Concentración en el Estadio Nacional: memoria del mayor campo de prisioneros de 1973

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El Estadio Nacional de Chile, cuyo nombre oficial es Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, ocupa un lugar paradójico en la memoria colectiva del país. Por una parte, es el principal recinto deportivo nacional y un gran parque abierto a la comunidad; por otra, sus instalaciones fueron utilizadas como campo de concentración, tortura y muerte después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Desde entonces, el recinto es concebido como un lugar complejo y de múltiples significados. La historia cívica y comunitaria del Estadio Nacional cambió radicalmente ese día, cuando se convirtió durante varios meses en el recinto más grande de detención que existió al inicio de la dictadura militar.

Estadio Nacional de Chile y memorial de prisioneros

Un gran proyecto deportivo para Santiago

El Estadio Nacional fue diseñado por los arquitectos Ricardo Muller, Aníbal Fuentealba y Roberto Cormatches, funcionarios del Ministerio de Obras Públicas. La construcción, en tanto, fue realizada por la Empresa Salinas y Fabres.

El recinto fue inaugurado por el presidente Arturo Alessandri en 1938, en lo que eran los Campos de Sports de Ñuñoa. El Estadio Nacional es un gran parque abierto a la comunidad que, además, constituye el recinto deportivo más importante del país.

Este gran espacio de 58 hectáreas alberga diferentes áreas para la práctica de diferentes deportes. También fue emplazado en sesenta hectáreas entre las avenidas Grecia, Pedro de Valdivia, Marathon y Guillermo Mann.

Su capacidad era de 52 mil personas, y estaba constituido por una cancha profesional de fútbol y una pista de velódromo en su contorno. En un principio algunos criticaron su gran tamaño, denominándolo como “el elefante blanco”.

Sin embargo, rápidamente el Estadio acogió numerosos deportes, como el atletismo, el motociclismo y el ciclismo, congregando de esta forma a un público considerable. Fue además la cancha donde la Selección Chilena de Fútbol jugaba como local.

Estadio Nacional durante su inauguración en 1938

El recinto deportivo y cívico antes de 1973

El principal hito deportivo vivido por el recinto fue el Campeonato Mundial de Fútbol de 1962. El Estadio amplió su capacidad a 80 mil personas, siendo escenario de varios partidos, incluida la final entre Brasil y Checoslovaquia.

En 1962 también se registró un récord de público en el estadio: 85.268 personas asistieron al clásico universitario.

El recinto no fue utilizado únicamente para competiciones deportivas. Hacia finales de la década de los sesenta e inicios de los setenta, el centro deportivo albergó importantes actos políticos y culturales.

  • En 1968, se celebró el paso de la Reina Isabel de Inglaterra por Chile.
  • En 1968, tuvo lugar una multitudinaria celebración de los partidarios de la Unidad Popular, luego del triunfo presidencial de Salvador Allende.
  • En 1971, el líder cubano Fidel Castro pronunció un extensísimo discurso a sus partidarios.
  • En 1972, hubo un masivo homenaje al recién galardonado Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda.

En 1971, Salvador Allende también saludó a la gente desde un Ford descapotable en el Estadio Nacional, con motivo del primer aniversario del gobierno de la Unidad Popular.

En ese periodo, el Estadio Nacional reunía las funciones de escenario deportivo, espacio de celebración política, lugar de encuentro cultural y símbolo de la vida pública chilena.

Salvador Allende en el Estadio Nacional en 1971

La transformación del Estadio Nacional después del golpe

En septiembre de 1973, y luego de 35 años de servir al deporte, el Estadio Nacional se convirtió en campo de concentración y tortura de prisioneros políticos de la Unidad Popular.

Tras el golpe de Estado que Augusto Pinochet emprendió contra el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, en tan solo 10 días cerca de 7 mil personas fueron detenidas y encerradas en el Estadio Nacional.

Desde el 11 de septiembre hasta el 9 de noviembre de 1973, el Estadio Nacional de Chile fue utilizado como campo de concentración, tortura y muerte.

El principal espacio deportivo del país tuvo un lado oscuro, al transformarse en el mayor campo de prisioneros en 1973. Para 60 mil personas, fue el lugar donde se retuvo a miles de personas detenidas en diferentes circunstancias y zonas de Santiago.

Se calcula que fueron unas veinte mil personas quienes pasaron por allí, aunque las cifras varían según el periodo examinado y el organismo que realizó el registro.

Fecha u organismoCifra registrada
22 de septiembre de 1973, Cruz Roja7.000 detenidos, además de entre 200 y 300 extranjeros
13 de octubre de 1973, OEA6.000 detenidos
Exdirector de la DINA9.000 detenidos
Organismos de derechos humanosHasta 20.000 detenidos

Las diferencias entre las cifras responden a los distintos momentos de observación, los métodos de registro y las fuentes consultadas. El documental sobre el recinto señala que más de doce mil prisioneros políticos fueron detenidos allí sin cargos ni procesos, mientras que otras investigaciones y organismos de derechos humanos elevan la cifra hasta veinte mil personas.

Condiciones de encierro y distribución de los prisioneros

Los prisioneros debieron permanecer hacinados en baños y galerías, mal alimentados, además de ser interrogados y torturados.

Los prisioneros dormían en lugares como los vestidores y durante el día permanecían en las gradas. Reacondicionando toda la infraestructura deportiva del coliseo, las escotillas y camarines fueron destinados para el encierro de hombres y el sector de piscina para mujeres.

El Estadio estaba ahí, imponente, repleto de detenidos, asesinatos y toda clase de violación a los derechos humanos.

Las diversas instalaciones del estadio también fueron usadas para la detención, interrogatorios, tortura y asesinato de muchos de los detenidos y detenidas, como se señala en los informes finales de las comisiones Rettig y Valech.

Gradas y vestidores usados para prisioneros en 1973

Interrogatorios, torturas y ejecuciones

El velódromo, el llamado disco negro y la tribuna presidencial fueron usados como lugares de tortura e interrogatorio mediante corriente, golpes, violaciones y fusilamientos simulados.

Algunos de los detenidos murieron por las torturas sufridas en este lugar. Decenas fueron ejecutados en este recinto por los militares.

Los distintos testimonios de los sobrevivientes que pasaron por el Estadio hablan de torturas, miedo, incertidumbre y una violencia insospechada e impensada.

Desde el 11 de septiembre hasta el 9 de noviembre de 1973, miles de personas permanecieron detenidas sin cargos ni procesos en un recinto originalmente creado para el deporte y las concentraciones públicas.

El encapuchado del Estadio Nacional

En los relatos de los sobrevivientes se destaca una figura que los dejaba atónitos incluso en aquel paisaje de encierro en un estadio de fútbol: el encapuchado.

Los relatos varían en su descripción física. Algunos lo sitúan con una tela negra hasta los hombros, o una frazada agujereada. Otros recuerdan una capucha ploma y ridícula hasta la barbilla, una tela que le cubría inclusive las rodillas o incluso una bolsa de papel con dos hoyos.

El paseo del encapuchado no solo se constataba entre los seleccionados que eran llevados a la tortura, sino en todos los espectadores de aquella verdadera performance de terror creada por los militares.

La parálisis y el pánico eran totales. Nadie respiraba, como si eso ayudara a tornarse invisibles ante el dedo de aquella criatura oculta.

“Nos movemos apenas tratando de pasar inadvertidos, sólo el imperceptible rumor de quince mil respiraciones. Lo invisible se llenaba con especulaciones: “Algunos opinaban que todo no era más que un montaje de los milicos para sembrar el terror. Pero la mayoría sabía la verdad porque conocía a muchos de los señalados: aquel dedo traidor no marcaba al azar”.

“Todos nos preguntábamos lo mismo. ¿Quién era el encapuchado?”

El encapuchado y los prisioneros del Estadio Nacional

La figura del colaborador

En 1943, tras un breve intento de participar en la lucha partisana, el químico italiano de origen judío Primo Levi es detenido y trasladado a Auschwitz.

El capítulo dos de su reconocido texto “Los Hundidos y los salvados” llevó por título “La zona gris”. En breves páginas describe con una brutal claridad una de las claves en el funcionamiento de los Lagers: la creación de una clase híbrida de prisioneros-funcionarios ubicados en una zona donde se desdibujan los roles de carcelero y prisionero.

Es justamente mediante aquellos colaboradores que el régimen podía sostenerse. Levi concluye: “Es ingenuo, absurdo e históricamente falso creer que un sistema infernal como el del nacionalsocialismo santifica a sus víctimas; al contrario, las degrada, hace que se parezcan a él”.

Esta figura híbrida de prisionero-carcelero encuentra su reedición en el exmilitante reconvertido en colaborador y transformado en una activa herramienta de la represión.

Juan Muñoz Alarcón, exmilitante socialista, se había distanciado del Partido en 1973 acusando corrupción al interior del mismo. Con la instauración de la dictadura, el sujeto comenzó a avanzar en las profundidades de la zona gris, llegando a su punto clímax al transformarse en el encapuchado del Estadio Nacional.

Luego continuó su trayectoria en Colonia Dignidad, Villa Grimaldi y en distintas tareas represivas llevadas a cabo por la DINA.

Muñoz Alarcón: ¿estaba detenido, custodiado o protegido?

“Entonces me pusieron un capuchón como se hace con los cobardes, y todos los prisioneros tuvieron que salir de sus celdas para que yo denunciara a los que habían tenido un papel dirigente y a mis propios camaradas del servicio de seguridad del partido. Yo lo que hice fue engañar a los militares”.

Tras aquella primera versión, Muñoz Alarcón continuó trabajando con la represión en un ir y venir zigzagueante hasta que en 1977 golpeó la puerta de la Vicaría de la Solidaridad para entregar uno de los testimonios más descarnados y brutales, exponiendo el funcionamiento de la máquina represiva desde adentro.

En sus palabras se devela el funcionamiento de las cárceles secretas, el destino de los desaparecidos y la estructura de los principales organismos represivos.

Sobre su participación en la performance de terror ocurrida al interior del Estadio Nacional, esta vez la declaración dista de la versión entregada anteriormente: “Fui llevado al Estadio Nacional para reconocer gente. Lo hice voluntariamente en ese entonces porque tenía yo, un espíritu de revancha hacía los que habían sido mis antiguos compañeros por la persecución que había sido objeto por parte de ellos. Yo soy el encapuchado del Estadio Nacional. Los servicios de seguridad me encapucharon y me pasearon por las diferentes secciones en que estaban los detenidos. Reconocí a bastante gente”.

La colaboración no solo era relevante por la información que se entregaba -escasa o no-, sino principalmente por el despliegue de terror y desconfianza que provocó en todas sus posibilidades la figura del encapuchado.

Una desconfianza que paraliza, cuestionando el sentido mismo de la militancia al compartir en otro desconocido un proyecto común de transformación social.

El Estadio Nacional como espacio de terror urbano

En general, todos los recintos construidos y pensados para reunir grandes aglomeraciones fueron observados por los militares en sus posibilidades para el encierro masivo.

El Estadio Nacional y el Estadio Chile fueron quizás los lugares más emblemáticos, a los cuales se suma una larga lista de gimnasios municipales que en regiones comenzaban a transformarse paulatinamente en cárceles.

Tras un ingreso desordenado y habilitando lugares de forma improvisada, la contrasubversión supo ajustarse rápidamente.

El gran lugar de encierro masivo de la dictadura no se encontraba a las afueras de la ciudad o en los extremos del país, sino perfectamente ubicable en la gran ciudad.

Los nuevos usos de encierro no fueron negados por la dictadura, sino visibilizados mediante listas pegadas en sus murallas con los nombres de algunos detenidos, además de permitir visitas de delegaciones internacionales, desde la Cruz Roja hasta incluso la FIFA.

La FIFA visitó el Estadio buscando certificar sus condiciones para la eliminatoria del mundial de fútbol en la que Chile jugaría con la URSS. Todos los prisioneros fueron escondidos durante esa visita. La URSS se negó a jugar en dicho recinto.

La politóloga argentina Pilar Calveiro construye una tesis sobre el encierro en contextos de dictaduras y regímenes autoritarios: “Un campo de concentración sólo puede tener lugar en una sociedad con visión concentracionaria”.

Las altas murallas del Estadio Nacional no parecían ser tan altas a la hora de propagar el terror y la desconfianza representada por aquellos ojos tras la capucha.

Testimonios - resumen ex prisioneros Estadio Nacional.

El retorno a las actividades deportivas y culturales

Cuando la dictadura tenía listos otros lugares que funcionaron como campos de concentración, el estadio retomó sus actividades deportivas.

Tras la dictadura militar, la tendencia de los usos que se le ha otorgado a este recinto ha sido el deporte y los espectáculos masivos.

Desde 1985 comenzaron a realizarse numerosos recitales de rock en el Estadio, el Velódromo y el Court Central de Tenis. Paralelamente, se desarrolló un campeonato sudamericano de fútbol y varias clasificatorias a Mundiales de esa disciplina.

AñoHito
1976El Court Central del Estadio es escenario de la final de la Copa Davis de tenis, entre los equipos de Chile e Italia
1986Se produce el récord de público en un partido entre Colo-Colo y Universidad de Chile, con 77.848 espectadores
1987El pontífice católico Juan Pablo II pronuncia un histórico mensaje a los jóvenes
1989Rod Stewart protagoniza el primer recital masivo en la historia del recinto
1990Se desarrolla el recital Amnistía Internacional, con músicos como Sting y Peter Gabriel
1990Silvio Rodríguez se presenta en el recinto de Ñuñoa ante una multitud
1991El Estadio Nacional es escenario de varios partidos de la Copa América de Fútbol
1995The Rolling Stones realiza un concierto ante más de sesenta mil personas

El discurso de Patricio Aylwin en 1990

En 1990, el presidente Patricio Aylwin pronunció un histórico discurso donde buscó recobrar el carácter cívico del lugar, además de recordar a los ejecutados políticos.

El discurso del 12 de marzo de 1990 se inscribió en el esfuerzo por recuperar el Estadio Nacional como espacio público, deportivo y ciudadano, sin borrar los hechos de violencia ocurridos durante la dictadura militar.

Memorialización y reconocimiento histórico

Desde entonces, el Estadio Nacional quedó marcado por los hechos de violencia allí ocurridos.

En 2003 se le declaró Monumento Nacional.

En 2008, el Estadio fue rebautizado con el nombre de “Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos”, en honor del destacado periodista deportivo fallecido ese año.

En 2009, el Estadio Nacional cerró sus puertas para ser remodelado completamente. Estos trabajos disminuyeron su capacidad a 49 mil espectadores.

En 2013, el gobierno lo declaró monumento histórico y por ello hay varios puntos del estadio donde se recuerda el trágico hecho.

Hay unas gradas en la parte norte que no fueron remodeladas como recordatorio de los tablones de madera donde los prisioneros fueron ubicados.

Estos espacios permiten conservar una relación visible entre la historia deportiva del recinto y la memoria de la detención política, la tortura y la muerte.

Gradas de madera conservadas como memorial

El Estadio Nacional en la memoria colectiva

Tras medio siglo, aquella historia de horror y delación performática se ha reeditado en innumerables momentos, enquistándose en la sociedad y los organismos represivos desde una larga duración.

No es difícil rastrear el rol del Consejo Coordinador de Seguridad Pública, más conocido como La Oficina, que durante los años noventa se alimentó casi preferentemente de delatores y soplones para desarticular los grupos político-militares que continuaban operando.

Durante la última década, la capucha ha vuelto a cubrir el rostro de quienes apuntan con el dedo a los nuevos acusados.

La memoria del Estadio Nacional se articula así en varios niveles: el recinto deportivo que recibió campeonatos y multitudes, el escenario político y cultural de la vida pública chilena, el campo de concentración instalado después del golpe de Estado y el lugar de conmemoración de las víctimas de la dictadura.

Documental sobre el Estadio Nacional

Estadio Nacional es un documental realizado por Carmen Luz Parot y estrenado en 2002. Tiene una duración de 111 minutos y aborda los temas de los presos políticos y los derechos humanos.

Este documental, realizado 30 años después, es la primera investigación periodística que entrega una cronología exacta de estos hechos.

El trabajo reconstruye, a través de numerosos testimonios, la historia de esos días acercándose desde sus aspectos más cotidianos.

Se trata también de un exhaustivo trabajo de recopilación de material de archivo.

La memoria escrita del recinto incluye también Terrorismo de estadio: prisioneros de guerra en un campo de deportes, de Pascale Bonnefoy; Frazadas del Estadio Nacional, de Jorge Montealegre; Estadio Nacional: la sangre o la esperanza, de Fernando Guzmán Muñoz; y El encapuchado del Estadio Nacional, además de diversos testimonios, documentos y registros audiovisuales.

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