Carlos Rivas Larrauri: vida, obra y poesía vernácula mexicana

Carlos Rivas Larrauri fue un poeta mexicano nacido en 1900 en el Distrito Federal y fallecido en 1944, cuya obra convirtió el habla popular, los modismos y las tragedias de los barrios pobres en materia poética. Se dedicó a cultivar la denominada poesía vernácula, una lírica que roza el lenguaje cotidiano y que se aparta deliberadamente de la poesía elocuente.

Su poesía presenta un mundo de penalidades, desengaños, violencia, pobreza y amores quebrantados, donde el consuelo aparece a través de la bebida, la escritura o la memoria. Del arrabal, su libro más representativo, reunió composiciones como “Probecita de Remedios”, “Presagio”, “Pue que me rajara”, “Vete en güena hora” y “Voy con mi hacha”.

Quién fue Carlos Rivas Larrauri

Carlos Rivas Larrauri nació en El Distrito Federal de México en 1900 y falleció en el mismo país en 1944. Desde niño demostró una gran afición por la poesía y su madre lo incentivó a que se expresara en versos; cuando creció, se volcó completamente por las letras.

El poeta nació junto con el siglo pasado, en 1900, en el corazón de la Ciudad de México. Su vena literaria la adquirió de su madre; una modesta ama de casa que era aficionada a la lectura de los clásicos y que, incluso, llegó a garabatear algún poema de su autoría.

En cuanto a su padre, era un ranchero, un charro de los de antes. Sus únicos defectos fueron dos: su insaciable gusto por la bebida y el haberle heredado este gusto a su hijo. Así es, el destino de Carlos Rivas se escribió en una botella.

Cuando tenía cinco años, se trasladó con su familia a la ciudad de Pachuca, que en ese entonces era pequeña, provinciana y regida por las dos industrias en boga: la minería y las haciendas pulqueras. Con los mineros aprendió el código secreto con el que aquellos trabajadores se comunicaban bajo tierra: el albur (es bien sabido que justo en las minas pachuqueñas se perfeccionó esta peculiar forma de relacionarse, de insultarse y de divertirse al mismo tiempo). Del pulque aprendió… a bebérselo.

Formación, trabajos y vida bohemia

A los 30 años abandonó la Escuela de Comercio para comenzar a trabajar como secretario en una Escuela Normal Rural. Para entonces, ya publicaba algunos de sus poemas en diversas revistas de la capital.

Su ingenio poco a poco comenzaba a ser celebrado por la gente, aunque jamás por la crítica. Para los sesudos críticos, la obra de Carlos Rivas era grosera, vulgar, de pésimo gusto, sin valor literario y destinada al más justo de los olvidos.

Lo cierto es que al poeta esto no le importaba demasiado. Lo suyo era la lectura, la escritura, esa forma de vivir sin que existiera un día después. No en balde lo corrieron de la Normal a causa de su excesiva vida bohemia, por lo que consiguió empleo como inspector de mercados y después probó suerte como bracero en los Estados Unidos.

Sin embargo, en todos los empleos y en todos los sitios a los que llegaba, el mismo destino lo alcanzaba: era despedido, y no de la mejor manera, debido a su afición por el alcohol.

Derrotado, comenzó a vivir con una de sus tías, de buena posición, en la colonia San Rafael, en la Ciudad de México. No obstante, su mente y sus deseos estaban muy lejos de aquella cómoda clase media, por lo que rentó una pequeña habitación primero en el barrio de Tepito y después en la Candelaria de los Patos, barrios en los que se dio a la tarea de hacer lo que más le gustaba: escribir y beber.

Barrios populares de Ciudad de México

La poesía vernácula de Carlos Rivas Larrauri

Se dedicó a cultivar la denominada poesía vernácula, la cual consiste en una lírica que roza el lenguaje cotidiano; su obra es una de la más apreciadas por los amantes de este estilo lírico.

Plasmó en versos la realidad que veía todos los días entre las clases más pobres y desprotegidas. Ésta es la virtud de su poesía: nos habla de las clases bajas de principios de siglo, y lo hace con sus palabras, con las de ellos, con ese hablar cantadito propio de los cinturones de pobreza de aquel tiempo.

Sus poemas, siendo “El arrabal” su más famoso exponente, se encuentran enunciados de una forma particular; utilizan modismos de una época remota y muestran un especial interés en no mezclarse con la poesía elocuente.

A través de estos versos, Larrauri expresa un mundo infernal, de penalidades y amores quebrantados, donde el único modo de encontrar consuelo es a través de la bebida o las letras.

“El que quera saber quén es esa / pobre vieja que chilla hartas lagrimas, / cuando está más macizo el regumbio / di alguna posada, / que pregunti a cualquiera que viva / dendí hace diez años por la Candelaria, / y pue que no inore / quén es doña Inacia…”.

Utilizaba el lenguaje secreto de las prostitutas, de los macapaleros, de los pajarilleros, de los reposteros y azucareros, de los talabarteros, burócratas, chafiretes, organilleros y, desde luego, del peladaje en general.

Esto mismo es lo que horrorizaba a las rectas conciencias. Esto y el hecho de que sus poemas eran más bien prosas melancólicas con sabor a pueblo, a derrota, a júbilo pulquero, a tragedia de barrio.

El habla popular como recurso literario

Es importante aclarar que Carlos, aunque dominaba el caló, la tatacha, la tatacha-fu, el caliche, el caliche ratonero, el lenguaje alvaradoreño y demás jerga callejera, no hablaba de este modo en su vida diaria.

Al contrario; presumía una amplia cultura debido a que durante toda su vida devoró libros. La deformación deliberada de las palabras en sus poemas no era una limitación lingüística, sino una elección estética vinculada con la voz de los personajes y los ambientes que retrataba.

Su obra es una de la más apreciadas por los amantes de este estilo lírico. Sus versos reproducen pronunciaciones, expresiones, giros y formas de conversación que permiten que los personajes hablen desde su propio mundo social.

Temas principales de su obra

  • La pobreza: sus personajes viven marcados por la falta de dinero, la desigualdad y la imposibilidad de acceder a los lujos que otros consideran normales.
  • El alcohol: aparece como vicio, refugio, causa de desgracias y forma provisional de soportar la soledad.
  • El desengaño amoroso: las relaciones están atravesadas por el abandono, la traición, la dependencia y el perdón.
  • La violencia: los conflictos familiares, sociales y políticos irrumpen en la vida cotidiana de los personajes.
  • La muerte: suele presentarse como una presencia cercana que deja a los vivos en el desamparo.
  • La marginalidad: sus poemas se sitúan en barrios, mercados, pulquerías y espacios habitados por trabajadores y personas desprotegidas.
  • La memoria: recordar a una persona perdida puede ser al mismo tiempo una fuente de dolor y el único consuelo disponible.

“Del arrabal” y la difusión de su obra

Junto con otros bohemios fundó una revista literaria de corta duración llamada Vea, cuyas oficinas eran las diversas pulquerías que, por entonces, abundaban en el centro de la ciudad.

Carlos continuaba escribiendo y publicando. Algunos de sus amigos, que creían fielmente en él, reunieron dinero y voluntad y lograron editar un pequeño libro en el que se encontraban todos los poemas que hasta entonces había publicado en revistas.

El título del libro fue Del arrabal. Era el año de 1931 y desde Tlaxcala comenzó a circular el librito con 26 poemas y un tiraje de 300 ejemplares.

Tres años más tarde, el tiraje aumentó a mil, después a mil 500… Incluso después de la muerte del poeta, su obra continuó difundiéndose entre declamadores y ciertas revistas de curiosidades.

Obra o publicaciónDato
Del arrabalPublicado en 1931, con 26 poemas y un tiraje de 300 ejemplares
Rimas del puebloUno de los libros publicados en vida
Diez romances y otros poemasUno de los libros publicados en vida
Últimas ediciones de Del arrabalPublicadas a finales de la década de los noventa, incluyen 43 poemas y un glosario

En vida, Carlos alcanzó a ver publicados otros dos libros de su autoría: Rimas del pueblo y Diez romances y otros poemas.

Las últimas ediciones de Del arrabal -publicadas a finales de la década de los noventa- incluyen 43 poemas y un glosario de términos utilizados (“achichincle”, “caerse cadáver”, “carranclán”, “chagüiscle”, “chínguere”, “flais”, entre otros).

Los títulos de sus poemas son igualmente emblemáticos: “¡En las mesmas losas!”, “¡Ansinita mesmamente!”, “No li aunque que nazcan chatos”, “Probecita de Remedios”, “¡Más vale no tener madre!”, “Yo lo desculpo”.

“Probecita de Remedios”: violencia y tragedia social

“Probecita de Remedios” cuenta la historia de una muchacha admirada por los hombres del pueblo, pero vinculada finalmente con Pedro, un hombre violento y pendenciero.

¡Caray, quén lo iba a dicir! ¡Probecita de Remedios! Tan chula la muchachita. Se mi hace que la'stoy viendo cuando pasaba 'el domingo con sus trapitos más nuevos, pa óir la misa de doce allá en l'iglesia del pueblo.

Daba gusto devisaría con aquel aigre tan serio, sin hacer caso de gromas y sin dar óido a requebros. ¡Maihayan los hombres malos como ese endino de Pedro!

La pretendieron retihartos: lo mejorcito del pueblo; pero, a naiden l'hizo caso, a todos los hizo menos. ¡L'único que le dio de ala jue ese malora del Pedro!

Dende chico jue un perdido, era l'azote del pueblo, sempre andaba de parranda y sempre acababa en pleito. A todo mundo ensultaba a naiden tuvo respeuto; y en una de tantas nochis en que ya'andaba muy ebrio, s'hizo de malas razones con sus cuatezones mesmos; tras de las malas palabras, jueron a dar a los hechos, y, al fin de la pelotera, se jallaron a dos muertos.

Los dos muertos a balazos, y lo cierto era qu'entre ellos, el único que traiba cuete era el malvado de Pedro. A resultas d'esi asunto, tuvo que salir juyendo naiden golvió a saber de él todos quedamos contentos; ¡sólo se quedó llorando esa probe de Remedios!

Y ansi quedaron las cosas y ansina se pasó el tiempo Villistas y carranclanes s'estaban dando muy recio; ya'staba la balacera en las goteras del pueblo; entraron los gananciosos, y, al frente de todos ellos, montando un cuaco alazán, llegó un capitán primero qui aluego reconocimos: ¡era aquel diantre de Pedro!

Luego luego que llegaron Pedro jue a ver a Remedios y golvió loca a la probe que ya lo daba por muerto. Tanto jue lo que le dijo que, dende'l mesmo momento, todas las nochis se vian en las ajueras del pueblo.

Por aquellos mesmos días llegó el resto di aquel cuerpo, al mando di un general qu'era ¡el mero petatero!

-Capitán, esa chamaca, la más sazona del pueblo, mi han contado qu'es su novia.

-Sí, mi general, es cierto.

Pos usté sabe lo qui hace.

¡Consígamela y lo asciendo!

Es una de tantas nochis, Reniedios jue a ver a Pedro, taba la nochi rescura, y la probe de Remedios s'echó en los brazos di un hombre, qu'ella créiba qu'era Pedro.

Cuando vino a darse cuenta, su mal no tuvo remedio; el hombre se le hechó incima di un modo reteviolento. ¡Era el mesmo general! ¡Pedro se ganó su ascenso.

Y allí quedó deshojado un capullito abrileño. Ora anda una probe loca de pordiosera 'en el pueblo, ganando ansina la vida, en tan y mientras que en México, pasiando en gran artomóvil y con las pilas de pesos, anda un siñor general al que le nombran “don Pedro”.

La mera verdá de Dios, parece cosa de cuento, pero le juro, compadre, que lo que digo es muy cierto. ¡Malhayan los hombres malos como ese endino de Pedro!

“Presagio”: miedo, muerte y atmósfera sobrenatural

En “Presagio”, la voz infantil percibe que algo terrible está a punto de suceder. El ladrido y el aullido de los perros construyen una atmósfera de miedo que culmina con la muerte de la madre.

Mamacita chula Mamacita. mama. ¿qué tienen los perros qu'están ladra y ladra. ? ¿Por qué ullan tan feo. ? ¿Por qué no se callan. ?

Mama, mamacita. no sé qué me pasa, pero tengo miedo. ¡muncho miedo, mama. No sé quén me dijo que cuando los perros ullan tan refeo, pasa una disgracia.

¿A ti no ti asustan. ? Óilos nomás, . ! Óilos nomás cómo los endinos ladran. ! Voy a rigañarlos dende la ventana porque. ¡tengo miedo. muncho miedo, . !

¡Qué pasa, “Sultán”. ! ¡Cállese, “Zoraida”. ! ¡A ver tú, “Chinguiñas” si también te callas. !

¡No mi hacen aprecio. Siguen ladra y ladra. ¿Por qué será eso. ? ¿Por qué no se callan. ? ¿Será porque senten que va a haber disgracia. ?

No sé, pero tengo en el pecho una ansia qu'igual qui una bola me sube y me baja. Mama, mamacita, ¿queres que me vaya a dormir contigo en tu mesma cama. ?

Teniéndote cercas no m'emporta nada si aquellos endinos ladran o no ladran. ¿Eh. ? ¿No me rispondes. ? Mira que ya mi anda de miedo, y los perros di ullar no se cansan.

Ándale, mamita, ¿qué estás amuinada porque no te dejo dormir. ? Pos aguarda qui ora, con mis besos tu muina si acaba.

¡Jesús. ! ¡Mamacita. ! ¿Qué tienes. ? ¿Qué pasa. ? ¿Por que stás tan fría. ?

¡Mamacita. mama. ¿Por qué no rispondes. ¿Por que stás callada. ¡Nada. ! ¡No ricuerda. ! ¿Qué tendrá mi mama. ? ¡Mi Diosito lindo, sálvamela. sálvamela. !

¡Mama. mamacita. ! ¡Mamacita. mama.

Y la buena madre para siempre calla; despliega la Muerte sus fúnebres alas; un golpe de viento abrió la ventana, y afuera los perros aúllan y ladran incesantemente, como si miraran la Pálida Intrusa que rodea la casa.

“Pue que me rajara”: orgullo, compasión y amor persistente

“Pue que me rajara” presenta a un hombre que afirma haber olvidado a una mujer que lo abandonó, pero que todavía conserva por ella un amor profundo.

¿Que vaya yo a verla?. ¡Ni manque esté loco¡ ¡Antes qu'ir a verla, primero me matan! Pa mi, como muerta; a mí no m'importa qu'esté gúena o mala; yo no tenga culpa de lo que le pasa.

Y. mira, mi cuate, por lo que más queras, no gúelvas a hablarme d'esa desgraciada; ni quero óir su nombre, ni quero, ya d'ella saber ni palabra.

Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma; harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre, ¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata. !

¿Pa quén trabajando me pasaba el día?. ¿Pa quén era todo lo que yo ganaba?. ¿Pa quién mi cariño?. ¿Pa quén mi costancia?. Y aluego. ¿pa qué?

Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga. Dendi antes, mucho antes qu'ella se largara, yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala; yo vide clarito qu'estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa; ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.

Y como soy probe, y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada, s'echó pa la calle. se tiró a la vida. y jue una de tantas.

Y ora qui han pasado dos anos de qui anda rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha; ora qu'está probe; ora qu'está mala; ora que no tiene quen si ocupe d'ella, ni quén se priocupe de lo que le pasa; ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba, ora es cuando qu~e que yo la perdone y que vaya a verla, pero. ¡qué esperanzas¡ ¡Antes qu'ir a Verla primero me matan!

Pero, oye, manito. aguárdati un pelo; hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros, son los de mi raya. Llévaselos todos. llévaselos luego. No vaya a ser cosa de que li hagan falta.

Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra. No quero que sepa que mi ocupo d'ella, No quero que sepa ni quén se los manda, porque, si si alivia, pue ser qui algún día, la muy atascada, si alcanzara el punto de Venir a verme pa darme las gracias.

Y si viene a verme y en sus ojos prietos -más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima, pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma; pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu'ella resollaba.

Pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara, y manque he jurado que nada ni naide, por nada del mundo, mi hará perdonarla, si ansina sucede. si ansina ricuerdo. si miro en sus ojos siquera una lágrima. antonces, mi cuate. ¿pa qué he d'engañarte? Manque sóy muy hombre. ¡pue que me rajara!

“Vete en güena hora”: pobreza y abandono

En “Vete en güena hora”, el hablante acepta que la mujer que ama lo abandone porque él es pobre y no puede ofrecerle la vida lujosa que ella desea.

Si mi abandonas porque soy probe, vete en güena hora. Yo no te quero tener a juerzas; tal vez te jalles más mejor sola.

A ti te cuadra la guena vida, del mesmo modo qui a munchas otras, y yo no quero que por mi culpa t'estés haciendo tanta mal'obra.

No te priocupe dejarme solo; no te priocupes por mi persona. Pa nada valgo. pa nada sirvo. ¡No puedo darte lo qui ambicionas!

Cuánto te quero, tú bien lo sabes. qu'eres mi vida, harto te costa. pero el cariño de nada sirve si no se junta con esas cosas qui a las mujeres las gúelven locas.

Pa qu'es que sigas tan a desgusto; si ha de ser luego mejor dendi ora; ansina quedo más satisfeicho, porque siquera no me traicionas.

Harto quisiera no ser tan probe, pa qui anduvieras como esas rotas que tanto invidias, porque tú inoras qui aquellos lujos, qui aquellos trapos, son, mesmamente, cachitos di honra.

Anda tranquila. Vete en guena hora. Pero, no gíielvas. Nunca ti acuerdes de mi presona, pos, manque probe, soy orgulloso. y no me cuadra recoger sobras.

Te quero muncho, pero, ¡no li aunque! Más vali ansina. Vete en gúena hora.

“Voy con mi hacha”: declaración de una poética popular

“Voy con mi hacha” funciona como una presentación del poeta y de su manera de entender la poesía. El hablante defiende la guitarra popular frente a la lira y reivindica una voz humilde, imperfecta y vinculada con el sufrimiento del pueblo.

Mis güenos siñores: ¡Pónganse muy changos! ¡Pónganse muy águilas! La musa del pueblo qu'es la que me cuadra, en vez di una lira me dio esta guitarra, que manque esté vieja y un poco estillada, salen con sus notas suspiros y lágrimas di un pueblo que sufre, di un pueblo que sangra.

Yo sé di otro modo dicir las palabras pero esta es la musa qui a mí más me cuadra, y onqu'esté la probe vestida d'hilachas, ansina la quero, y es la que me manda que diga sus cosas lo mesmo que l'ella habla, lo mesmo que sente, lo mesmo que canta.,.

No inoro qui hay munchos qu'esto no les cuadra, y por ser humilde van a dispreciarla, pero, ¡eso no li aunque! ¡Guena es la guitarra! ¡Tan guena com'otras de muncha pomada!

y ella no es culpable de si por disgracia estas probes manos no saben tocarla. Sus guenas mercedes, perdonen la lata y díganme aluego si no les doy di ala, pa que yo me largue con todo y guitarra.

Pero si por suerte, les he caido en gracia, ¡aguárdensi un pelo. ¡Déjenme templaría. ¡Pónganse muy changos. ¡Pónganse muy águilas. Mis guenos siñores, ¡ai les voy con mi hacha!

“Por qué me quité del vicio”

Dentro de la poesía popular mexicana existe una peculiar composición que ha sido recitada por varias generaciones. Aunque actualmente y por desgracia poco a poco va quedando en el olvido, sus primeras líneas aún evocan una multitud entera de emociones.

Se trata, desde luego, de “Por qué me quité del vicio”, de Carlos Rivas Larrauri, cuya vida y obra bien vale la pena regalarles una mirada.

El poema comienza con una declaración aparentemente sencilla: “No es por hacerles desaigre… Es que ya no soy del vicio… Astedes mi lo perdonen, pero es qui hace más de cinco años que no bebo copas, onqui ande con los amigos… ¿Qué si no me cuadra?… ¡Harto! Pa que he di hacerme el santito: he sido reteborracho; ¡como pocos lo haigan sido! ¡Perora si ya no tomo, manque me lleven los pingos!…”

El narrador reconoce que ha sido un hombre dominado por la bebida, pero explica que abandonó el alcohol después de experimentar sus consecuencias en la familia.

No es por hacerles desaigre. Es que ya no soy del vicio. Astedes mi lo perdonen, pero es qui hace más de cinco años que no tomo copas, onqui ande con los amigos.

¿Qué si no me cuadra?. ¡Harto! Pa que he di hacerme el santito: he sido reteborracho; ¡como pocos lo haigan sido! ¡Perora si ya no tomo, manque me lleven los pingos!

Dendi antes que me casara encomencé con el vicio; y, aluego, ya de casado también le tupí macizo. ¡Probecita de mi vieja! ¡Tan güena siempre conmigo. !

¡Por más que l´hice sufrir nunca me perdió el cariño! Era una santa la probe, y yo con ella un endino; nomás porque no sufriera llegué a quitarme del vicio.

Pero, poco duró el gusto, la de malas se nos vino y una nochi redepente, quedó com´un pajarito. Dicen que juel corazón. Yo no sé lo que haiga sido; pero sento en la concencia que jue mi vicio cochino el quizo que nos dejara solitos a mí y a m´hijo.

¡Un chilpayate di ocho años que quedaba güerfanito a ledá en qui hace más falta la madre con su cariño!

Me sentí disesperado de verme solo con mhijo. ¡Probecita criaturita! Mal cuidado. mal vestido sempre solo. ¡Ricordando al ángel que´bia perdido!

Entonces pa´no pensar golvi a darle recio al vicio, porque poniéndome chuco, me jallaba más tranquilo, y cuando yastaba briago y casi jueras de juicio, parece que mi dijunta taba allí, ¡junto conmigo!

Al salir de mi trabajo m´iba yo con los amigos, y, aluego, ya a medios chiles, mercaba yo harto refino y regresaba a mi casa onde mi aguardaba m´hijo; y allí, ¡duro!, trago y trago, hasta ponerme bien pítimo.

¡Y aistaba la tarugada! Ya endinantes les he dicho lueguito vía a mi vieja que llegaba a hablar conmigo y encomenzaba a decirme cosas de mucho cariño, y yo, a contestar con ella, como si fuera dialtiro cierto lo questaba viendo.

En tan mientras que mhijo si abrazaba a mi asustado diciéndome el probe niño: «¿Onde está mi mamacita? Dime on tá, papacito. ¿Es verdad que testá hablando? ¿Cómo yo no la deviso. ?»

«Pos qué no la ve, tarugo, ¡vaye que li haga cariños!» ¡Y el probecito lloraba y pelaba sus ojitos buscando ritiasustado a aquella a quen tanto quiso. !

Una noche, al regresar destarle dando al oficio, llego y, al abrir la puerta, ¡ay Jesús, lo que deviso! Hecho bola sobre el suelo, taba tirado mi niño, risa y risa comun loco, y pegando chicos gritos.

«¿Qué te pasa?. ¿Qué sucede. ? ¿Ti has güelo loco dialtiro. ?» Pero intonces, en la mesa, videl frasco del refino, que yo bia dejado lleno, enteramente vacío.

Luego luego me di cuenta y me puse retemuino: «¿Qui has hecho, escuincle malvado» ¡Ya bebites el refino. ! «¡Paqui aprendas a ser güeno, voy a romperte l´hocico. !»

Y luego con harto susto que l´hizo golver al juicio, y con una voz di angustia que no he di olvidar, me dijo: «¡No me pegues. no me pegues. ! No soy malo, papacito. ¡Jue pa ver a mi mamita como cuando habla contigo! ¡Jue pa quella me besara y mhiciera hartos cariños!»

Dendentonces ya no tomo onqui ande con los amigos. No es por hacerles desaigre, pero ya no soy del vicio.

Y cuando quiero rajarme porque siento el gusanito, de tomarme alguna copa, nomás mi acuerdo de mhijo y entonces si ya no tomo ¡manque me lleven los pingos. !

La recepción crítica y la singularidad de su estilo

Recibió el apoyo de importantes poetas como el chileno Nicanor Parra, para quien la poesía vernácula debe oponerse rotundamente a la de “los hombres de gafas”.

Esta idea, sin embargo, resulta absolutamente cuestionable, ya que el arte debería ser una forma espontánea de expresarse, que nos acercara al resto de los seres vivos.

La obra de Carlos Rivas era considerada por algunos críticos grosera, vulgar, de pésimo gusto, sin valor literario y destinada al olvido. Sin embargo, su permanencia entre lectores, declamadores y publicaciones demuestra que su lenguaje logró conservar una fuerza propia.

Su obra se cataloga junto con la de Chava Flores, con la diferencia de que el compositor musical exaltó el alma pícara y jubilosa del mexicano, en tanto que la obra de este poeta flota siempre una especie de tristeza.

si acaso por eso refleja con fidelidad el corazón nacional de su tiempo y de su espacio.

La muerte de Carlos Rivas Larrauri

Carlos Rivas Larrauri falleció a los 44 años a causa de su adicción a la bebida. Lo encontraron muerto en una de las calles aledañas al mercado de San Juan.

Esos rumbos que tanto frecuentaba.

Su muerte quedó vinculada con los mismos espacios populares que habían alimentado su literatura: mercados, barrios, pulquerías y calles transitadas por las clases trabajadoras de la Ciudad de México.

Viaje por la poesía mexicana de los siglos XIX y XX

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