La selección chilena ha ganado nuevamente un campeonato internacional. Es un hecho que tiene un enorme impacto en lo deportivo y en la sociedad. En lo deportivo, el seleccionado chileno confirma que participa en el más alto nivel de la competencia en el mundo del fútbol. Con relación a la sociedad, el triunfo deportivo proyecta elementos que pueden ser sustantivos para la construcción de la misma.
Hay en el modo de jugar del seleccionado chileno un valor fundamental, un factor que ha sido esencial para su desarrollo y su éxito en los últimos años. Dicho aspecto es valorar lo colectivo por sobre lo individual como el factor fundamental para conseguir el éxito deportivo. Sobre este valor se han cimentado los éxitos recientes del seleccionado nacional.

El fútbol como expresión de la sociedad chilena
¿Por qué ocurre esto? Simplemente porque el fútbol fluye a través de la sociedad y la sociedad fluye a través del fútbol. Tanto por su rol "en la construcción de identidades colectivas" como por ser un "vehículo de expresión emocional y de sentido", el fútbol permite "comprender ciertos hábitos, sentimientos y valores de los grupos mayoritarios" que componen las sociedades latinoamericanas.
La identidad nacional es una construcción social e histórica en permanentemente transformación. Se conforma por series de narraciones6 que unen pasado y presente para que una sociedad construya un proyecto de futuro7. En otras palabras, es la forma en que los individuos se apropian culturalmente de la nación y la transforman8.
Por ser un artefacto cultural9, la identidad nacional opera por medio de dispositivos culturales -como la selección de fútbol- que vuelven inteligible para los sujetos la idea de conformar una nación10. Aunque comúnmente se asume que es la identidad del país la que se expresa en una determinada forma de practicar el fútbol, lo cierto es que la identidad chilena sólo se expresa a través de este deporte en la medida en que existe un discurso que le da un significado nacional e identitario11.
La representación sociocultural de un acontecimiento deportivo es una "dramatización de la sociedad"16 que habla sobre el país y la identidad nacional. Al ser una manifestación típica de la cultura contemporánea, el fútbol es considerado como una expresión propia de las sociedades más desarrolladas.
De la selección competitiva al equipo colectivo
El valorar lo colectivo por sobre lo individual ha sido el bálsamo o cemento social necesario para lograr una interacción virtuosa entre notables jugadores de fútbol. La selección chilena ha convertido su principal arma deportiva en el desempeño colectivo.
¿Por qué el seleccionado chileno de fútbol llegó a tener como principal arma deportiva su desempeño colectivo?, ¿qué podemos aprender de dicho proceso en el seleccionado nacional?, ¿cuáles herramientas desarrollaron tal valor de lo colectivo por sobre lo individual?, ¿cómo este fenómeno del seleccionado puede proyectarse sobre la sociedad?
Intentaré responder a estas preguntas desarrollando tres aspectos que sintetizan una notable transformación organizacional y emocional en un grupo de jugadores de futbol para enfrentar el riesgo y la incertidumbre en un deporte de habilidades abiertas como es el fútbol, una metáfora de la sociedad.
Un discurso y un liderazgo compartido
Primero, para iniciar la transformación del seleccionado chileno y generar un modelo de juego basado en lo colectivo por sobre lo individual se requirió de un discurso y un líder: Marcelo Bielsa. Puedo decir con propiedad, ya que observo y vivo el fútbol desde el año 1981, que la selección chilena de fútbol nunca jugó como lo hizo a partir del segundo semestre del año 2007.
No digo que no hubo buenos equipos y buenos jugadores, al contrario, todos ellos existieron, pero no jugaron de la forma en que lo definió el técnico argentino. ¿Que había de nuevo en Marcelo Bielsa y su idea de juego? Un método de trabajo que potenció las virtudes individuales bajo un esquema colectivo.
El tiempo ha dado más claves de ese método, especialmente en cuanto a la forma de gestionar los egos, el modo de entender la funciones en el campo de juego, la forma de los movimientos de un equipo con altas exigencias coordinativas, en cómo planificar el entrenamiento y la información desarrollada respectos a las funciones de los jugadores y los aspectos del rival.
Hubo con Bielsa un giro en cómo desarrollar la organización para la competencia, y eso fue fundamental. El método permitió que las capacidades de cada futbolista se integraran en una estructura común, en lugar de funcionar como talentos aislados.
Dignidad, disciplina y ciudadanía del futbolista
Segundo, el método de Bielsa requirió de un sujeto futbolista distinto, un ciudadano distinto, y eso significó un trabajo de relojería constitucional para darle mayor dignidad a la profesión del futbol, es decir, llenarla de respeto.
Para ello Bielsa y su equipo lucharon contra las propias culturas de la indisciplina en los jugadores, un hecho social, y contra el prejuicio que hay en la sociedad sobre el futbolista, y que lo asocia con la ignorancia. Algo con lo cual ya habían luchado los entrenadores Fernando Riera y Luis Álamos en la década del 60.
Bielsa fue un promotor de una ciudadanía distinta para el futbolista y entendió que era fundamental para consolidar lo colectivo como plataforma para el éxito deportivo. El modelo de Bielsa empoderó nuevamente al futbolista del seleccionado, le otorgó un estatus distinto, le dio una mayor ciudadanía y entendió que eso era sustantivo para desarrollar una organización deportiva más compleja, más allá de las arengas o las exageraciones emocionales.
Superar el miedo a perder y desafiar el miedo a ganar
Tercero, al valorar lo colectivo como factor en el desarrollo deportivo, esta elección permitió superar el aspecto intangible que definía las participaciones deportivas del seleccionado en el fútbol: el miedo a perder.
Durante mi niñez, pubertad y adultez, siempre asocié la disputa deportiva en el fútbol a nivel de selecciones con el “miedo a perder”. Siempre fui más pesimista que optimista, casi siempre creí más en la posibilidad de la derrota que en la del triunfo, muchas veces vi a los rivales como entes colectivos inalcanzables y vi en sus aspectos, como la garra charrúa o la pasión argentina, elementos que no tendríamos nunca para ganar.
El seleccionado chileno borró de un plumazo todo eso en 10 años, y nos ha dejado otro desafío: “vencer el miedo a ganar”. Lo que pasó el domingo es que el “miedo a ganar” ya no es un elemento obstaculizador, sino algo a desafiar siempre.
¿Cómo fue posible eso? Incorporamos lo colectivo, un valor que ya no está presente en otros equipos, especialmente entre aquellos que nos ganaron siempre. Hoy, el seleccionado vive con naturalidad el ganar porque tiene ese factor que cataliza sus emociones y desempeños colectivos.
Pablo Milad habló sobre el incierto futuro de la Selección Chilena - Todos Somos Técnicos
La Generación Dorada y la transformación de Chile
Muy equivocados están los aficionados al fútbol que piensan que el buen momento de la Selección de Chile ya ha pasado. Es cierto que en los últimos diez años los éxitos conseguidos por la generación liderada por Claudio Bravo, Arturo Vidal y Alexis Sánchez han sido más que notorios, pero la nueva hornada de futbolistas chilenos está dispuesta a como mínimo hacerles sombra.
La selección chilena ha ganado nuevamente un campeonato internacional. Este resultado no puede entenderse únicamente como la suma de actuaciones individuales, porque la fortaleza del equipo se construyó mediante coordinación, confianza, disciplina y una idea común.
La liga chilena es una de las competiciones más potentes del continente americano gracias a la pasión con la que se vive el fútbol allí. Equipos como Universidad de Chile, Colo Colo y Universidad Católica están cada temporada siempre en las quinielas para dar un golpe sobre la mesa y del rendimiento de sus respectivas plantillas se nutren los grandes clubes europeos… aunque en estos últimos años también los de la MLS y Liga Mexicana.
Los resultados del fútbol chileno siempre son excelentes. La asociación entre clubes, formación, competencia y selección ha permitido que numerosos jugadores chilenos alcancen experiencias en otros países y que el fútbol nacional mantenga una presencia relevante en Sudamérica.
El desarrollo de jóvenes futbolistas
No obstante, para dar el salto a la élite y demostrar que se puede estar a la altura de las grandes leyendas chilenas hay que prepararse. Y mucho. Es por ello por lo que a esa pasión por el fútbol que se tiene en el país le hace falta luego trabajo de campo, sobre todo a la hora de desarrollarse táctica y técnicamente.
Esta es una de las razones principales por las que la presencia de jóvenes chilenos en las Academias Internacionales de Fútbol es cada vez mayor, algo que es más que beneficioso para el futuro de este deporte en el país.
Con todo ello, es importante señalar que no sólo en las Academias Internacionales de Fútbol se potencian las características futbolísticas del jugador, sino que además se hace mucho hincapié en la educación, la socialización y el poder actuar como un profesional desde antes incluso de serlo.
Estos pilares son básicos en Soccer Inter-Action y el trabajo de su psicólogo, nutricionista, profesora y tutores es primordial para el apoyo y desarrollo de estas promesas. Al final el objetivo es alcanzar ser profesionales.
Marcelo Allende es un centrocampista ofensivo con muy buen manejo de balón, algo que está demostrando en el Necaxa mexicano, club que le firmó procedente del Deportes Santa Cruz chileno. Ariel Uribe es un extremo izquierdo que como Marcelo Allende también juega en el fútbol mexicano.
Se ha hecho un hueco en la plantilla del Monarcas Morelia gracias a su descaro con el balón. Es un jugador con una gran capacidad de asociación y de mucho desborde, características muy diferentes a las de su familiar Mario Lepe, todo un futbolista histórico de Universidad Católica.
La estructura histórica del fútbol chileno
El fútbol desembarcó en Valparaíso a fines del siglo XIX, época en que los marinos e inmigrantes ingleses impresionaban a los porteños con apasionantes juegos en malecones y potreros. Al poco tiempo, un periodista y dos comerciantes ingleses reunieron a los clubes para organizar una Football Association of Chile con su respectiva competencia (19 de junio de 1895).
La práctica de este deporte fue cautivando a los chilenos, surgiendo así los primeros clubes nacionales: Santiago Wanderers, Santiago National, Rangers y otras improvisadas agrupaciones de norte a sur, que difundieron la práctica del fútbol en diversas competencias amateur.
En 1910, con motivo de las fiestas del Centenario argentino, se conformó la primera Selección Nacional, que debutó oficialmente el 27 de mayo ante el combinado de Uruguay. A partir de 1916, Chile se convirtió en un activo participante del concierto futbolístico internacional: fue uno de los cuatro equipos que disputaron el primer Campeonato Sudamericano celebrado ese año en Buenos Aires.
Después de su actuación en el Sudamericano de 1926, el equipo emprendió una gira a Europa que culminó con su participación en el primer Campeonato Mundial de Fútbol, efectuado en Uruguay en 1930. En el ámbito nacional, el fútbol continuó su expansión por todo el país surgiendo nuevas ligas y clubes deportivos.
Al finalizar la década del veinte comenzaron a levantarse voces, especialmente de los jugadores, reclamando la profesionalización del fútbol. La idea fue tomando forma y en 1933 un grupo de clubes pide el reconocimiento de una sección profesional al interior de la federación. Nacía así el fútbol profesional chileno.
La trayectoria internacional y la identidad nacional
Chile fue uno de los fundadores del fútbol sudamericano en 1916, además participó en el primer mundial de fútbol de 1930. Sin embargo, para 1974 los chilenos sólo habían sumado participación en los mundiales de Brasil, Inglaterra y Chile, y sus principales logros se reducían a dos subcampeonatos continentales (en la década del cincuenta) y al tercer lugar del mundo conseguido en casa (1962).
Por ello, la prensa nacional difundía en sus páginas la imagen de un seleccionado débil. Con todo, la imagen de la selección como una fuerza humilde a nivel internacional se nutría tanto de elementos deportivos como identitarios, pues -al ser el deporte más popular del país- el fútbol ha sido históricamente un vehículo de expresión cultural de la sociedad chilena.
Durante la Dictadura Militar encabezada por Augusto Pinochet (1973-1990)1 la sociedad chilena experimentó dramáticas transformaciones económicas, políticas, culturales e identitarias2. Desde la historia cultural, este artículo busca comprender lo que significó para los chilenos el paso de la representación de Chile como un país subdesarrollado, periférico e inserto en América Latina, a la representación de un Chile moderno, desarrollado, ganador y excepcional en el contexto latinoamericano3.
Entre 1973 y 1989 la concepción social del fútbol transitó de una visión en la que los triunfos morales eran apreciados a una concepción en la que se vuelven hegemónicos los valores competitivos, centrada prioritariamente en la victoria futbolística.
Los triunfos morales y la dignidad deportiva
Cuando el seleccionado cayó eliminado en la primera ronda del Mundial de Alemania 1974, existió una correlación entre la positiva valoración que hizo la prensa de la actuación futbolística y las versiones de la identidad chilena imperantes en la época, que representaban al país como pobre, aislado y subdesarrollado23.
La prensa mostró el choque deportivo ante rivales europeos como la lucha bíblica entre David y Goliat. Dicha percepción estuvo influenciada porque en el plano deportivo -pero también en el económico-, aún en la primera mitad de la década de 1970, existía en Chile una concepción en la que el progreso era considerado el resultado de un proceso planificado y a largo plazo24.
Bajo esta visión, el desarrollo estaba ligado, en el plano ético-moral, con la meta de formar ciudadanos sobrios, honrados y austeros25. El éxito no significaba necesariamente "ser un campeón, sino tener algún valor merecedor de ser imitado"26.
Aunque fueron derrotados, los chilenos demostraron la corrección y la dignidad propia de los buenos deportistas. Así las cosas, los triunfos morales efectivamente eran significativos para un país que se representaba a sí mismo como pobre pero honrado27.
El empate de Moscú
Para septiembre de 1973, Chile se encontraba inmerso en la mayor crisis económica, política y humanitaria de su historia28. Sin embargo, tan sólo 15 días después del derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, la selección chilena se enfrentó en Moscú a la Unión Soviética por un cupo en el Mundial de Alemania 1974.
En el país existían expectativas bastante cautas con respecto al encuentro. Una de las "verdades duras pero indesmentible", según la revista deportiva Estadio, era que el fútbol chileno "no tiene trayectoria ni prestigio en Europa. Estamos en desventaja futbolística y económica. No se puede comparar"33.
Más allá de las excepcionales condiciones en que se encontraba el país, las cuales pedían algún tipo de triunfo que apuntalara la unidad nacional, no había espacio ni para un excesivo triunfalismo ni para un derrotismo extremo.
A pesar de esto, la selección sorprendió a todos al conseguir un "empate triunfal" a cero, "un punto de oro". La "hazaña de los héroes de Moscú", conseguida gracias a una estrategia ultradefensiva, calificada como "responsable", reflejó la "fortaleza moral y permanente abnegación" del plantel nacional35.
Los clubes como base de la selección
El fútbol chileno se sostiene también en una red de clubes con historia, identidad y capacidad formativa. No es fácil estar entre las competiciones más fuertes de Sudamérica y es gracias al buen nivel de sus equipos.
Club Universidad de Chile: Es una de las entidades más laureadas de Chile. Disputando sus partidos como local en el mítico Estadio Nacional, este importante club volverá una vez más a pelear por conseguir el campeonato y repetir los éxitos de sus años con Jorge Sampaoli para así desbancar a uno de sus rivales más directos: Universidad Católica.
Colo-Colo: No es posible hablar de Universidad de Chile sin nombrar a Colo-Colo. Su nombre completo es Club Social y Deportivo Colo-Colo tiene su base también en Santiago, por lo que dado su condición de equipo histórico su enfrentamiento contra Universidad de Chile es uno de los más esperados por los aficionados del país y de los clásicos del fútbol chileno.
El Superclásico es algo más que un partido y ha habido ocasiones que ha decidido un campeonato. Universidad Católica es vigente campeón y uno de los clubes que más ha crecido con el paso del tiempo después de sus crisis de los ’70.
Unión Española es uno de los clubes históricos del fútbol chileno que trabaja a conciencia para regresar a lo más alto. O’Higgins, cuya base está en la ciudad de Rancagua, es sinónimo de fútbol moderno. Es un equipo que tiene un gran potencial y que gracias a su esfuerzo y trabajo se ha asentado en la élite.
| Club | Rasgo destacado |
|---|---|
| Universidad de Chile | Una de las entidades más laureadas de Chile |
| Colo-Colo | Uno de los clubes históricos y más populares del país |
| Universidad Católica | Uno de los clubes que más ha crecido con el paso del tiempo |
| Unión Española | Uno de los clubes históricos del fútbol chileno |
| O’Higgins | Sinónimo de fútbol moderno y trabajo sostenido |
Las grandes figuras de la historia chilena
Chile es cuna de grandes futbolistas. No hay una gran cita en este deporte en el que no haya brillado un jugador de este país, sea quien a nivel de clubes o vistiendo la elástica de La Roja.
Elías Figueroa, considerado como el mejor futbolista de la historia de Chile, fue todo un coleccionista de títulos, destacando a nivel de clubes en Peñarol e Internacional de Porto Alegre. Su carrera en Chile fue también exitosa al ganar dos campeonatos de liga con Palestino y otro con Colo-Colo.
Carlos Caszely dejó huella en todos los equipos en los que jugó gracias a sus definiciones, regates y carácter ganador. En Colo-Colo es toda una leyenda y en Europa se le guarda un maravilloso recuerdo por sus actuaciones en el Levante y el Espanyol.
Sergio Livingstone es considerado uno de los mejores guardametas de Chile de la historia gracias a sus éxitos con Universidad Católica y con La Roja. Roberto Rojas es conocido a nivel mundial por su carácter y gran nivel bajo los palos.
Iván Zamorano ha hecho goles haya donde ha jugado, destacando en Europa de la mano de clubes como el Sevilla, Real Madrid e Inter de Milán. Marcelo Salas es considerado uno de los mejores delanteros del Mundo de los finales de los 90 y comienzo del nuevo siglo gracias a su extraordinario olfato de gol.
La paradoja social del éxito colectivo
Sin embargo, cuando miramos a la sociedad chilena, vemos que el fenómeno del seleccionado nacional es paradójico. A pesar de que el éxito del seleccionado se basa en lo colectivo, el desarrollo reciente de la sociedad chilena ha tendido a desvalorizarlo e incluso a desconfiar del mismo como factor conducente al éxito.
De hecho, de lo que menos se ha hablado en estas horas posteriores al triunfo es sobre lo colectivo como eje del éxito en el seleccionado chileno. ¿Por qué no hablamos de ello? Porque la selección de fútbol de Chile es un fenómeno organizacional que va a contracorriente de la sociedad chilena, caminan en direcciones opuestas.
En los años recientes hay múltiples hechos que muestran la precariedad de lo colectivo en la sociedad chilena, con organizacionales sociales de base minimizadas, con ausencias de liderazgos que orienten lo colectivo de manera positiva y sin la búsqueda del protagonismo individual, con grupos sociales, principalmente las elites económicas y políticas, que son más bien el anti-equipo de la sociedad chilena.
Vemos todos los días en la ciudad una convivencia deteriorada, una pérdida de la interacción social y el crecimiento de la desconfianza o la disputa histérica por los espacios de la ciudad. Todos los días hablamos del éxito del emprendedor y nunca valoramos que cada uno de ellos tuvo un equipo o un grupo de trabajo.
Si algo tenemos que rescatar de la selección chilena es lo colectivo y ello nos da una bofetada gigantesca al cómo nos organizamos como sociedad y cuestiona las habilidades que usamos para las mismas, las cuales privilegian la agresión y el abuso emocional, institucional y físico contra el otro.
Qué enseña la selección chilena sobre el trabajo en equipo
- Una idea común: el talento individual alcanza mayor impacto cuando se integra en un modelo colectivo.
- Roles definidos: el modo de entender las funciones en el campo de juego permite coordinar esfuerzos y reducir la incertidumbre.
- Disciplina: la preparación, la planificación del entrenamiento y el respeto por las responsabilidades fortalecen la organización.
- Gestión de los egos: la convivencia de jugadores notables exige subordinar el protagonismo personal al objetivo compartido.
- Dignidad profesional: otorgar respeto y ciudadanía al futbolista favorece una organización deportiva más compleja.
- Confianza ante el riesgo: el equipo colectivo permite enfrentar rivales difíciles sin convertir el miedo a perder en un obstáculo permanente.
- Formación integral: el desarrollo táctico y técnico necesita complementarse con educación, socialización y responsabilidad.
Creo que llegó el momento de pensar seriamente en reentrenarnos nuevamente en lo colectivo y en buscar la forma y los métodos para hacerlo, y en ello el fútbol, en cuanto a juego y sus contemporáneos sistemas de entrenamiento, nos puede entregar una importante ayuda.