Takuhiro ‘Pipi’ Nakai es un mediocentro japonés formado en las categorías inferiores del Real Madrid, club al que llegó con nueve o diez años después de destacar en un clínic de la Fundación madridista en Japón. Tras debutar con el Castilla, pasar por varias cesiones y jugar en la S.D. Amorebieta, el Rayo Cantabria y el C.D. Leganés ‘B’, continúa trabajando para alcanzar el fútbol profesional al más alto nivel.
Nacido el 24 de octubre de 2003, Nakai destaca por su calidad técnica, inteligencia, capacidad asociativa y polivalencia. Puede actuar como mediocentro, interior o mediapunta, aunque él mismo resume sus posiciones en los roles de 6, 8 y 10. Su historia combina talento, adaptación cultural, aprendizaje táctico, dificultades administrativas y una perseverancia desarrollada durante más de una década en España.
Quién es Takuhiro Nakai
El C.D. Leganés incorpora para su filial al mediocentro japonés Takuhiro 'Pipi' Nakai, de 22 años de edad. Nacido el 24 de octubre del 2003, llega al Leganés 'B' para reforzar el centro del campo pepinero del equipo dirigido por Igor Oca.
Formado en las categorías inferiores del Real Madrid C.F., logra debutar con el Real Madrid Castilla en Primera Federación el 25 de septiembre de 2022. La temporada 2023-2024 se marcha cedido al C.F. Rayo Majadahonda disputando 19 partidos en Primera RFEF.
En este último año, ha jugado la primera mitad del curso en las filas de la S.D. Amorebieta y la última parte con el Rayo Cantabria, filial del Racing de Santander. El joven mediocentro ha debutado con la selección de Japón sub-20.
Es un futbolista que destaca por su calidad técnica y capacidad asociativa en ataque. El C.D. Leganés le da la bienvenida y le desea la mayor de las suertes en su nueva etapa como pepinero.
| Dato | Información |
|---|---|
| Nombre | Takuhiro Nakai ‘Pipi’ |
| Fecha de nacimiento | 24 de octubre de 2003 |
| Lugar de nacimiento | Ōtsu, Japón |
| Posiciones | 6, 8 y 10; mediocentro, interior y mediapunta |
| Formación | Cantera del Real Madrid |
| Debut profesional citado | Real Madrid Castilla, 25 de septiembre de 2022 |
| Selección | Japón sub-20 |
El descubrimiento de una promesa en Japón
Le dijeron a su padre que tenía un 0,01% de posibilidades. Que llevara a su hijo, sí, pero como experiencia. Nada más. Takuhiro 'Pipi' Nakai (Otsu, 2003) tenía nueve años cuando pisó Valdebebas por primera vez sin saber que eran unas pruebas del Real Madrid.
Dos semanas después lo ficharon y se convirtió en el primer japonés en la historia del club. Regresó a España junto a su madre y una maleta, y apostó todo a ese 0,01%. Hoy continúa su carrera con la misma ilusión en el Leganés.
Había un 'clínic' en Japón de la Fundación del Madrid y creo que había unos 400 niños. Elegían al MVP, y ese MVP podía ir a hacer pruebas en la cantera, en Alevín B. Yo fui uno de ellos.
Me eligieron como MVP y pude ir a hacer las pruebas en la Ciudad Deportiva de Valdebebas. Ahí tenía unos nueve años. A mi padre le dijeron que tenía un 0,01% de posibilidades de que me ficharan, pero como era una buena experiencia, mis padres decidieron que fuera.
Estuve entrenando una semana y media o dos. Tuve la suerte de estar con muy buenos compañeros y un buen entrenador, como José Manuel Lara. En un amistoso contra niños de un año más, me sacaron de delantero y metí un gol.
Jugué muy bien. Después de esas dos semanas me dijeron que me firmaban.
Muy poco antes había sorprendido en un campus en su país a los técnicos del Real Madrid, que no dudaron y enseguida le propusieron una visita a España para evaluarle. Ese test serviría para incorporarle a La Fábrica.
El canterano, de 17 años, es una de las perlas del Real Madrid, que le reclutó en 2014. Zidane le llamó en octubre para un entrenamiento.

El origen del apodo ‘Pipi’
Me empezaron a llamar 'Pipi' desde los dos años. Es un apodo que me puso mi madre. Me dijo que, como era el hermano más pequeño, mis hermanos me hacían llorar mucho y yo lloraba diciendo “pi, pi, pi”.
Llegó a La Fábrica siendo ‘Pipi’, como todavía algunos le conocen, y se marchó siendo Nakai, como espera hacerse un hueco en el fútbol profesional.
A ver, todo el mundo me sigue llamando ‘Pipi’. Pero en la camiseta y en otras cosas quiero que me llamen Nakai. ‘Pipi’ es un nombre de niño pequeño y Nakai suena mejor para un futbolista.
La adaptación a España y al Real Madrid
Era todo nuevo: la cultura, el idioma, la gente. Al principio me costó adaptarme mucho, pero gracias a Dios conocí a muy buenas personas. Personas que me ayudaron mucho en el colegio, en el club, los vecinos… Me ayudaron muchísimo todos.
Regresó a España junto a su madre y una maleta, y apostó todo a ese 0,01%. Ya no entrena en Disneyland, como él llama a Valdebebas. Pero sigue siendo el niño que nunca, ni una sola vez, pensó en volver a casa.
Cuando hice las pruebas en el Madrid no sabía que eran unas pruebas del Madrid, porque mi madre, como sabía que me ponía nervioso, me dijo que eran unas pruebas para disfrutar del fútbol y tener una experiencia más.
Fui a Madrid a hacer las pruebas para disfrutar. Y, de repente, teníamos dos amistosos y a las dos semanas de acabarlas me dijeron que era jugador del Madrid. Vine con un traductor y caí en que mi madre no me había dicho esto.
Yo no lo sabía, pero fue una alegría. El Madrid es el mejor club del mundo. Ser jugador de ese club, de ese equipo, te da mucha confianza.
Al principio me costó. Los primeros dos años me costó muchísimo. Iba a un colegio normal de allí, de Madrid, de nueve a cinco de la tarde. Ahí aprendía español.
También en el vestuario. Pero no es lo mismo el español del colegio que el del fútbol. Muchas veces me confundía, pero los entrenadores y compañeros tuvieron mucha paciencia conmigo.
La primera y la segunda semana vino un traductor conmigo. Pero a partir de ahí, siendo tan pequeño, tampoco hacía falta saber todo lo que decía el míster.
Me decía “muy bien” y yo respondía “gracias”. Y yo metía goles. Me decía “tú aquí”, “dos toques”, y yo hacía “vale, vale”. Así era.
Luego llevaba un miniordenador con un traductor y me iba apañando. Las palabrotas me las enseñaban en el club y el español más correcto lo aprendía en el colegio.
Además de la adaptación por el cambio de país, con las lógicas novedades culturales e idiomáticas, el japonés tuvo un desafío físico de altura. Siempre el más pequeño de la plantilla, necesitó mayores esfuerzos que el resto para acercarse a las titularidades.
Le sirvieron para conseguirlas su calidad, su astucia y, por supuesto, su desarrollo biológico. "Se le veía mucha progresión, pero sabiendo que debíamos tener paciencia, ya que le teníamos que cuidar por tanto cambio siendo tan pequeño", detalla Lara.
El aprendizaje táctico en La Fábrica
El primer año que llegué me sorprendió muchísimo el nivel que había. El fútbol era totalmente diferente.
Yo en Japón regateaba a todos, me iba de todos y no pasaba el balón a nadie de mi equipo. Y aquí, al llegar, me dijeron que tenía que jugar a un toque, dos toques, tres toques, con muchos pases, mucho pase, mucha posesión.
En Japón no jugábamos con esa idea de posesión como aquí en España.
El Madrid no es sólo lo futbolístico, también es lo personal, lo que te enseñan para ser mejor persona, forman tu personalidad. El Madrid te enseña valores.
Me sorprendió mucho, porque yo venía de fuera, de otra cultura. Sabes que de fútbol es el mejor club del mundo, pero que también te forman como persona, tu personalidad.
Muy exigente. Para mí, cada día era como un examen, porque allí no va por contratos: cada año te dicen si te quedas o te vas. En cada entrenamiento tienes que dejarte la vida, ganar partidos y darlo todo.
Pero es un privilegio estar ahí. Siempre digo que es como Disneyland. Yo creo que no hay ningún club mejor que el Real Madrid.
Quien se asomaba al principio sin conocer a Nakai a los partidos del Madrid en los que estaba el crack en ciernes se acababa alegrando de la casualidad. Verle era disfrutar de un proyecto de jugador superdotado a nivel técnico.
Para quien no lo sepa y quiera comprobar que no se exagera sobre él, hay un puñado de vídeos en internet que lo atestiguan; en uno deja boquiabierto al mismísimo Marcelo.
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Una formación basada en la técnica y la inteligencia
Lo que mejor le define es su inteligencia, su manera de ver y entender el fútbol; de ahí su polivalencia en el césped. Todo ello lo arropa con una técnica exquisita.
Ha crecido mucho físicamente y eso le está ayudando.
"Llegó a una prueba en Alevín B (Sub-11) y me impresionaron las capacidades técnicas que tenía. Hasta Alevín A (Sub-12) no pudo pertenecer al club y fue en ese año donde tuve la oportunidad de entrenarle y ver que teníamos a un chico con un talento especial", recuerda para Goal el primero en dirigirle de blanco, José Manuel Lara.
Lara ofrece otro apunte: "Siempre ha mantenido esa esencia de talentoso, esa personalidad, y quizá muchos quieran imitarle porque es un futbolista muy creativo, de esos que quedan pocos".
Con esas condiciones es lógico que, aparte de en su hermano Akito, admire y se mire en su compatriota Take Kubo, cedido desde el Santiago Bernabéu al Getafe, y a Luka Modric.
Con ambos, igual que con Iniesta, guarda similitudes.
Las posiciones de Nakai
Su puesto prototípico es el de mediapunta, el que más ocupó hasta Cadete A. A partir de ahí, sin abandonar el enganche, se ha especializado también como mediocentro.
He jugado de todo, sí. Si te digo por números, puedo jugar en las tres posiciones, de 6, 8 y 10.
También me gusta jugar de extremo metiéndome por dentro, pero mi posición es 8 ó 6. No tan defensivo como el pivote ni tan ofensivo como el mediapunta, un equilibrio.
Mientras se pule sumando prestaciones a su estilo, por ejemplo el gusto por los duelos y el correr para atrás, alterna el Juvenil B y el A.
A Raúl González, ahora entrenador del Castilla, le gusta mucho. Por ello en la pasada pretemporada le convocó para algunos entrenamientos y un amistoso.
El mítico '7' le puso en la banda derecha, buscando dar rienda suelta a su espíritu encarador.
La etapa de Cadete A y Tristán Celador
¿Quién ha sido la figura más importante en tu formación?
No sabría decirte uno. Todos los entrenadores que he tenido han sido muy buenos. De todos he podido aprender muchas cosas.
Y de los compañeros, que he tenido muchísimos, igual. Venía gente nueva, entrenadores nuevos… Si tengo que decirte un entrenador, te diría a Tristán Celador, que lo tuve en el Cadete A.
Fue el año que más he podido crecer como persona y futbolista. Es ahí también cuando conozco a mi representante, a Alfonso. Ambos me enseñaron muchas cosas.
A la del cadete A. Tuve a un entrenador que se llama Tristán Celador. He tenido muy buenos entrenadores, tanto en la Fábrica como en otros clubes, pero Tristán es el que más me enseñó, como futbolista y fuera del fútbol.
Ese año me lo pasé muy bien con los compañeros: ganamos todo, los torneos y la Liga. Fue gracias al míster.
Lo he dicho muchas veces: es el mejor entrenador que he tenido, dentro de que todos han sido muy buenos, pero Tristán ha sido el mejor.
La convocatoria de Zidane y los entrenamientos con el primer equipo
Para más alegrías en esas semanas, Zidane citó al nipón el 12 de octubre para una sesión con el primer equipo, repitiendo en varias ocasiones posteriormente.
La primera vez que subí a entrenar con el primer equipo fue en un parón de selecciones, cuando yo era Juvenil B. Tenía 16 años.
Me acuerdo perfectamente: era 12 de octubre. Me llamaron para hacerme la PCR por el COVID y estaba nervioso, pensando: “por favor, que salga negativo para poder entrenar mañana”.
En ese momento los jugadores de la selección no estaban. Estaban Benzema, Vinicius, Marcelo, Toni Kroos… Y subimos varios del Castilla, dos del Juvenil A, y yo era el único del Juvenil B que subió.
El primer día me temblaban las piernas, estaba cagadísimo. Antes de empezar, Marcelo -que me conoce desde pequeño- se me acercó y me dijo que estuviera tranquilo.
Él me ayudó mucho, y desde entonces estuve más relajado. Kroos, por ejemplo, me dijo que jugara fácil y pensase antes de recibir.
La intensidad es otra, el ritmo es otro. Pero cuando entrenas con el primer equipo, entrenas mejor que con tu equipo, no sé por qué.
Yo creo que es porque te hacen las cosas más fáciles y porque estás más concentrado: tienes que adaptarte a su ritmo. Y, como dije, te hacen la vida más fácil.
Por ejemplo, en un partido reducido, que juegan siempre al final del entreno, se lo tomaban como si fuera una final de la Champions. Tienen que ganar sí o sí.
Y cuando pierden, se iban con un cabreo que te cagas. Y los que ganan, pues gritan “¡vamos!” y tal.
Eso no lo había visto en ningún club, porque al final piensas: “es un entrenamiento”. No, no, no. Ellos se lo toman como si fuera el último de su vida.
Y yo creo que eso es lo que te lleva a ser los mejores del mundo y tener 15 Champions.
El debut con el Real Madrid Castilla
Debutaste con el Castilla en un partido contra el Badajoz, pero no llegaste a asentarte. ¿Qué falló?
El año que estuve yo en el Castilla, que fue el que debuté, teníamos muy buen equipo. Ganamos la mayoría de partidos, fuimos a playoff como segundos y, al final, cuando estás en una buena dinámica es muy difícil cambiar de jugadores, cambiar el once.
Yo respetaba las decisiones de Raúl, que es muy buen entrenador. En mi posición estaban Arribas, Dotor, Théo… Son jugadores muy buenos, además de los capitanes, y era complicado.
Yo seguí trabajando y currando, pero el equipo iba bien y las decisiones que toman los entrenadores siempre hay que respetarlas.
Raúl también me entrenó en el Castilla, hicimos muy buen año. Pero es verdad que ahí tuve pocos minutos.
Era mi primer año en el Castilla. Al final es el equipo, y el equipo estaba muy bien.
La perseverancia cuando no llegan los minutos
He tenido no buenos momentos, para no decir malos. El idioma me costaba, nunca he sido un jugador que jugase siempre, no era un titular indiscutible.
Mi familia me ha acompañado siempre, me siguen apoyando. Mi madre ha sido la que más me ha ayudado.
Me gusta el fútbol, es lo que más me gusta del mundo. Me apasiona. Aunque no juegue, siempre pienso que hay gente que quiere jugar al fútbol y no puede.
Yo soy un privilegiado. Y, además, en el Real Madrid, que es donde quiere jugar todo el mundo. Hay millones de chicos que quieren estar donde estoy yo.
Por respeto y agradecimiento, siempre he seguido trabajando. Es lo que me han enseñado mis padres.
El simple hecho de llegar a Valdebebas, con esas instalaciones y los mejores del mundo, yo ya lo agradecía y lo disfrutaba.
Sí, claro que pensaba “el entrenador no me pone, algo no estoy haciendo bien”. Da mucha rabia.
Es muy difícil tener buena actitud y buena cara cuando no juegas. Pero también pensaba que no podía dejar de entrenar, porque es lo que más me gusta.
Hay muchísima gente en el mundo que quiere jugar al fútbol y no puede, y yo estoy sano y puedo hacerlo.
A veces, aunque fuese suplente o desconvocado, pensaba que muchos niños querrían estar en mi sitio. Eso me lo enseñaron Tristán y también mis padres.
Mi madre siempre me decía que tenía que agradecer, jugara o no jugara, y respetar al entrenador.
La influencia de su familia
En su vida en España, muy tranquila, le acompañan su madre, su hermana Honoka y su hermano, el mencionado Akito.
Mi padre siempre ha estado viviendo en Japón. Mi madre también ha vivido en Japón, pero cuando vine a España mi madre vino conmigo.
Mi padre se quedó trabajando allí y venía de vez en cuando. Venía cada dos o tres meses, cuando podía.
Mi madre estuvo conmigo desde los diez años hasta hace cuatro años. Luego regresó a Japón.
Mi madre fue la que más me ayudó. Mi padre estaba en Japón, tenía que trabajar y no podía estar aquí, pero mi madre me apoyó muchísimo y me enseñó todo.
“Tener a personas como Nakai y su familia a mi lado es un lujo”, presume Zapata. “Dispone del mejor entorno posible para un chaval que pretende ser jugador de élite”, añade el representante.
La madre de Nakai también desempeñó un papel importante durante los problemas administrativos que afectaron a los menores extranjeros del Real Madrid. El testimonio de la primera, por cierto, resultó esencial en 2016 para que al Real Madrid le redujeran la sanción por supuestas irregularidades en la incorporación de menores.
Las sanciones relacionadas con la FIFA
Cuando me sancionaron desde la FIFA. Al ser extranjero y extracomunitario, te sancionaban.
Me acuerdo de un día, cuando era infantil, que al día siguiente teníamos un torneo importante. Entré en la convocatoria, pero esa misma noche me llamaron y me dijeron que me volvían a sancionar por lo de FIFA y que no podía ir al torneo.
Hasta los 15 años tuve muchas de esas situaciones en alevines e infantiles: de repente no puedes jugar y no puedes ni entrenar.
Puedes entrenar aparte, solo, pero no jugar los partidos.
Los amigos y las familias que le ayudaron
Del club, te diría David de la Víbora, con su familia; Pablo Barrios, que estuvo conmigo hasta infantil y era uno de los capitanes; y Jaime Fernández, que también estuvo conmigo hasta cadetes y vivía al lado de mi casa.
Los tres, y sus familias, son top. Y a Jaime le agradezco muchísimo que, como vivía al lado y nosotros no teníamos coche, me llevaba todos los días al entrenamiento.
Igual que a la familia de Barrios. Las dos familias me ayudaron muchísimo.
Los valores aprendidos de su madre
Mi madre es muy japonesa y para ella los valores tienen más importancia que el fútbol.
Hubo un partido, cuando era pequeño, en el que jugué mal y, al acabar, me fui sin saludar a los rivales. Me echó una bronca increíble.
A partir de ahí, jugara bien o mal, después del partido saludaba a los entrenadores y a los jugadores.
Y antes de entrar al campo siempre hago el saludo japonés. Ese gesto me ayuda a concentrarme, a cambiar el chip y entrar en el partido.
Yo creo que, fuera del campo, todavía soy japonés. Al final, estás siempre con tu familia, y mis padres son muy de eso.
Dentro del campo era muy japonés también: de pequeño no decía nada, no hablaba, no contestaba, daba la mano y ya está.
Pero he cambiado en estos dos o tres años. Tengo que tener más maldad en el campo y quitar ese ámbito japonés.
Fuera del campo puedo ser japonés, como siempre, pero dentro del campo, para ser mejor jugador, tengo que ser más… no mala persona, pero sí tener más 'maldad'.
El nombre de Nakai en Japón
Siendo apenas un niño, ¿cómo sobrellevó la fama de ser el primer japonés en la historia del Real Madrid?
En Japón se sabía que el Madrid era un club muy grande y que había logrado algo importante, pero yo era un niño y lo que quería era jugar al fútbol. Y en el mejor sitio posible, que era el Madrid.
Tampoco sentía esa fama. No me había dado cuenta. Pero cuando volví a Japón empezaron a pedirme fotos, firmas, fotógrafos… y ahí es cuando empecé a enterarme de que era un poco conocido allí.
Realmente, me gustaba porque la gente me animaba.
Me enorgullece, pero el episodio como jugador del Real Madrid lo he dejado atrás en mi cabeza. Ahora estoy comenzado otra etapa.
La salida a préstamo al Rayo Majadahonda
Después de 9 temporadas en el Madrid, sales cedido al Rayo Majadahonda.
Era mi primera cesión y no quería salir de Madrid. No quería hacer la mudanza, me quedaban dos años en el Madrid y el club me dijo que saliera cedido.
El Rayo Majadahonda es un gran equipo y, estando en Madrid, entre mi representante, el club y yo decidimos que salir cedido allí era lo mejor.
En el Rayo Majadahonda aprendí muchas cosas. Las instalaciones no son las mismas que las del Madrid, pero están muy bien si las comparo con las del club en el que estuve en Japón.
Y, nada, agradecido de poder aprender de otros equipos, compañeros… Es una experiencia que me hizo madurar muchísimo.
La temporada 2023-2024 se marcha cedido al C.F. Rayo Majadahonda disputando 19 partidos en Primera RFEF.
La etapa en la S.D. Amorebieta
«No me hagas preguntas muy difíciles, eh», entona entre risas Takuhiro Nakai ‘Pipi’ (Ōtsu, Japón, 2003).
Se sienta frente al ordenador después de entrenar, ya completamente adaptado a Urritxe, su nueva casa, y al Amorebieta, su nuevo club.
Concede a Relevo una entrevista en la que promete ser espontáneo, «como soy yo», y hablar de todo, con un español fluido en el que todavía se aprecia algo del característico acento madrileño.
Hace solo unos meses fichaste por el Amorebieta. ¿Cómo de importante fue Julen Guerrero en tu llegada a Urritxe?
Jugué dos o tres años con su hijo, Julen Jon Guerrero. Me llevaba muy bien con él y al míster a veces lo veía, pero no lo conocía.
Aquí es una leyenda, ha sido un gran jugador y es un gran entrenador.
Al principio no tenía nada y, estando en Japón, me escribió Julen Jon y después me llamó Julen para preguntarme si quería estar en el Amorebieta.
No me lo pensé. Hablé con mi representante y le transmití que quería estar en el Amorebieta con él, que quería mejorar como futbolista y como persona.
Ha sido entrenador de la Selección española y sé que mi fútbol podía encajar con lo que él buscaba. Y me vine aquí con Julen.
Al principio tenía un poco de miedo de ir a otra ciudad, hacer la mudanza y vivir solo, que antes vivía con mi hermana.
Pero toda la gente ha sido muy amable. Me han acogido muy bien y me han apoyado mucho. Me siento muy cómodo.
Yo he venido aquí a ascender a Segunda División. Aunque sólo hayamos ganado un partido de cuatro, esto acaba de empezar, quedo mucho por delante.
El objetivo del equipo, tanto mío como de mis compañeros, es ascender. Es lo mejor que podría pasar.
Individualmente, el objetivo es jugar el máximo de partidos posible y dar importancia a cada partido. Quiero dar mi mejor versión y mi mejor nivel.
Nunca pienso en marcar goles o dar asistencias, sino en ayudar al equipo con lo que sea.
El paso por el Rayo Cantabria y el Leganés
En este último año, ha jugado la primera mitad del curso en las filas de la S.D. Amorebieta y la última parte con el Rayo Cantabria, filial del Racing de Santander.
Después del Castilla salí cedido al Rayo Majadahonda, en Primera RFEF; luego al Amorebieta, al Racing de Santander y después aquí al Leganés.
Sí que era difícil, pero por eso sigo trabajando. Por si algún día, no sé si en el Madrid o donde sea, puedo jugar en Primera División, en la élite.
Ese es mi sueño.
El objetivo de volver al Real Madrid
Sabe que no será tarea sencilla y vive su segunda cesión consecutiva lejos de Valdebebas, todavía con el objetivo de triunfar de blanco y, sobre todo, seguir creciendo como persona.
En el Amorebieta y a las órdenes de Julen Guerrero ansía encontrar una regularidad que, por momentos, le ha faltado, ahora alejado del foco mediático que supone el Real Madrid.
El fútbol me apasiona, es mi pasión, por eso siempre sigo trabajando pese a no jugar.
Sigo teniendo contrato con el Madrid y, obviamente, lo mejor sería volver a Madrid, jugar partidos y ojalá debutar con el primer equipo.
Es el mejor club del mundo. Yo voy a seguir trabajando por si algún día pasa eso.
Es importante también mirar al futuro. Tengo claro qué quiero ser, qué quiero lograr… Y, aunque no estés jugando, nunca puedes dejar de trabajar.
Cuando me retire, me gustaría dedicarme a ayudar a los chicos a que ellos también suban gracias a la experiencia.
El recuerdo de Jude Bellingham
Llegaste a jugar contra Bellingham en un torneo sub-15.
Fue en un torneo de Francia en sub-15. Él venía con la selección inglesa y yo, con la japonesa, Jugaba con el 8, igual que ahora.
Se le veía, con un control o un pase, una elegancia que marcaba la diferencia. Lo que recuerdo es que después del partido que jugamos me escribió por Instagram y estuvimos hablando un rato.
Yo hablaba poco inglés, pero me comunicaba con él. Ya se veía que iba a ser un gran jugador.
Lo que está haciendo en el Madrid es una locura.
La relación con Japón y España
Empecé a jugar a fútbol a los tres años, pero con un año ya tenía balones en casa. Tengo tres hermanos, yo soy el más pequeño de la familia, y mis dos hermanos mayores juegan al fútbol y en mi casa sólo teníamos balones de fútbol.
Desde que tenía un año me dijo mi madre que ya tocaba balón. A los 3 años ya empiezo oficialmente.
No, no me lo imaginaba. En ese momento, sin tener ninguna oferta ni nada del Madrid, empecé a estudiar español con ocho años porque quería jugar en España.
Contaba los números y aprendí a decir "gracias". Al final, ves partidos del Real Madrid, ves partidos del Barcelona… y mi sueño era jugar en España.
Me gustaba más el Madrid, pero también me gustaba mucho Messi. Al final, Messi es uno de los mejores jugadores del mundo, junto con Cristiano Ronaldo, obviamente.
Me gustaba Messi, pero como equipo, como club, me gustaba más el Real Madrid porque mis padres eran del Madrid y, de pequeño, veía partidos del Madrid.
La mezcla de sus raíces japonesas y su larga formación en Madrid también aparece en su estilo personal, en su manera de interpretar el fútbol y en la importancia que concede a la disciplina y al respeto.

La personalidad de un futbolista creativo
La masa social que mueves en redes sociales, por ejemplo, es tremenda. ¿En algún momento has sentido presión?
Si te digo la verdad, de las noticias y demás no leo. No me interesa. En Japón, por ejemplo, siempre han salido muchas cosas, pero yo quiero demostrar en el campo.
Sigo siendo el mismo que empezó, sigo queriendo disfrutar del fútbol y no hago caso a esas cosas. Estoy a lo mío.
Nunca he sentido presión. Es más, cuando me miran o enfocan a mí eso me da más confianza. Me da fuerza.
En el Rayo Majadahonda y ahora en el Amorebieta venían aficionados a vernos, animan, y eso tampoco es presión.
Eso da confianza y fuerza.
Lo más importante para mí es disfrutar del futbol, de lo que tienes…
Un camino marcado por la constancia
Desde que llegó a España, Nakai ha tenido que superar el idioma, el cambio cultural, la distancia con parte de su familia, las sanciones que le impidieron competir, la dificultad de hacerse un hueco en cada categoría y la exigencia de las cesiones.
Sin embargo, su discurso mantiene una idea constante: continuar trabajando, respetar las decisiones de los entrenadores, agradecer las oportunidades y aprovechar cada partido para seguir creciendo.
El Madrid te enseña valores. Aunque seas muy bueno en el campo, si fuera no eres buena persona, no llegas hasta donde quieres.
Hay que ser bueno dentro y fuera. Yo doy más importancia a cómo ser fuera que dentro.
Con el balón haces lo que te salga, piensas cómo hacerlo mejor… Pero fuera no es tan sencillo.