Durante la Segunda Guerra Mundial, alistarse en una división implicaba incorporarse a un proceso político, militar y administrativo determinado por el Estado, el ejército y las organizaciones de movilización. En el caso español, la unidad más representativa fue la División Española de Voluntarios, conocida como División Azul, formada para combatir junto a Alemania contra la Unión Soviética en el Frente Oriental.
La División Azul fue una unidad de voluntarios y miembros del ejército español, formada por un total de 47.000 hombres, que combatió junto a las tropas alemanas en el Frente Oriental contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial entre 1941 y 1943. Sin embargo, la etiqueta de «voluntario» no describe por sí sola todas las experiencias de quienes se incorporaron, porque algunos acudieron por convicción ideológica, otros para mejorar su situación personal y otros fueron presionados o reclutados mediante mecanismos militares y políticos.
El contexto que favoreció el alistamiento
La Alemania nazi y el imperio del Japón desataron la Segunda Guerra Mundial, con la intención de establecer, por medio de la conquista militar, un dominio permanente sobre Europa y Asia, respectivamente. Estas dos naciones fueron los miembros más importantes de la sociedad del Eje, que se basó en el anticomunismo y en la insatisfacción con el orden mundial después de la Primera Guerra Mundial.
Bajo el liderazgo del dictador Adolf Hitler, la Alemania nazi se enfocó en la adquisición de un vasto y nuevo imperio de “espacio vital” (Lebensraum) en Europa Oriental y en la Unión Soviética. El liderazgo nazi calculaba que la realización de la hegemonía alemana en Europa exigiría un conflicto bélico, y comenzó a planificar una guerra europea desde el día en que los nazis subieron al poder a finales de enero de 1933.
El imperio japonés seguía una política de conquista militar con el apoyo de su emperador, la jerarquía militar y muchos miembros de la élite culta que buscaban el dominio y la influencia de Japón en todo el este de Asia y el Océano Pacífico. En 1936, Alemania y Japón formaron un frente anticomunista contra la Unión Soviética.
Ese mismo año, la Italia fascista y la Alemania nazi formaron la alianza del Eje, poco después de que Italia terminara su brutal y exitosa conquista de Etiopía. Japón había iniciado su política de conquistas militares invadiendo el territorio chino de Manchuria en septiembre de 1931. Seis años más tarde, en julio de 1937, Japón invadió el territorio de China y desató la Segunda Guerra Mundial en Asia.
De la invasión de Polonia a la guerra contra la Unión Soviética
Alemania invadió entonces Polonia el 1° de septiembre de 1939, con lo que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Gran Bretaña y Francia respondieron a la invasión de Polonia declarándole la guerra a Alemania el 3 de septiembre.
El período de calma posterior a la derrota de Polonia terminó el 9 de abril de 1940, fecha en que las fuerzas alemanas invadieron Noruega y Dinamarca. El 10 de mayo de 1940, Alemania comenzó su asalto contra Europa Occidental al invadir Francia y los Países Bajos.
Italia entró a la guerra el 10 de junio de 1940 e invadió el sur de Francia el 21 de junio. Insatisfecho con la parte del botín que le había tocado a Italia durante las negociaciones del armisticio, el dictador fascista Benito Mussolini atacó Grecia en octubre de 1940 desde Albania.
Alemania invadió la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 en una violación directa del Pacto Alemán-Soviético de agosto de 1939. Para finales de octubre de 1941, las tropas alemanas ya se habían adentrado profundamente en la Unión Soviética; invadieron los estados bálticos y sitiaron Leningrado en el norte, capturaron Smolensk y marcharon hacia Moscú en el centro, tomaron Kiev (Kyiv) y se acercaron a Rostov, en la desembocadura del río Don, en el sur.
El 6 de diciembre de 1941, las tropas soviéticas lanzaron una importante contraofensiva que expulsó permanentemente a los alemanes de las afueras de Moscú. Un día después, el 7 de diciembre de 1941, Japón lanzó un ataque aéreo sorpresa en Pearl Harbor, Hawaii.
En junio de 1942, los alemanes y sus socios del Eje reanudaron su ofensiva en la Unión Soviética, y llegaron a Stalingrado (Volgogrado) en el río Volga, con lo que aseguraron la península de Crimea y penetraron en las profundidades de la región del Cáucaso para finales de septiembre de 1942.
El 2 de febrero de 1943, el sexto ejército alemán se rindió ante los soviéticos. Los alemanes organizaron una ofensiva más en Kursk en julio de 1943, la mayor batalla de tanques de la historia, pero las tropas y los tanques soviéticos desafiaron el ataque y asumieron una iniciativa militar que no volverían a abandonar.

La posición de España ante la guerra
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939, las Potencias del Eje reclamaron al gobierno español una mayor implicación en la contienda. El 12 de junio de 1940, el general Franco decidió cambiar la posición española de neutral a no beligerante.
El general Francisco Franco soñaba con recompensas territoriales en caso de una hipotética victoria del Eje en la Segunda Guerra Mundial. El 23 de octubre de 1940, tuvo lugar la entrevista entre Franco y Hitler junto con sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores Serrano Suñer y Ribbentrop, en la estación francesa de Hendaya para analizar la posible entrada de España en la contienda.
Dicha reunión fue un rotundo fracaso por las exigencias inaceptables que esgrimieron ambas partes y por la desastrosa situación española en aquel momento. Alemania requería la entrada inmediata de España en la guerra mientras que el caudillo español exigía como contrapartida parte de las colonias francesas en África así como toda clase de suministros en forma de armas, petróleo y víveres.
A pesar de los desacuerdos entre los dos líderes, Franco dejaba la puerta abierta a una posible adhesión futura cuando el contexto internacional lo permitiese. Tras la imposibilidad de rendir a Reino Unido por aire o mar, el führer decidió cambiar de objetivo y centrarse en su verdadera obsesión, que no era otra que rendir al gigante del este.
Por qué se creó la División Azul
El posterior inicio de la Operación Barbarroja, el 22 de junio de 1941, trajo consigo la creación de un cuerpo expedicionario español contra la URSS. El 22 de junio de 1941, Hitler lanzó la llamada Operación Barbarroja para invadir la Unión Soviética mediante la creación de tres poderosos ejércitos: Norte, Centro y Sur.
En dicha ofensiva participaron una coalición de países alineados con el III Reich (finlandeses, rumanos, italianos, croatas, húngaros y eslovacos). Franco veía de esta manera su oportunidad ideal para entrar en escena y autorizó la creación de un centro de reclutamiento para aquellos ‘voluntarios’ que quisiesen luchar contra el régimen comunista y así de esta manera poder saldar su deuda pendiente con el líder alemán.
Adolf Hitler, así como Benito Mussolini, habían prestado apoyo logístico y militar al bando sublevado durante la Guerra Civil Española. Además Franco quería protagonizar su particular ‘cruzada contra el marxismo‘ al enviar tropas en dirección a la URSS.
El general Franco alegaría que su propósito era luchar contra el comunismo de Stalin, sin querer llegar a entrar en conflicto con el resto de Aliados como Estados Unidos y Reino Unido. La guerra contra la Unión Soviética permitía presentar la expedición como una campaña anticomunista específica, aunque la unidad quedara integrada en las fuerzas alemanas.
Quién podía alistarse
En un principio las autoridades alemanes exigieron que se tratara exclusivamente de un cuerpo de soldados profesionales. Pero finalmente, tras algunas deliberaciones, se acordó que estuviese formado en su grueso por voluntarios civiles pues el envío de un batallón solamente militar hubiera significado una declaración formal de guerra.
La División Azul fue una unidad de voluntarios y miembros del ejército español, formada por un total de 47.000 hombres. Por otro lado, el batallón español quedó bajo el mando de oficiales experimentados del ejército como Agustín Muñoz Grandes o Emilio Esteban-Infantes.
Este grupo de combatientes llamada en un principio como ‘División Española de Voluntarios‘ constituyó la 250ª División de Infantería de la Wehrmacht. También participaron unas 146 mujeres procedentes de la Sección Femenina en el Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar al mando de Mercedes Milá Nolla.
La composición del contingente no fue homogénea. Algunos de estos ‘voluntarios’ eran incluso opositores al régimen franquista, que aprovecharon esta ocasión para limpiar su historial de cara al nuevo orden establecido.
Estos combatientes tenían familiares presos por su anterior colaboración con la II República, o directamente ellos mismos habían pasado algún tiempo entre rejas. La incorporación podía ofrecer una vía para mejorar la propia situación política o familiar dentro del nuevo orden establecido.
Voluntariado, presión y reclutamiento
No obstante, este supuesto carácter de voluntariedad es objeto de crítica por parte de algunos historiadores, ya que en ciertos territorios se hubo de echar mano de los cuarteles militares para poder cubrir los cupos necesarios para el alistamiento.
El debate sobre las motivaciones reales del contingente español en el frente ruso entre 1941 y 1943 entronca con otros más generales sobre la historia sociocultural de la guerra y el “nuevo orden nazi-fascista”. Aunque el relato apologético sobre la llamada División Azul está plagado de prejuicios que ha superado y desmentido la historiografía más solvente, supone nuestro punto de partida porque su argumentario mantiene cierto peso mediático y permanece en la opinión pública española una imagen relativamente benigna de la oficialmente denominada División Española de Voluntarios.
Se analizan los heterogéneos perfiles descubiertos por la historiografía entre los alistados y se destaca la necesidad de ampliar la lente para avanzar en estudios de ámbito territorial, con el objetivo de ir completando un complejo puzle donde se contrasten las posibles diferencias en el reclutamiento de las distintas oficinas provinciales de la FET de las JONS y también entre estas y los cuarteles militares, así como sus diferentes fases.
Del mismo modo, se propone analizar todo el proceso, atendiendo tanto a la motivación del reclutamiento como a los factores de socialización y camaradería y su inserción en la esfera pública a su regreso. Se plantea la necesidad de reconsiderar la división estricta de conceptos como «voluntario» y «forzado», cuyos perfiles resultan bastante más difusos al aplicarlos a la numerosa casuística existente.
| Aspecto | Información |
|---|---|
| Denominación inicial | División Española de Voluntarios |
| Denominación militar alemana | 250ª División de Infantería de la Wehrmacht |
| Composición | Voluntarios y miembros del ejército español |
| Total de hombres | 47.000 |
| Personal sanitario femenino | 146 mujeres |
| Frente principal | Frente Oriental contra la Unión Soviética |
| Periodo de combate | 1941 y 1943 |
El proceso de formación y la partida
En julio de 1941, empezaron los primeros reclutamientos en los que recibieron una breve instrucción de diez días antes de poner rumbo a su destino. La rapidez de la preparación refleja el carácter expedicionario de la unidad y la urgencia con la que se organizó el contingente tras el inicio de la Operación Barbarroja.
El centro de reclutamiento fue autorizado para aquellos ‘voluntarios’ que quisiesen luchar contra el régimen comunista. La unidad quedó vinculada a oficiales experimentados del ejército español y, una vez incorporada al dispositivo alemán, recibió la denominación de 250ª División de Infantería de la Wehrmacht.

Destino y primeras operaciones militares
Hitler, afanado en su determinación de tomar Moscú, la capital de la URSS, decidió que la División Azul pasara a reforzar al Ejército Norte en sus posiciones. Algunas de las principales operaciones militares en las que participó la División Azul, tuvieron lugar en la región de Voljov, cerca de la ciudad histórica de Novgorod, entre octubre de 1941 y agosto de 1942 y en el Frente de Leningrado, entre agosto de 1942 y octubre de 1943.
En septiembre de 1941, las tropas alemanas capturaron la ciudad de Novgorod, de un gran significado simbólico y estratégico. Al mes siguiente, las tropas españolas se desplegaron en el extrarradio de la ciudad, en la orilla occidental del río Voljov.
Un aspecto a destacar dentro del batallón español y que constituyó ciertos episodios de fricción, fue el respeto dispensado a la población civil soviética en términos generales, al contrario que sus compañeros alemanes. Esta actitud entraba en conflicto con el proyecto estrella de Hitler, que no era otro sino crear un imperio extendido desde el Rin hasta los montes Urales según la teoría del espacio vital o Lebensraum.
Para ello, era necesario exterminar a toda la población de origen eslavo supuestamente inferior a la raza aria. La guerra en el Frente Oriental estuvo vinculada a objetivos de conquista territorial, dominación racial y violencia masiva, además de la dimensión militar inmediata.
La acción de los esquiadores españoles
A principios de 1942, una ofensiva de los soviéticos que perseguía restablecer las comunicaciones entre Leningrado (San Petersburgo) y Moscú, pulverizó a la 18º División alemana. El general de infantería alemán von Chappuis designó a la compañía de esquiadores españoles para socorrer a sus hombres.
Los esquiadores españoles debieron atravesar páramos helados y soportar temperaturas de hasta -52º grados hasta llegar a los escasos supervivientes de la 18º División alemana. Después de esta acción, los iniciales recelos de Hitler hacia la División Azul que los llegó a describir como una ‘banda de andrajosos e indisciplinados’, pasaron a ser hombres impávidos que no temían a la muerte.
La Operación Luz del Norte y el frente de Leningrado
En agosto de 1942, Hitler ultimaba la llamada ‘Operación Luz del Norte’ para iniciar el asalto final a la ciudad de Leningrado. La División Azul pasó entonces de la defensa de la región de Voljov a participar en el asedio de Leningrado desde su flanco sur.
Sin embargo debido a los recientes reveses sufridos en la batalla de Stalingrado, Hitler apostó por una guerra de trincheras. A principios de 1943, tuvo lugar la llamada ‘Operación Iskra’, una contraofensiva soviética para liberar la antigua capital de los zares del cerco alemán.
El 16 de enero de 1943, 550 hombres al mando de Manuel Patiño Montes se refugiaron en una región boscosa al sureste de Posselok para frenar la contraofensiva soviética. El enfrentamiento con las tropas soviéticas provocó la muerte del 70% del batallón.
Debido a ello, Esteban-Infantes solicitó el traslado de sus tropas a posiciones menos expuestas al enemigo, pero dicha petición tardaría semanas en aprobarse. Sin embargo, la batalla más sangrienta para la División Azul estaría todavía por llegar.
La batalla de Krasni Bor
El 10 de febrero de 1943, en Krasni Bor, a las afueras de Leningrado, unos 5.000 españoles equipados con armamento ligero hicieron frente a 38 batallones del ejército soviético repartidos en 4 divisiones y apoyados por numerosos tanques, durante varias horas interminables.
Sin poder hacer frente al poderío soviético, la situación para los soldados españoles era desesperada. En una horas cayeron muertos un millar de ellos debido a la fuerza de la artillería rusa y a las decenas de miles de obuses disparados.
La infantería soviética decidió cargar contra las líneas españolas. Para cuando el Ejército Rojo se abalanzó sobre ellos, los pocos que quedaban con vida montaron sus ametralladoras MG34 y se atrincheraron en los cráteres que habían dejado los obuses soviéticos.
Momentos después se produjo un violento cuerpo a cuerpo entre ambos bandos. Los francotiradores rusos también produjeron numerosas bajas al bando español.
Ante esta situación, algunos oficiales españoles reclamaron un inmediato apoyo aéreo alemán aun a costa de bombardear sus propias posiciones. Tras 9 horas y 45 minutos luchando solos, los alemanes acudieron en su ayuda tras asegurar el terreno la Luftwaffe.
Un grupo de artillería al mando de Guillermo Reinlein siguió resistiendo solo hasta la mañana del día 12, momento en que éste fue relevado. El ejército soviético consiguió desalojar del enemigo el sector de Krasni Bor pero las bajas para Stalin habían sido demasiado cuantiosas.
En total, el ejército soviético perdió a unos 9.000-11.000 hombres a costa de la férrea resistencia del batallón español. Por el lado de la División Azul, habían caído más de 3.000 hombres entre muertos y heridos.
Sin embargo, algunos autores recelan del carácter de resistencia numantina del batallón español durante este enfrentamiento, resaltando la mitificación en parte de este hecho por la propaganda franquista.
Las siguientes semanas a este cruel encuentro, tuvo lugar otro enfrentamiento para hacerse con el control de la orilla occidental del río Ishora. Este choque costó a la División Azul unas 30 bajas diarias, elevándose a 80 el día 19 de marzo.

La retirada de la División Azul
A finales de 1942 y principios de 1943 la suerte estaba cambiando de forma dramática para las Potencias del Eje. Finalmente y tras cambiar el curso de la guerra, el general Francisco Franco fuertemente presionado por los Aliados, dio la orden de retirada escalonada de la División Azul a fecha del 12 de octubre de 1943.
Este hecho coincidió con el cambio de la diplomacia española hacia la contienda mundial. De esta manera, se puso punto y final a las acciones militares de la División Azul en el Frente Oriental.
No obstante, se dejó un grupo mucho más reducido que seguiría combatiendo conocido como la Legión Azul, formada tan sólo por unos pocos miles de hombres.
Balance humano y controversias históricas
Se calcula que de un total de 47.000 hombres que formaron parte de la División Azul, hubo cerca de 5.000 muertos, 8.700 heridos, 7.800 enfermos, 2.137 mutilados y 372 prisioneros por el ejército soviético.
Muchos de ellos perecerían más tarde en los gulags soviéticos. Las cifras muestran que el alistamiento no terminaba con la incorporación formal a la unidad, sino que podía desembocar en muerte, heridas, enfermedad, mutilación o cautiverio.
A día de hoy, el papel de la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial sigue suscitando cierta controversia entre los más reconocidos historiadores. Nuestro objetivo es hacer un ejercicio de historia pública, sometiendo a crítica las narrativas surgidas durante el franquismo, revisadas a la luz de las batallas memoriales recientes y los debates en torno a la memoria democrática.
El debate abarca la naturaleza política de la expedición, las motivaciones de sus integrantes, el alcance de la presión ejercida durante el reclutamiento, la relación con el ejército alemán y la interpretación posterior de sus acciones militares.
La experiencia de alistarse en una división
El caso de la División Azul permite observar que alistarse en una división durante la Segunda Guerra Mundial no consistía únicamente en expresar una preferencia ideológica. El proceso incluía la autorización política, la apertura de centros de reclutamiento, la cobertura de cupos, la selección de voluntarios y miembros del ejército, la designación de oficiales, la instrucción y el traslado a un frente activo.
La brevedad de la instrucción, la integración en una estructura militar extranjera y la asignación a las posiciones del Ejército Norte condicionaban desde el principio la experiencia de los incorporados. A partir de ese momento, los alistados quedaban expuestos a las operaciones, las temperaturas extremas, la artillería, los combates cuerpo a cuerpo, las enfermedades, las heridas y el cautiverio.
Por eso, la historia de la División Azul no puede reducirse a una imagen única del voluntario. Se analizan los heterogéneos perfiles descubiertos por la historiografía entre los alistados y se plantea la necesidad de reconsiderar la división estricta de conceptos como «voluntario» y «forzado», cuyos perfiles resultan bastante más difusos al aplicarlos a la numerosa casuística existente.