio de más de dos años.
Como consecuencia, la población civil sufrió hambrunas y carencias horribles, lo que disparó el recuento de muertos.
Por el lado soviético, más de un millón de soldados causaron baja, y por el alemán, más de medio millar.
Las tropas germanas llegaron pronto a las puertas de Leningrado, pero la defensa soviética fue, al igual que en el resto de las ciudades, imposible de superar.
El progresivo desmoronamiento de Alemania a partir de 1943 permitiría levantar el cerco de Leningrado y, más tarde, retomar la iniciativa en el oeste y reconquistar los países bálticos, Bielorrusia y Polonia.
Berlín: destrucción de la capital nazi
La consigna entre los aliados era clara: no se repetiría el error de la Primera Guerra Mundial, cuando la derrota alemana se saldó con su territorio soberano virgen de presencia militar rival.
Tras Stalingrado, Sicilia y Normandía, el objetivo de los soviéticos, los británicos y los estadounidenses era llegar a Berlín. Costara lo que costara.
Fueron primero los soviéticos quienes cercaron la capital alemana, símbolo del nazismo, futura Germania, y quienes se enfrentaron a la radical, feroz y desesperada resistencia de Hitler.
Fue corta, pero terrible: se calcularon más de un millón de bajas entre los meses de abril y mayo de 1945.
Berlín sería reducida a cenizas entre bombardeos de artillería y aéreos, la población aterrorizada por el Ejército Rojo, la cúpula nazi capturada (Hitler se suicidaría en su búnker) y Alemania y la propia ciudad dividida en cuatro mitades, configurando el posterior escenario de Guerra Fría y de división ideológica en el continente.
La relación entre ambas guerras
La Primera y la Segunda Guerra Mundial pueden analizarse como conflictos separados, pero también como dos fases de una misma crisis internacional prolongada.
¿Qué es peor que tener una otra guerra mundial tan solo 20 años después de la primera? ¿Que tal unos 30 años de guerra constante?
Cuando terminó la batalla en 1919, tales ambiciones no lo hicieron, y el nacionalismo incluso empeoró más. El resultado: una violencia generalizada hasta el término de la segunda guerra mundial en 1945.
El nacionalismo
Comenzaremos con el nacionalismo, una de las continuidades más relevantes de la Primera y Segunda Guerra Mundial debido a su crecimiento y preponderancia en ambos conflictos.
En junio de 1914, un joven serbobosnio que se oponía al Imperio austrohúngaro asesinó a una figura política clave en Sarajevo. Esto desencadenó una serie de eventos que obligaron a los líderes políticos en Viena y Berlín a fortalecer las alianzas diplomáticas para prepararse para la guerra.
Puede que el asesinato haya sido una sorpresa, pero el deseo de pelea de los demás no lo era.
Las varias décadas de conflicto ya habían preparado una atmósfera hostil entre los líderes europeos.
Además de esto, los europeos tenían grandes planes que se extendían más allá de sus fronteras y que abordaban la pretensión de recursos y mercados para amasar fortunas mediante el imperialismo.
Los principales estados europeos respondieron rápidamente al asesinato, creyendo que la guerra sería breve y económica.
No fue ninguno de los dos, y se convirtió en una bola de nieve que posiblemente se recuerde como el conflicto más sangriento hasta ese momento en la historia mundial.
Peor aún, al “término” de la guerra en 1919, las mismas disputas territoriales, los malentendidos diplomáticos y las tensiones nacionales no se habían esfumado.
La diferencia más grande era que ahora 17 millones de personas estaban muertas, otras 20 millones lastimadas y el continente era más inestable.
El Tratado de Versalles y la crisis alemana
Aproximadamente una década después del tratado de paz de 1919, la mayoría de los alemanes estaban hambrientos, humillados y furiosos por los duros términos del tratado.
No era ningún secreto que las nuevas normas se habían elaborado para castigar a Alemania.
El alto costo de las reparaciones y los crueles esfuerzos por aplastar la milicia, industria y espíritu de los alemanes, se sincronizaron de manera perfecta para alzar la figura del carismático Hitler y su Partido Nazi.
Fuertes reparaciones, industrias desmanteladas y un grave desarme a raíz de tal derrota significaron que Alemania nunca pudiera alcanzar el estatus de potencia mundial.
Esto fue realizado a propósito.
Algunos de los vencedores de la Primera Guerra Mundial, especialmente del gobierno francés, deseaba castigar a Alemania por su papel en el inicio de la guerra y debilitamiento permanente de la nación para que nunca volviera a recurrir a tal agresividad.
El plan no resultó de acuerdo a lo esperado.
Atribuir colectivamente la culpa al pueblo alemán por las elecciones de sus líderes en la Primera Guerra Mundial dejó a sus ciudadanos abatidos y humillados.
Allanó el camino para un estado autoritario.
Hitler y su Partido Nazi fueron capaces de llegar al poder en parte debido a que se aprovecharon de la desesperación y fragilidad de los ciudadanos alemanes que habían resultado perjudicados como nación después de 1919.
La gente sentía la ansiedad de encontrar a alguien que culpar por tales perjuicios y pérdidas.
Líderes con altos niveles de carisma podían obtener poder canalizando el prejuicio existente y generalizado y el odio en contra de los judíos, comunistas y otros grupos.
Dicho espectáculo aludía a los corazones de la otrora orgullosa y poderosa nación.
Añoraban los días perdidos de gloria e imaginaban un futuro incluso más impresionante al anterior.
Imperio y colonialismo
Una segunda continuidad entre las dos guerras fue la importancia del imperio.
Tanto en 1914-1918 como en 1939-1945, los imperios europeos reclutaron a millones de soldados en todo el mundo para luchar por sus estados en los campos de batalla de cuatro continentes.
Decenas de millones de no europeos lucharon por sus colonizadores europeos y sacrificaron sus vidas en esta larga guerra.
Millones de sobrevivientes fueron afectados por la conmoción política y económica causada por la masacre.
Los soldados no fueron los únicos perjudicados. Los civiles de todo el mundo también participaron en la larga guerra, motivados por el imperio, las alianzas y el nacionalismo.
Así como las rivalidades industriales, militares y coloniales se esparcían por todo el mundo, también lo hacía una peligrosa hambre de soberanía.
Las naciones tomaron decisiones que les valieron papeles centrales en la obra dramática más catastrófica de agresión humana en la historia.
Japón entre las dos guerras
El estado japonés tenía un imperio muy pequeño cuando se unió a las fuerzas de las potencias de la Entente en contra de Alemania y el Imperio austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial.
Como consecuencia, Japón amplió su esfera de influencia sobre China. También capturó las colonias alemanas en Asia y tomó el control de muchas rutas marítimas del Pacífico (rutas comerciales).
Su imperio se encontraba en expansión, pero la economía japonesa aún deseaba más.
En la década de 1930, la política nacionalista en Japón se estaba volviendo cada vez más hacia el militarismo, el totalitarismo y la expansión.
Una escasez de materias primas en Japón impulsó a los industrialistas a exigir la expansión hacia nuevos mercados, en donde pudiesen también adquirir los materiales necesarios.
Para extender su esfera de influencia económica, Japón invadió y tomó posesión de China.
Los chinos recibieron un trato de súbditos coloniales conquistados.
Las masacres siguientes dieron como resultado la matanza de 400.000 chinos y la violación de decenas de miles de mujeres.
La agresión japonesa imitaba la agresión nacionalista de los alemanes en el escenario europeo.
Estos dos estados, en cada lado del planeta, pronto entenderían que tenían una real oportunidad de alcanzar sus metas si unían fuerzas.
La invasión de la Unión Soviética y los objetivos nazis
Adolf Hitler cambiaba con frecuencia su actitud hacia las grandes empresas, pero creo que su invasión de la URSS es algo que viene desde ya el final de la Primera Guerra Mundial.
Su aborrecimiento del bolchevismo era absolutamente visceral, pero esa idea estuvo influida también por la ocupación alemana de Ucrania en 1918 y la creencia de que podría convertirse en un gran granero en el futuro.
Asegurar ese territorio podría evitar que se repitiera el bloqueo británico y la consiguiente hambruna en Alemania que se dieron en la Primera Guerra Mundial.
Así que fue algo estratégico, pero también instintivo.
En realidad, el plan no se concretó en detalle hasta diciembre de 1940.
Curiosamente, Hitler justificó la invasión de la URSS ante sus generales como la única forma de sacar a Reino Unido de la guerra.
Si la Unión Soviética era derrotada, entonces los británicos no tendrían más remedio que rendirse, lo que era un análisis un tanto particular de la situación.
Todo el proyecto dependía de un rápido avance hasta la línea AA y, sobre todo, de la destrucción del Ejército Rojo mediante grandes sitios.
Algunos de estos sitios efectivamente tuvieron lugar.
Kiev, por ejemplo, resultó ser una de las mayores batallas en número de prisioneros capturados en la historia de la humanidad.
El tamaño del país significaba que la Wehrmacht y sus aliados rumanos y húngaros nunca tuvieron tropas suficientes para la conquista y ocupación de un territorio tan vasto.
Hitler nunca tuvo esto en cuenta.
“Patea la puerta y toda la estructura se derrumbará”, era la frase que seguía usando, pero subestimaba completamente el patriotismo de la mayoría del pueblo soviético, y su rabia y determinación de continuar la lucha.
No hay duda de que fue el momento decisivo de la guerra.
Un 80% de las bajas de la Wehrmacht se produjeron en el frente oriental; fue la Operación Barbarroja lo que quebró la columna vertebral del ejército alemán.
Qué guerra fue peor según el criterio utilizado
Si se mide por el número total de víctimas
La Segunda Guerra Mundial fue peor, porque provocó más muertes que la Primera Guerra Mundial y causó una destrucción humana de alcance mundial.
La Primera Guerra Mundial dejó 17 millones de personas muertas y otras 20 millones lastimadas, pero la Segunda Guerra Mundial fue incluso más mortífera y añadió millones de víctimas civiles y militares.
Si se mide por la proporción de civiles afectados
La Segunda Guerra Mundial fue claramente peor. La guerra incorporó el asesinato sistemático de poblaciones civiles, la persecución racial, los asedios prolongados, los bombardeos de ciudades, la explotación económica y los planes de hambre.
La invasión estuvo acompañada de abusos masivos contra los civiles soviéticos.
La población de las principales ciudades habría muerto de inanición según el Plan de Hambre alemán.
Si se mide por la experiencia del soldado
La Primera Guerra Mundial fue especialmente terrible por la permanencia en las trincheras, el barro, la artillería constante, los gases y la repetición de ofensivas que apenas modificaban las líneas del frente.
Verdún, el Somme y la ofensiva Brusilov muestran cómo cientos de miles de soldados podían morir o resultar heridos sin que el resultado estratégico correspondiera al coste humano.
Si se mide por la naturaleza de la violencia
La Segunda Guerra Mundial fue peor porque la violencia no se limitó a derrotar al ejército enemigo. En muchos territorios, la ocupación y la guerra formaron parte de proyectos políticos y raciales destinados a reorganizar la población, eliminar grupos enteros y someter sociedades completas.
La Segunda Guerra Mundial fue una guerra total en un sentido más amplio: movilizó ejércitos, industrias, economías, administraciones, propaganda y poblaciones civiles.
Si se mide por sus consecuencias históricas
Ambas guerras transformaron el mundo, pero de maneras diferentes.
La Primera Guerra Mundial desintegró imperios, agravó el nacionalismo, debilitó las estructuras políticas europeas y creó un ambiente favorable para el fascismo y el nazismo.
La Segunda Guerra Mundial destruyó el poder nazi, puso fin a la expansión militar de Alemania e Italia, debilitó los imperios europeos y configuró el escenario de la Guerra Fría.
El Reich de 1.000 años que Hitler prometió llegó a su fin al cabo de 12 años.
La Primera Guerra Mundial como origen de la segunda
Las continuidades entre la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial sugieren que la conclusión no satisfactoria del primer conflicto podría haber contribuido a la segunda.
Podemos cuestionarnos a nosotros mismos si el término de la Primera Guerra Mundial fue una oportunidad perdida para dar paso a una paz de larga duración.
Podemos preguntarnos si el año 1919 fue el momento en el que supuestamente debimos aprender a lidiar de manera más eficaz con el militarismo, el nacionalismo y la construcción de un imperio.
Pero al evaluar las preguntas históricas como estas, debemos ejercer cuidado.
Quedan preguntas más importantes en el tintero, como: ¿Fueron estas continuidades una consecuencia de los errores cometidos por la gente que negoció al término de la Primera Guerra Mundial? ¿O fueron el resultado de problemas más profundos que no tenían una solución sencilla?
La respuesta más precisa es que la Primera Guerra Mundial no fue simplemente un conflicto aislado que terminó en 1919. Sus pérdidas, tratados, resentimientos y crisis políticas contribuyeron al mundo en el que surgieron Hitler, el nazismo, el expansionismo japonés y la Segunda Guerra Mundial.