Criterios de selección de ejercicios en el entrenamiento funcional

La selección de ejercicios en el entrenamiento funcional debe partir de una pregunta concreta: ¿qué capacidad necesita mejorar la persona y para qué actividad debe utilizarla? Un ejercicio es funcional cuando responde a una necesidad real del sujeto que entrena, no cuando simplemente parece complejo o diferente.

El entrenamiento funcional es un enfoque cuyo objetivo es mejorar la capacidad del cuerpo para moverse de forma eficiente, segura y transferible, tanto en la vida diaria como en el deporte o en el propio entrenamiento. No se define por ejercicios concretos ni por el uso de materiales específicos, sino por el criterio con el que se seleccionan y organizan los estímulos.

Qué significa seleccionar ejercicios de forma funcional

Entrenar de forma funcional implica entender el cuerpo como un sistema integrado, en el que la fuerza, la estabilidad, la movilidad y el control motor actúan de manera conjunta para producir movimiento. El foco no está en aislar músculos, sino en coordinar segmentos, gestionar fuerzas y controlar el cuerpo en el espacio.

El entrenamiento funcional consiste en trabajar patrones de movimiento completos, respetando la biomecánica, las capacidades individuales y el contexto en el que ese movimiento debe aplicarse. Esto incluye acciones como empujar, tirar, sentarse, desplazarse, rotar o estabilizar el cuerpo frente a fuerzas externas.

El carácter funcional de un ejercicio no depende de si se realiza con pesas, autocarga o material específico, sino de su relación con el objetivo, el nivel y la realidad de la persona que entrena. El entrenamiento funcional no nació para “complicar” el ejercicio, sino para hacerlo más relevante y transferible.

El primer criterio: el objetivo de la persona

Cada movimiento o ejercicio están orientados a diferentes tareas y tienen un objetivo o meta. El entrenamiento funcional se centra en mejorar la capacidad del cuerpo para realizar actividades cotidianas y deportes específicos.

El objetivo puede ser mejorar la fuerza, la movilidad, la estabilidad, el equilibrio, la coordinación, la resistencia, la velocidad, la flexibilidad, la recuperación después de una lesión o la capacidad de realizar una tarea concreta. Los objetivos pueden variar desde la rehabilitación de una lesión específica hasta la mejora general de la movilidad y la funcionalidad.

El diseño de un programa de entrenamiento funcional debe ser individualizado, teniendo en cuenta las necesidades y objetivos específicos del paciente. Antes de iniciar un programa de entrenamiento funcional, es crucial realizar una evaluación exhaustiva del paciente.

Objetivos relacionados con la vida diaria

El entrenamiento funcional normalmente imita movimientos que realizamos en casa o en el trabajo diariamente. También nos ayuda a mejorar cómo realizamos esos movimientos diarios para que podamos alcanzar cosas que están en lo más alto del armario, o para que podamos coger o levantar a nuestros hijos más fácilmente.

Por ejemplo, la sentadilla es un ejercicio complejo que no solo se ve en competiciones de Powerlifting, sino que también tiene un objetivo en la vida diaria: levantarse y sentarse, o incluso levantarte del suelo después de caerte de repente.

Una mejor agilidad y mejores patrones de movimiento también permiten y motivan a la gente a realizar y comprometerse con actividades diversas que hacen que la vida sea más completa y divertida. Una mayor capacidad aeróbica y más fuerza también ayudan a que un día de trabajo de 8 horas se lleve mejor.

Objetivos deportivos

Para un deportista, por ejemplo, los ejercicios funcionales pueden incluir movimientos que replican los patrones específicos de su deporte. El entrenamiento funcional es importante para muchos deportes diferentes, ya que requieren movimientos que involucran múltiples grupos musculares y que necesitan coordinación, equilibrio, estabilidad y fuerza.

En el esquí alpino, el cuerpo del esquiador tiene que ser fuerte, estable y suficientemente capaz para conseguir pasar un recorrido a velocidad alta durante 2 minutos, con adrenalina e intensidad altas, a la vez que pueda aterrizar de forma segura después de hacer saltos de unos 50 metros o más.

El entrenamiento funcional de un esquiador alpino incluye de todo: desde ejercicios de fuerza pura hasta largas sesiones de resistencia, pasando por acrobáticos, parkour, entrenamiento de agilidad, gimnásticos, etc. El objetivo del entrenamiento funcional es también prevenir posibles caídas o accidentes, o intentar salvar al esquiador de lesionarse en el caso de una colisión.

Un futbolista podría beneficiarse de ejercicios de agilidad, cambios de dirección y fortalecimiento del CORE para mejorar su rendimiento y reducir el riesgo de lesiones en las extremidades inferiores a su vuelta de la lesión. El fútbol requiere movimientos rápidos y ágiles que involucran los músculos de las piernas, los glúteos, la espalda y el core.

El baloncesto requiere movimientos rápidos y explosivos que involucran los músculos de las piernas, los brazos, la espalda y el core. El entrenamiento funcional puede ayudar a mejorar la coordinación, la estabilidad y la fuerza necesarias para jugar al baloncesto.

El tenis requiere movimientos rápidos y explosivos que involucran los músculos de las piernas, los brazos, la espalda y el core. El entrenamiento funcional puede ayudar a mejorar la coordinación, la agilidad, la estabilidad y la fuerza necesarias para jugar al tenis.

Objetivos laborales y cotidianos

El entrenamiento funcional puede no ser igual para alguien que trabaja en un taller de coches, realizando movimientos de torsión, levantamiento de peso y mucho trabajo agachado, que para una persona que trabaje en un despacho, sentado frente al ordenador, cogiendo archivos de estanterías.

El entrenamiento funcional se enfoca en entrenar el cuerpo para realizar movimientos que son relevantes en nuestro día a día, ya sean laborables, deportivas o de otro tipo, en lugar de entrenar mediante movimientos aislados, que tienen poca transferencia a la vida real.

El segundo criterio: la transferencia

El principio que da sentido a todo lo anterior es la transferencia. El entrenamiento funcional debe mejorar la capacidad de la persona para rendir mejor en su contexto real, ya sea levantar cargas en su día a día, practicar deporte o entrenar con mayor eficiencia.

Esta transferencia no depende de que el ejercicio “se parezca” visualmente a la tarea final, sino de que comparta demandas biomecánicas, neuromusculares y coordinativas relevantes. Cuando este criterio se respeta, el entrenamiento funcional deja de ser genérico y se convierte en una herramienta altamente específica.

Un ejercicio funcional de fuerza es aquel que permite aplicar fuerza dentro de un patrón de movimiento completo, con control postural y transferencia real. No se trata de mover una carga en el vacío, sino de organizar el cuerpo para producir fuerza de forma eficiente.

Transferencia frente a imitación superficial

Entrenar de forma funcional no consiste en usar materiales concretos ni en realizar ejercicios llamativos. Consiste en entender cómo se mueve el cuerpo, para qué se mueve y en qué contexto se aplica ese movimiento.

El entrenamiento funcional se ha convertido en uno de los términos más utilizados y, a la vez, más malinterpretados dentro del mundo del fitness y el entrenamiento. Se habla de funcional para referirse a casi cualquier cosa: circuitos, inestabilidad, alta intensidad o entrenamientos “diferentes”, cuando en realidad el concepto es mucho más profundo y exigente desde el punto de vista metodológico.

Los ejercicios más utilizados en el functional training no lo son por ser novedosos, sino por su alto grado de transferencia. Movimientos como sentadillas, levantamientos, empujes, tracciones, transportes de carga o rotaciones controladas aparecen de forma recurrente porque reproducen demandas reales del movimiento humano.

El tercer criterio: seleccionar patrones de movimiento

El entrenamiento funcional se articula en torno a patrones de movimiento, no a músculos aislados. Estos patrones representan acciones básicas que el cuerpo humano utiliza de forma constante, tanto en la vida diaria como en el deporte: empujar, tirar, sentarse, bisagrar la cadera, desplazarse, rotar y estabilizar.

Patrón de movimientoFunción principalEjemplos prácticos
SentadillaDominio de rodillaSentadilla goblet, squat
Bisagra de caderaDominio de caderaPeso muerto, hip hinge
EmpujeProducción de fuerza anteriorPress, flexiones
TracciónProducción de fuerza posteriorRemo, dominadas
ZancadaEstabilidad unilateralLunges, step-ups
Rotación / antirotaciónControl del corePallof press, rotaciones
TransporteEstabilidad globalFarmer carry

Sentadilla

La sentadilla entrena el dominio de rodilla y se relaciona con acciones como sentarse y levantarse. Para realizar un squat completo, tu cuerpo tiene que ser suficientemente funcional para demostrar un nivel suficiente de equilibrio y flexibilidad para llegar con seguridad, y sentarse, a la posición de sentadilla profunda.

Pies separados al ancho de los hombros, puntas ligeramente hacia afuera (15-30º). Iniciar el movimiento llevando la cadera hacia atrás y abajo, como sentándose en una silla imaginaria.

Mantener el pecho erguido, la espalda recta (curvatura natural) y el core activado. Bajar hasta que los muslos estén paralelos al suelo o más profundo si la movilidad lo permite, asegurándose de que las rodillas sigan la línea de los pies (hacia afuera, no hacia adentro).

Empujar a través de todo el pie para volver a la posición inicial. Una sentadilla asistida, una sentadilla a una caja o silla y una sentadilla profunda son variantes que permiten ajustar la dificultad según la movilidad y el control de la persona.

Bisagra de cadera

La bisagra de cadera es el patrón principal del peso muerto, el puente de glúteo y el kettlebell swing. El peso muerto con kettlebell es excelente para aprender el patrón de bisagra de cadera de forma segura antes de progresar al swing.

De pie, con la KB entre los pies. Realizar una bisagra de cadera (cadera atrás, espalda recta, ligera flexión rodillas) para agarrar el asa. Levantar extendiendo caderas y rodillas, manteniendo la espalda recta. Bajar controladamente.

El Kettlebell Swing es un ejercicio fundamental pero requiere un dominio previo del patrón de Hinge. No se recomienda para principiantes absolutos hasta que la bisagra de cadera sea sólida para evitar lesiones lumbares.

Empuje

Los ejercicios de empuje pueden organizarse en el plano horizontal o vertical. Las flexiones, el press de hombros y el press de banca permiten trabajar la producción de fuerza anterior, siempre que el tronco mantenga una adecuada estabilidad.

Colocar las manos ligeramente más anchas que los hombros, apoyar las rodillas en el suelo. Mantener el cuerpo en línea recta desde las rodillas hasta la cabeza (evitar que la cadera se caiga o se eleve).

Bajar el pecho hacia el suelo flexionando los codos (manteniéndolos relativamente cerca del cuerpo o a 45º). Empujar hacia arriba hasta extender los brazos. La progresión puede comenzar con flexiones en la pared, continuar con flexiones inclinadas y llegar a la flexión completa sobre los pies.

Tracción

Los ejercicios de tracción desarrollan la producción de fuerza posterior y pueden incluir remos, dominadas, face pulls y band pull-aparts. En el tren superior, el enfoque funcional se centra en empujes y tracciones realizados con una correcta integración del tronco.

Sujetar firmemente los lados del marco de una puerta abierta. Inclinar el cuerpo hacia atrás manteniendo una línea recta desde los talones hasta la cabeza, con los brazos extendidos.

Tirar del cuerpo hacia el marco de la puerta, juntando los omóplatos y llevando el pecho hacia las manos. Controlar el regreso a la posición inicial.

Zancada y trabajo unilateral

La zancada desarrolla la estabilidad unilateral y reproduce situaciones en las que el cuerpo debe controlar la carga con una pierna dominante o durante un desplazamiento.

De pie, dar un paso largo hacia atrás con una pierna. Bajar la cadera hasta que ambas rodillas formen ángulos de aproximadamente 90 grados.

La rodilla trasera debe acercarse al suelo sin tocarlo, y la rodilla delantera debe permanecer alineada sobre el tobillo. Mantener el torso erguido y el core activado.

La progresión puede organizarse desde una zancada asistida y una zancada estática hasta una zancada adelante o una zancada caminando.

El trabajo unilateral cobra especial importancia, ya que introduce demandas de estabilidad y control que reflejan mejor las situaciones reales de movimiento. Ejercicios como zancadas, step-ups o variantes a una pierna permiten desarrollar fuerza funcional en el tren inferior sin necesidad de grandes cargas externas.

Rotación y antirotación

Los movimientos funcionales ocurren en los tres planos del movimiento: sagital (delante-detrás), frontal (lateral) y transversal (rotación). La rotación y la antirotación permiten controlar fuerzas que intentan girar el tronco.

Para esta función, serán muy útiles realizarlos con polea o trabajo con bandas elásticas. Con ello, trabajaremos el factor estabilizador del CORE en rotaciones del tronco, de forma controlada, activando de forma activa la musculatura.

Transporte y locomoción

El transporte de cargas exige estabilidad global y coordinación entre el tren inferior, el tronco y el tren superior. Sujetar una KB (o dos) a los lados del cuerpo como si fueran maletas pesadas.

Caminar manteniendo una postura erguida, hombros atrás y core apretado. Excelente para fuerza de agarre, core y postura.

La locomoción puede incluir bear crawls, farmer walks, sled pushes y burpees. Una sola clase no necesita cubrir los siete patrones, pero todos deben aparecer dentro de un ciclo semanal.

El cuarto criterio: integración multiarticular

Uno de los rasgos distintivos del entrenamiento funcional es el predominio del trabajo multiarticular, donde intervienen varias articulaciones y grupos musculares de forma coordinada. Este enfoque no solo aumenta la eficiencia del entrenamiento, sino que reproduce mejor las demandas reales del movimiento humano.

A diferencia del trabajo analítico, el entrenamiento funcional exige que el cuerpo gestione fuerzas internas y externas de manera simultánea, integrando estabilidad y producción de fuerza en un mismo gesto.

Los ejercicios funcionales combinan múltiples articulaciones y grupos musculares mediante movimientos compuestos. Por ejemplo, una sentadilla con press de hombros involucra tanto los músculos de las piernas como los del tronco superior.

Para coger un vaso de una mesa, no sólo utilizas una flexión de codo, sino que necesitas que tu CORE se active, tu cintura escapular se active, tu hombro se active y se estabilice, que bíceps, tríceps y musculatura del antebrazo y los dedos trabajen coordinados para coger ese vaso y acercarlo, de la manera más estable, eficaz y eficiente hacia el lugar que quieras trasladarlo.

Por tanto, no sólo es necesario entrenar el curl de bíceps, sino el movimiento en sí, para entrenar todas las interrelaciones existentes de todos esos músculos que intervienen en el movimiento. Y ser capaz de automatizarlo, sobre todo, para poder transferirlo a tu día a día con normalidad y sin esfuerzo.

El quinto criterio: fuerza, estabilidad y movilidad

En el entrenamiento funcional, la fuerza no se entiende como una cualidad aislada. Para que la fuerza sea útil, debe expresarse sobre una base de estabilidad suficiente y dentro de un rango de movilidad adecuado.

La falta de estabilidad compromete la transferencia de fuerza, mientras que una movilidad deficiente limita la calidad del movimiento. Por ello, el entrenamiento funcional busca equilibrar estas tres variables, adaptándolas al nivel y a las necesidades de cada persona.

Este equilibrio no se logra añadiendo ejercicios de forma aleatoria, sino organizando el estímulo con criterio. Antes de buscar rendimiento o volumen muscular, se debe trabajar la estabilidad de las articulaciones.

Una articulación estable permite moverse en todo su rango, sin dolor, sin compensaciones, y genera más seguridad al entrenar. Esto se traduce en mayor control del cuerpo, menor riesgo de lesiones y más transferencia a la vida real y al deporte.

Movilidad

El entrenamiento funcional incluye ejercicios que mejoran la flexibilidad y la movilidad de las articulaciones, lo que ayuda a prevenir lesiones y mejora la capacidad del cuerpo para realizar movimientos específicos.

Una mejor flexibilidad también contribuye a una mejor postura, mejor forma de caminar y de moverse alrededor de la casa, o de la ciudad en general.

Basándonos en el hecho de que la mayoría de nosotros nos pasamos la vida haciendo los mismos patrones de movimiento día tras día, también desarrollamos ciertas debilidades, como tendones y articulaciones rígidas.

Estabilidad

El entrenamiento funcional se enfoca en la estabilidad y el equilibrio, lo que mejora la capacidad del cuerpo para moverse con control y sin lesiones. Se utilizan ejercicios que mejoran la estabilidad de las articulaciones y los músculos para prevenir lesiones y mejorar la coordinación.

Muchas actividades cotidianas requieren una buena estabilidad y equilibrio. Los ejercicios funcionales a menudo se realizan en superficies inestables o usando equipos como pelotas de estabilidad para mejorar estas capacidades.

La introducción de superficies inestables no debe ser automática. Introducir inestabilidad, velocidad o carga sin control previo suele generar compensaciones que reducen la eficacia del estímulo y aumentan el riesgo de lesión.

El sexto criterio: control motor y calidad técnica

El control motor se refiere a la capacidad del sistema nervioso para coordinar el movimiento de forma eficiente, ajustando la activación muscular, la postura y el timing del gesto.

Un entrenamiento funcional bien planteado prioriza la calidad del movimiento sobre la cantidad de repeticiones o la complejidad del ejercicio. La calidad del movimiento siempre debe preceder a la cantidad de peso levantado o al número de repeticiones realizadas.

Una técnica deficiente no solo es ineficaz, sino que aumenta significativamente el riesgo de lesión. Es preferible hacer menos repeticiones o usar menos peso, o ninguno, con buena técnica, que más con mala forma.

La prioridad número uno debe ser aprender y dominar la ejecución correcta de los patrones básicos de movimiento. Filmarse puede ayudar a autocorregir.

Control del core

El entrenamiento funcional presta especial atención al fortalecimiento del core, ya que se reconoce como el centro del cuerpo más importante para que el resto de movimientos se lleven a cabo de manera estable, eficaz y eficiente.

El CORE es una entidad de carácter funcional empleada de forma habitual para hablar de una serie de estructuras de distinta índole, músculo, ligamentos y tendones, localizadas en la zona central del cuerpo, que cumplen una función conjunta, la de dar estabilidad.

Este grupo abarca la columna vertebral, articulación sacroiliaca y coxofemoral. También abarca el oblicuo recto, transverso del abdomen, multífidos, cuadrado lumbar, suelo pélvico y diafragma.

En el entrenamiento funcional del CORE debe prevalecer la función estabilizadora a la función motora, que hace de freno y no de acelerador del movimiento.

Anti-extensión, anti-flexión lateral y antirotación

Los ejercicios principales que trabajan la función anti-extensión del CORE son la plancha frontal y los ejercicios de CORE con rueda abdominal. En torno a estos se plantearán diversas variantes atendiendo al grado de dificultad, añadiendo si es necesario elementos externos como el bosu o el TRX.

La plancha puede realizarse apoyando los antebrazos en el suelo con los codos directamente debajo de los hombros. Se deben extender las piernas hacia atrás, apoyándose en las puntas de los pies o en las rodillas para una regresión.

Se debe mantener el cuerpo en una línea recta desde la cabeza hasta los talones o rodillas. Apretar activamente el core y los glúteos. Evitar que la cadera se caiga o se eleve excesivamente.

La función anti-flexión lateral puede trabajarse mediante la plancha lateral. La dificultad puede modificarse añadiendo elementos externos.

La función antirotación puede entrenarse con el Pallof press, poleas o bandas elásticas. El Pallof press con banda es excelente para la estabilidad anti-rotación del core.

El séptimo criterio: nivel de experiencia y capacidad actual

La selección de ejercicios debe ajustarse al nivel de acondicionamiento de la persona. El nivel de acondicionamiento del paciente determinará la intensidad y complejidad de los ejercicios.

La variabilidad involucra una amplia gama de movimientos y ejercicios que pueden ser adaptados según las necesidades y capacidades de cada persona. El entrenamiento funcional no es un método cerrado, sino un marco flexible que condiciona la selección de ejercicios, la progresión y la forma de planificar.

Regresiones y progresiones

La progresión puede realizarse añadiendo repeticiones o series, reduciendo los tiempos de descanso, introduciendo variaciones ligeramente más complejas del ejercicio o, eventualmente, añadiendo una resistencia externa ligera.

Es fundamental no tener prisa y consolidar cada nivel antes de avanzar. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse. Dominar los básicos antes de añadir complejidad o carga significativa.

Para atender diferentes niveles de fitness en una clase se puede utilizar un sistema de tres niveles de dificultad:

  • Nivel 1: enfoque en calidad de movimiento, peso reducido o variante simplificada.
  • Nivel 2: ejecución estándar con peso moderado.
  • Nivel 3: mayor complejidad, más peso o ejecución más explosiva.

Muestra siempre tres variantes: una fácil, una intermedia y una avanzada. Los nuevos participantes siempre empiezan en el Nivel 1.

Ejemplos de regresión y progresión

En la flexión, la progresión puede comenzar en la pared, continuar con una superficie elevada y llegar a la flexión completa sobre los pies.

En la plancha, la progresión puede organizarse desde la plancha de rodillas hasta la plancha de manos, la plancha lateral o una variante con movimiento, como el toque de hombro.

En el remo en puerta, se puede ajustar el ángulo del cuerpo: más vertical es más fácil, más horizontal es más difícil.

En la estabilidad del tobillo, la progresión puede comenzar con ejercicios de equilibrio básico, como ponerse a la pata coja, continuar sobre una superficie inestable y avanzar hacia movimientos dinámicos, como saltos laterales y cambios de dirección.

El octavo criterio: selección del equipamiento

El entrenamiento funcional no tiene por qué ir acompañado de material técnico o herramientas para realizarse. Una simple sentadilla o una zancada, o un press de hombros levantando dos botellas de agua, puede ser suficiente para realizar un entrenamiento funcional de calidad.

Todo va a depender del planteamiento que hagamos de ese entrenamiento, en base a objetivos y estado del paciente. Un ejercicio funcional con pesas no deja de ser funcional por el hecho de utilizar carga externa.

Bandas elásticas

Las bandas elásticas son herramientas muy versátiles, portátiles, económicas y permiten ajustar fácilmente la resistencia. Son ideales para ejercicios de tracción y anti-rotación.

El Band Pull-Apart fortalece la parte alta de la espalda y mejora la postura. La sentadilla con banda permite mantener tensión hacia afuera contra la banda para activar los glúteos y prevenir el valgo de rodilla.

El Pallof Press con banda se realiza anclando la banda a un punto fijo a la altura del pecho. Es excelente para la estabilidad anti-rotación del core.

Kettlebells

Las kettlebells ligeras tienen un centro de masa desplazado que las hace ideales para movimientos balísticos, mejoran la fuerza de agarre, la potencia de cadera y la estabilidad del core.

El Goblet Squat con kettlebell consiste en sujetar la KB por los cuernos pegada al pecho. El peso frontal ayuda a mantener una buena postura y profundidad.

El Farmer’s Carry con kettlebell es excelente para fuerza de agarre, core y postura. Las kettlebells permiten movimientos naturales y son excelentes para trabajar en la estabilidad y la coordinación.

Balones medicinales

Los balones medicinales ligeros permiten introducir trabajo de potencia y rotación de forma segura y dinámica. Mejoran la fuerza explosiva y la coordinación del core.

El Overhead Slam consiste en elevar el balón por encima de la cabeza extendiendo el cuerpo y lanzarlo con fuerza hacia el suelo justo delante de los pies, usando todo el cuerpo, especialmente el core y los dorsales.

El Rotational Throw trabaja la potencia rotacional del core. El Chest Pass trabaja la potencia de empuje horizontal.

TRX, suspensión y superficies inestables

El entrenamiento en suspensión, como el TRX, permite realizar ejercicios que utilizan el peso corporal como resistencia. Es ideal para trabajar la fuerza, la estabilidad y la flexibilidad en un solo movimiento, como son las tracciones.

Las pelotas de estabilidad y BOSU son excelentes para trabajar el equilibrio y la estabilidad, tanto en miembros superiores como inferiores. También pueden utilizarse para una variedad de ejercicios que desafían el CORE y mejoran la coordinación.

El noveno criterio: seguridad y prevención de lesiones

El entrenamiento funcional contribuye a la prevención de lesiones al mejorar el control del movimiento, la capacidad de absorber y redirigir fuerzas y la tolerancia del tejido a distintas demandas mecánicas.

Es importante subrayar que el entrenamiento funcional no elimina el riesgo de lesión, pero sí mejora la capacidad del cuerpo para enfrentarse a él. El riesgo se ve influido por factores como la experiencia del practicante, la calidad de la supervisión, la selección de ejercicios y la gestión de la fatiga.

La prevención de lesiones no consiste en evitar cualquier esfuerzo, sino en seleccionar estímulos adecuados, controlar la técnica y progresar de forma coherente.

Calentamiento y enfriamiento

Toda sesión debe comenzar con un calentamiento dinámico para preparar los músculos y articulaciones y finalizar con una fase de enfriamiento que puede incluir estiramientos estáticos suaves de los músculos trabajados.

Nunca se debe saltar el calentamiento. Prepara los tejidos para el esfuerzo, mejora el rango de movimiento y reduce la probabilidad de tirones o desgarros.

El calentamiento puede incluir círculos de brazos y piernas, rotaciones de tronco suaves, sentadillas sin peso, gateos y caminatas ligeras. Si la parte principal incluye sentadillas, las sentadillas sin peso y ejercicios de movilidad de cadera van en el calentamiento.

El enfriamiento puede incluir estiramientos estáticos suaves, manteniendo la posición 20-30 segundos, para los principales grupos musculares trabajados, o dedicar tiempo a la movilidad con foam roller si se dispone de él.

Dolor, fatiga y descanso

Es vital aprender a interpretar las señales del cuerpo. Se debe diferenciar entre la molestia muscular normal post-ejercicio y el dolor agudo, que es una señal de alarma para detener la actividad.

El dolor agudo, punzante o articular durante un ejercicio es una señal para detenerse inmediatamente. Las agujetas, una molestia muscular generalizada que aparece 24-48h después del ejercicio, son normales al principio, pero no deben ser incapacitantes.

Nunca se debe entrenar sintiendo dolor. El descanso adecuado es parte esencial del proceso de adaptación y recuperación.

Los músculos se reparan y fortalecen durante los períodos de descanso, no durante el entrenamiento. Asegurar un sueño adecuado y programar días de descanso completos entre sesiones de fuerza es crucial.

El décimo criterio: rehabilitación y readaptación

El concepto de functional training tiene su origen en el ámbito de la rehabilitación y la readaptación, donde el objetivo principal era recuperar la capacidad de realizar tareas básicas con autonomía y seguridad.

Cuando nos lesionamos, nuestro mayor objetivo es recuperarnos del todo y volver a tener el cuerpo que teníamos, además de la capacidad de realizar movimientos que con tanta facilidad realizábamos antes del accidente.

Ese plan de entrenamiento está repleto de ejercicios que incorporan todo tipo de movimientos que trabajan desde la fuerza muscular hasta la estabilidad articular, pasando por el equilibrio y la flexibilidad.

Evaluación inicial

La evaluación inicial incluye la evaluación de la postura, el rango de movimiento, la fuerza, la estabilidad y los patrones de movimiento con los que partimos previamente.

Esta evaluación permite al fisioterapeuta identificar áreas de debilidad o disfunción y diseñar un programa personalizado, en base a ello. Es fundamental considerar cualquier limitación o precaución médica para evitar ejercicios que puedan exacerbar una condición existente.

En cada disciplina deportiva el deportista va a estar sometido a fuerzas diversas y específicas, por tanto se deberá emplear el test que se adapte más a cada deporte, para objetivizar más la evaluación y poder obtener mejores resultados.

Ejemplo de adaptación después de una lesión

En el caso de un paciente que ha sufrido una lesión de rodilla, el entrenamiento funcional puede incluir ejercicios como sentadillas asistidas, pasos laterales y trabajo con bandas de resistencia para mejorar la estabilidad de la rodilla.

Además, se pueden incorporar ejercicios de equilibrio en una pierna y movimientos de rotación para asegurar que la rodilla sea capaz de soportar los desafíos de la vida diaria, como andar por terrenos irregulares o cambios de dirección bruscos.

Para un paciente con dolor lumbar crónico, un programa de entrenamiento funcional podría incluir ejercicios de fortalecimiento del CORE, movimientos de control motor, ejercicios de movilidad y ejercicios de estiramiento.

  • Gato-camello: para trabajar la movilidad de la columna.
  • Puente de Glúteos: para fortalecer la musculatura del core y los glúteos.
  • Plancha Abdominal: para mejorar la estabilidad del core.
  • Ejercicios de Rotación Controlada: para mejorar la movilidad y reducir la rigidez lumbar.
  • Estiramientos de la Cadena Posterior: para aliviar la tensión en la espalda baja.

El undécimo criterio: capacidad de adaptación

El entrenamiento funcional tiene mucha capacidad de variación y juego, pudiendo ser modificado para adaptarse a los diferentes niveles de condición física y a las necesidades específicas de cada persona.

A medida que el paciente progresa, el programa de entrenamiento funcional debe adaptarse para continuar desafiando al cuerpo y promoviendo mejoras. Esto puede incluir aumentar la resistencia, incorporar movimientos más complejos o variar la velocidad de ejecución de los ejercicios.

La adaptación también debe tener en cuenta la edad, la experiencia, la actividad laboral, el deporte practicado, las limitaciones médicas y la tolerancia al esfuerzo.

Para los pacientes mayores o aquellos con condiciones crónicas, el entrenamiento funcional puede mejorar significativamente la calidad de vida. Al enfocarse en movimientos que facilitan las actividades diarias, como levantarse de una silla, subir escaleras o llevar objetos pesados de un punto a otro, además de promover la independencia.

Un programa de entrenamiento funcional para adultos mayores podría incluir ejercicios como levantarse de una silla sin usar las manos, caminar sobre superficies inestables y movimientos de rotación controlados para mejorar la movilidad en su día a día.

El duodécimo criterio: progresión de la carga

El avance debe ser paulatino. A medida que se domina la técnica y mejora la condición física, se puede incrementar gradualmente la dificultad, ya sea añadiendo repeticiones o series, reduciendo los tiempos de descanso, introduciendo variaciones ligeramente más complejas del ejercicio o, eventualmente, añadiendo una resistencia externa ligera.

En el entrenamiento funcional tienes cuatro palancas para aumentar la carga:

  • Volumen: más repeticiones, más series o intervalos de trabajo más largos.
  • Intensidad: más peso, mayor tempo o descansos más cortos.
  • Complejidad: de superficies estables a inestables, de bilateral a unilateral y de aislado a combinado.
  • Densidad: más trabajo en menos tiempo.

La intensidad requiere técnica limpia como prerrequisito. La complejidad solo debe aumentar cuando la persona mantiene el control del patrón.

Ejemplo de progresión de la sentadilla

  • Semana 1-2: Air Squat, 3x12 repeticiones, 60 segundos de descanso.
  • Semana 3-4: Goblet Squat ligero, 3x10, 60 segundos de descanso.
  • Semana 5-6: Goblet Squat más pesado, 4x10, 45 segundos de descanso.
  • Semana 7-8: Goblet Squat + variante unilateral en superserie, 3x8+6 por lado.

El decimotercer criterio: estructura de la sesión

Para principiantes, la simplicidad y la consistencia son clave en la programación. Las rutinas de cuerpo completo son generalmente la mejor opción para principiantes.

Entrenar todo el cuerpo en cada sesión asegura que todos los patrones de movimiento principales se trabajen con suficiente frecuencia, 2-3 veces por semana, para promover el aprendizaje motor y las adaptaciones iniciales.

Fase 1: calentamiento y movilidad

Una sesión típica de entrenamiento funcional dura de 45 a 60 minutos. El calentamiento y la movilidad pueden ocupar 8-12 minutos.

El calentamiento prepara cuerpo y mente para el entrenamiento. Comienza con activación general, cardio ligero como jumping jacks, saltar la cuerda o trotar, seguido de estiramiento dinámico y preparación específica del movimiento.

Fase 2: trabajo técnico y fuerza

Esta fase se centra en ejercicios técnicamente exigentes a intensidad moderada. Los participantes trabajan en ganar fuerza con movimientos controlados.

Típicamente se realizan 3-4 series de 6-12 repeticiones. La calidad técnica tiene prioridad sobre el peso y la velocidad.

Fase 3: acondicionamiento

La parte de acondicionamiento activa el sistema cardiovascular. Los formatos de circuito, AMRAP o EMOM funcionan bien aquí.

La intensidad es alta, pero la selección de ejercicios solo incluye movimientos que los participantes ya dominan técnicamente.

Un plan de entrenamiento funcional debería estar diseñado de tal manera que también ayude al atleta, o a cualquiera, a desarrollar un nivel básico de capacidad aeróbica y resistencia.

Fase 4: enfriamiento y flexibilidad

El enfriamiento puede durar 5-8 minutos e incluir estiramiento estático, foam rolling o ejercicios de respiración. Esta fase a menudo se descuida pero es crucial para la recuperación y la movilidad.

El decimocuarto criterio: frecuencia y recuperación

La adaptación fisiológica requiere un estímulo regular. Es más beneficioso entrenar de forma moderada 3 o 4 veces por semana que realizar sesiones extenuantes de forma esporádica.

Para principiantes, se recomienda entrenar de 2 a 4 días por semana. Esto permite suficiente estímulo para la adaptación y tiempo adecuado para la recuperación muscular y del sistema nervioso.

Una rutina típica para principiantes puede seleccionar 4-6 ejercicios funcionales que cubran los patrones principales: un ejercicio de squat, uno de hinge o puente, uno de push, uno de pull, uno de lunge y uno de core o carry.

Se pueden realizar 2-3 series de 8 a 15 repeticiones por ejercicio. El rango de repeticiones más alto, 12-15, es adecuado para aprender la técnica y construir resistencia muscular inicial. Se recomienda descansar entre 60 y 90 segundos entre series.

El decimoquinto criterio: organización semanal

Una sola clase no necesita cubrir los siete patrones. Sin embargo, todos deben aparecer dentro de un ciclo semanal.

FrecuenciaOrganización posible
Dos clases por semanaClase A: sentadilla, empuje, rotación y locomoción. Clase B: bisagra, tracción, zancada y locomoción.
Tres clases por semanaRotación de patrones o agrupación por enfoque: tren superior, tren inferior y cuerpo completo.
Tres o cuatro sesionesTrabajo moderado y regular con recuperación suficiente entre sesiones.

La consistencia y la regularidad permiten consolidar los patrones y observar la progresión. El principio de reversibilidad indica que los beneficios del entrenamiento se pierden si no se mantiene una cierta regularidad.

El decimosexto criterio: periodización

La periodización significa organizar la oferta de clases en bloques de entrenamiento. En lugar de planificar cada semana de forma aislada, se piensa en ciclos de cuatro a ocho semanas.

Un mesociclo de cuatro semanas puede organizarse de la siguiente forma:

  • Semana 1, introducción: introducir nuevos ejercicios, establecer técnica e intensidad moderada.
  • Semana 2, construcción: aumentar ligeramente el volumen y subir pesos.
  • Semana 3, pico: máxima intensidad y volumen del ciclo.
  • Semana 4, descarga: carga reducida, recuperación activa y movilidad.

La descarga en la semana 4 no es una señal de debilidad. Es una herramienta estratégica que permite al cuerpo procesar y adaptarse.

Los ciclos pueden organizarse en torno a un tema central: bases de fuerza, atletismo y potencia, resistencia y acondicionamiento, o movilidad y estabilidad.

El papel del entrenamiento funcional de alta intensidad

El entrenamiento funcional de alta intensidad se caracteriza por el uso sistemático de movimientos globales, multiarticulares y realizados en distintos planos de movimiento, combinando demandas neuromusculares, metabólicas y coordinativas dentro de una misma sesión.

Su principal aportación no radica únicamente en la intensidad del esfuerzo, sino en la integración de movimientos funcionales, multimodales y ejecutados a una intensidad relativa elevada.

Este tipo de entrenamiento puede inducir adaptaciones simultáneas en múltiples dominios de la condición física, incluyendo capacidad cardiorrespiratoria, fuerza muscular, potencia, resistencia muscular y composición corporal.

Sin embargo, la intensidad no debe sustituir a la técnica. La selección de ejercicios de alta intensidad debe limitarse a movimientos que los participantes ya dominan técnicamente.

En poblaciones clínicas, el entrenamiento funcional de alta intensidad puede ser una herramienta terapéutica eficaz cuando está correctamente individualizado y supervisado. La adaptación, progresión y evaluación previa son imprescindibles.

Los datos disponibles indican que las tasas de lesión son comparables a las de otras modalidades ampliamente aceptadas, como la carrera recreativa o los deportes colectivos. No obstante, el riesgo no es inexistente.

Qué ejercicios elegir según el perfil de la persona

Para una persona principiante

El peso corporal es la herramienta inicial perfecta para aprender los patrones de movimiento fundamentales sin necesidad de equipamiento.

  • Sentadilla con el peso corporal.
  • Zancada asistida o estática.
  • Flexión en la pared o inclinada.
  • Plancha de rodillas.
  • Puente de glúteo.
  • Perro de caza.
  • Remo en puerta con un ángulo sencillo.

La selección debe priorizar la técnica correcta, la estabilidad y la comprensión del patrón antes de añadir velocidad, inestabilidad o carga.

Para mejorar la fuerza

Los ejercicios de fuerza funcional priorizan la coordinación entre segmentos corporales. La dificultad no reside únicamente en la carga externa, sino en la exigencia de mantener la calidad del movimiento bajo tensión.

  • Sentadilla goblet.
  • Peso muerto con kettlebell.
  • Remo.
  • Press.
  • Farmer carry.
  • Zancadas y step-ups.

La progresión no vendrá solo de añadir peso, sino de mejorar la estabilidad, ampliar el rango de movimiento útil o aumentar la complejidad del patrón sin perder control.

Para mejorar la movilidad y la flexibilidad

Una rutina de entrenamiento funcional para mejorar la fuerza y la flexibilidad debe incluir ejercicios que trabajen múltiples grupos musculares, promuevan la estabilidad y el equilibrio y se realicen en diferentes planos de movimiento.

  • Movilidad articular.
  • Gato-camello.
  • Puente de glúteos.
  • Rotaciones controladas.
  • Estiramientos de la cadena posterior.
  • Sentadillas con el rango permitido por la movilidad.

Para mejorar el equilibrio y la estabilidad

La estabilidad y el equilibrio pueden desarrollarse mediante ejercicios unilaterales, transportes de carga, planchas, trabajo antirotacional y progresiones sobre superficies estables antes de introducir superficies inestables.

La gente que tiene buena agilidad es capaz de reaccionar antes de darse fuerte contra el suelo y se salva agarrándose de la valla, o consigue volver al equilibrio de una forma o de otra.

Para mejorar la resistencia

El entrenamiento funcional trata de hacer el acondicionamiento más divertido y atractivo usando diferentes ejercicios con poco o nada de peso, combinándolos en sets de 3+ con la mayor cantidad de repeticiones.

En general, un plan de entrenamiento funcional debería estar diseñado de tal manera que también ayude al atleta, o a cualquiera, a desarrollar un nivel básico de capacidad aeróbica y resistencia.

Errores frecuentes al seleccionar ejercicios

Elegir ejercicios por su apariencia

Un ejercicio no es funcional porque sea novedoso, difícil o visualmente llamativo. El entrenamiento funcional no consiste en realizar ejercicios complejos por el simple hecho de que parezcan atléticos.

Desde esta perspectiva, un ejercicio es funcional cuando responde a una necesidad real del sujeto que entrena. Si no existe relación con el objetivo, el nivel o el contexto de la persona, la complejidad no aporta necesariamente más valor.

Confundir inestabilidad con funcionalidad

Los ejercicios funcionales a menudo se realizan en superficies inestables o usando equipos como pelotas de estabilidad para mejorar estas capacidades, pero la inestabilidad no debe utilizarse sin una finalidad concreta.

Introducir inestabilidad, velocidad o carga sin control previo suele generar compensaciones que reducen la eficacia del estímulo y aumentan el riesgo de lesión.

Priorizar la intensidad sobre la técnica

El foco absoluto en la técnica debe ser la prioridad número uno. La calidad del movimiento siempre debe preceder a la cantidad de peso levantado o al número de repeticiones realizadas.

La intensidad relativa elevada puede ser útil, pero no debe convertir un patrón mal ejecutado en el centro de la sesión.

Seleccionar ejercicios sin valorar la transferencia

Un ejercicio puede ser excelente en un contexto y poco apropiado en otro. No será igual el entrenamiento funcional del CORE en un jugador de pádel, que en un futbolista, que en un trabajador que pasa ocho horas diarias sentado en una mesa de oficina.

Por ello, surge la necesidad de hacer una correcta evaluación para poder optimizar el tratamiento y obtener el mayor rendimiento posible.

Confundir funcionalidad con exclusión de máquinas

A diferencia del entrenamiento de fitness donde se emplean máquinas y se aíslan determinados músculos, el entrenamiento funcional busca fortalecer o enfocarse en determinados movimientos funcionales que se centren en el core y su desarrollo para hacerlo crecer: control, fuerza y estabilidad.

Sin embargo, el entrenamiento funcional no se define por eliminar máquinas o introducir materiales alternativos, sino por estructurar el entrenamiento en torno a movimientos con sentido, progresión lógica y control de la carga.

Supervisión profesional

Con todo esto en mente, el entrenamiento fitness funcional necesita ser enseñado por un coach o un experto que entienda la técnica y la finalidad de ciertos ejercicios.

No dudar en pedir ayuda es fundamental. Si existen dudas sobre la técnica de un ejercicio, o si se experimenta dolor persistente, es fundamental consultar a un profesional cualificado, como un fisioterapeuta o un entrenador personal certificado.

Ellos pueden evaluar el movimiento, corregir la técnica y adaptar el programa si es necesario. El criterio profesional es más importante que el método en sí.

En conjunto, el entrenamiento funcional representa un enfoque flexible, eficiente y potencialmente aplicable a una amplia variedad de contextos, siempre que se base en criterios de individualización, progresión y supervisión profesional.

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