Los marineros siempre han tenido fama de supersticiosos. El albatros -se creía que los marineros muertos se reencarnaban en ellos- era una de las muchas señales asociadas con la mala suerte en el mar. En la historia naval estadounidense, pocos episodios reúnen tanta incompetencia y mala suerte como la trayectoria del destructor USS William D. Porter, conocido por su tripulación como el “Willy Dee”.
El barco del que hablamos en este artículo fue un destructor de la clase Fletcher cuya carrera durante la Segunda Guerra Mundial quedó marcada por una cadena de accidentes, errores y situaciones insólitas. La sucesión de incidentes llegó hasta el punto de hacer de este barco el más gafe del que se tenga noticia.
Construcción y características del USS William D. Porter
El USS William D. Porter fue uno de los 175 destructores de la clase Fletcher construidos durante la Segunda Guerra Mundial. Recibió su nombre en honor de un capitán de la Unión durante la Guerra Civil estadounidense.
Botado el 27 de septiembre de 1942, el Porter era un destructor de la clase Fletcher. Su tripulación estaba formada por jóvenes, cuya media de edad era de 24 años. Incluso su capitán, Wilfred Walter, era joven para el puesto.
La desastrosa carrera de este barco se inició en noviembre de 1943 con su primera misión. Sus marineros se embarcaban en una misión de combate por primera vez, y su entusiasmo por entrar en combate era enorme; pero la verdad es que la cosa no iba a empezar nada bien.
La versión anterior del USS Porter, el USS Porter (DD-356), fue construido en los Astilleros New York Shipbuilding de Camden, New Jersey. Su quilla fue colocada el 18 de diciembre de 1933, botado el 12 de diciembre de 1935 y entregado a la USS Navy el 25 de agosto de 1936 a las órdenes del comandante Forrest B. Sherman.
Su primer destino fue en la Base Naval San Diego como Buque Insignia del Quinto Escuadrón de Destructores, lugar que ocupó hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El 5 de diciembre de 1941, el USS Porter fue transferido al Noveno Escuadrón de Destructores, para escoltar a la Task Force 12, que incluía al portaaviones USS Lexington y a los cruceros pesados USS Chicago, USS Portland y USS Astoria, con destino a la isla de Midway. Pero nada más llegar, les fue notificado el ataque a Pearl Harbor.
El 16 de octubre de 1942 fue asignado a la Task Force 16, junto con el portaaviones USS Enterprise, el acorazado USS South Dakota, el crucero pesado USS Portland, el crucero antiaéreo USS San Juan y los destructores USS Mahan, USS Conyngham, USS Shaw, USS Cushing, USS Smith, USS Preston y USS Maury, que se dirigía a las islas Salomón.
El 26 de octubre de 1942, la Task Force 16 entró en combate contra fuerzas japonesas al noreste de Guadalcanal, en la batalla de las islas Santa Cruz. Al poco, el USS Porter fue torpedeado, posiblemente por un disparo errático de un TBF Avenger y no por el submarino japonés I-21, como se creía, porque en los registros japoneses no aparece dicha acción del submarino.
La misión secreta para escoltar al presidente Roosevelt
En noviembre de 1943, el USS William D. Porter fue incorporado a una fuerza especial secreta encargada de escoltar al acorazado USS Iowa. El Iowa transportaría al presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, durante su viaje hacia dos importantes reuniones en El Cairo y Teherán con Joseph Stalin y Winston Churchill.
FDR iba acompañado por el secretario de Estado Cordell Hull y por los jefes del Ejército, de las Fuerzas Aéreas del Ejército y de la Armada, entre ellos el almirante Ernest J. King, jefe de Operaciones Navales. La delegación reunía a importantes personalidades hasta un total de 80 miembros.
La misión exigía mantener el máximo secreto para evitar que el convoy fuera detectado. El acorazado USS Iowa constituía el núcleo de la formación, mientras que los destructores debían proporcionar cobertura antisubmarina y protección contra posibles ataques.
El accidente del ancla en Norfolk
Los problemas comenzaron incluso antes de que el destructor abandonase el muelle para reunirse con el resto del convoy. A alguien se le olvidó izar completamente el ancla, de manera que cuando el barco comenzó a maniobrar marcha atrás, esta quedó enganchada en un buque mercante atracado en paralelo.
El ancla desgarró parte del casco del mercante y arrancó barandas, botes y balsas salvavidas. El incidente produjo un atronador ruido de madera y metales arrancados, y dejó claro desde el primer momento que la mala suerte de nuestro buque podía estar acompañada por graves errores humanos.
El capitán Wilfred Walter miró su reloj y se dio cuenta de que se le hacía tarde para reunirse con el USS Iowa, así que dirigió al buque mercante una disculpa rápida y se fue a toda máquina de aquel puerto.
Podemos imaginar la cara de aquellos novatos marineros mientras recordaban atónitos lo que había sucedido en su primer día de trabajo:
-Son los nervios del primer día. Seguro que las cosas no podrán ir a peor.
No imaginaban lo equivocados que estaban.
Veinticuatro horas después, el Porter tomó su posición junto al resto del convoy, no sin dejar de ser blanco de burlas y chuflas de todo tipo por parte del resto de la marinería.

Una carga de profundidad lanzada por accidente
Durante su viaje por el Atlántico, el convoy tendría que navegar por aguas infestadas de submarinos alemanes. Una de las tareas de escolta del Porter sería, llegado el caso de un ataque submarino, lanzar cargas de profundidad contra aquellos U-Boot alemanes.
El 12 de noviembre, una gran explosión sacudió las aguas. Todos los barcos del convoy tocaron zafarrancho de combate y comenzaron a hacer maniobras evasivas, porque era evidente que un submarino enemigo rondaba por allí.
Tal vez los nazis tenían información de la misión secreta y trataban de acabar con la vida del presidente de los Estados Unidos que viajaba en el USS Iowa.
Minutos después se recibió un tímido aviso del destructor: no había ningún submarino alemán, sino que una de las cargas de profundidad no tenía el seguro puesto y se había soltado accidentalmente de su cubierta, cayendo al mar y produciendo la explosión.
La detonación no solo provocó confusión en el convoy, sino que también dañó al propio destructor. Una violenta ola golpeó al Porter, arrastrando a un marinero por la borda. El hombre fue dejado a su suerte y murió. Además, el agua inundó una de sus calderas, por lo que fue necesario reparar la avería antes de continuar.
Tras este nuevo incidente, el almirante Ernest J. King, al mando del convoy, tomó la radio y ordenó al capitán Walter que acabara con los despropósitos y empezara a actuar correctamente. Walter se comprometió firmemente a mejorar el rendimiento de su barco.
La demostración de artillería ante Roosevelt
Tras lo ocurrido, y como es comprensible, todo el mundo en el convoy estaba nervioso. Tal vez como medida de distracción y para tranquilizar los ánimos, el propio presidente Roosevelt propuso a la tripulación del Iowa que le hicieran una demostración de sus defensas antiaéreas.
El 14 de noviembre, Roosevelt, que había sido secretario de Marina durante la Primera Guerra Mundial, pidió observar un ejercicio de defensa aérea. Se lanzaron al aire varios globos meteorológicos y los cañones del Iowa comenzaron a disparar bajo la atenta y complaciente mirada del presidente.
El aire arrastró algunos de esos globos en dirección al Porter. Todo marchó bien, y el destructor incluso hizo blanco en varios de aquellos globos perdidos.
El capitán Walter estaba crecido: era su momento, había que lucirse, y por fin dejarían de ser la burla de la US Navy. Por eso ordenó a su tripulación llevar a cabo un simulacro de ataque con torpedos.
Durante los simulacros se retiraban los detonadores de las cargas explosivas que expulsaban los torpedos de sus tubos, por lo que realmente los torpedos no eran lanzados al agua. El torpedo de entrenamiento no saltaba al agua, pero por todo lo demás era idéntico a un torpedo real.
Para calcular correctamente los tiempos de los falsos lanzamientos necesitaban también un blanco al que apuntar. El objetivo más cercano era el USS Iowa, el acorazado que transportaba al presidente.
El torpedo que casi alcanza al USS Iowa
«¡Fuego el uno!», gritó el oficial de cubierta del Porter, y se simuló el lanzamiento del primer torpedo. Comprobado el rumbo que hubiese tomado el falso torpedo, se ordenó:
«¡Fuego el dos!», y de nuevo se repitió la misma operativa.
«¡Fuego el tres!».
Entonces sucedió algo distinto. Se escuchó un silbido y la tripulación vio cómo un torpedo salía del tubo. El torpedo tenía el seguro puesto y había caído al mar. Acababan de lanzar un torpedo contra el Iowa y contra el presidente Roosevelt.
El torpedo necesitaba solo unos minutos para recorrer las 6.000 yardas que separaban al Porter del Iowa. Los 825 kilos de explosivo HBX podían haber enviado al Iowa al fondo del mar en pocos minutos si se producía un impacto certero.
En medio del caos, el capitán Walter advirtió por radio al Iowa que girara rápidamente a estribor. Sin embargo, el operador de señales transmitió los mensajes de forma confusa en dos ocasiones.
Walter rompió el silencio de radio y transmitió nervioso:
«¡Lion, Lion, responda rápido!».
Cuando finalmente logró transmitir la advertencia, Walter dijo frenéticamente:
«¡Torpedo en el agua! ¡Estribor! ¡Emergencia! ¡A estribor, Lion, caiga a estribor!».
El Iowa giró bruscamente a babor y aceleró a toda máquina. El viraje fue tan brusco que la silla de ruedas del presidente, con Roosevelt sentado en ella, estuvo a punto de caer por la borda. Roosevelt incluso instruyó a los agentes del Servicio Secreto que empujaban su silla para colocarlo en una posición desde la que pudiera observar el torpedo.
Finalmente, el USS Iowa logró evitar el torpedo.
«Perdón, hemos sido nosotros».
Fue todo lo que el capitán Walter pudo decir.

Investigación naval y consejo de guerra
Tras casi hacer impactar un torpedo en el acorazado donde viajaba el presidente Roosevelt, el avergonzado perdón que pidió el capitán Walter no le sirvió para evitar que su barco fuera inmediatamente expulsado del convoy.
Tampoco evitó que tanto él como toda su tripulación fueran sometidos a un consejo de guerra. De inmediato comenzaron los interrogatorios. ¿Había espías nazis? ¿La intención era matar al presidente o solo abortar la reunión?
La Armada necesitaba determinar si lo sucedido era un acto de incompetencia, una cadena de errores aislados o un intento deliberado de asesinato. Finalmente, quedó demostrado que se trató de un error.
El jefe de torpedistas Lawton Dawson admitió haber olvidado retirar el detonador del torpedo. El marinero fue condenado a 14 años de trabajos forzados, aunque Roosevelt le otorgó un perdón presidencial.
El comandante de la misión, Ernest J. King, estaba empezando a hartarse de los novatos del “Willie Dee”, así que llamó a su capitán Wilfred Walter a bordo del Iowa y le abroncó duramente.
El almirante ordenó que el Porter informara a la base de Bermuda. Allí, la Armada llevó a cabo una investigación para evaluar por qué las cosas habían salido tan mal.
Como Roosevelt era demócrata, la leyenda cuenta que los buques de la Armada recibían al Porter con la frase: «¡No disparéis!».
El almirante King consideró que el destructor debía ser alejado de cualquier misión en la que pudiera poner en peligro a una autoridad política o militar. Por esa razón, fue enviado a Dutch Harbor, en Alaska, en pleno Ártico.
Servicio en las islas Aleutianas
El 29 de diciembre, el Porter llegó a Dutch Harbor, Alaska, para cumplir su nueva misión. Se trataba de un destino considerado casi un castigo.
Obviamente, nadie iba a dejar que el Porter ni siquiera se acercara a una misión de alto nivel, por lo que fue enviado al único escenario donde la presencia del barco no preocupaba realmente a nadie: las islas Aleutianas, en Alaska.
Había cero presidentes a los que poder asesinar en Alaska.
Durante los ocho meses siguientes, la tripulación del Porter realizó patrullas antisubmarinas sin incidentes y efectuó incursiones contra las islas Kuriles japonesas.
Durante los primeros meses de exilio pareció disiparse la oscura sombra de su embarazoso pasado; todo iba bien. Servir en el USS William D. Porter era considerado un castigo, así que sus marineros se esforzaron por hacer bien su trabajo para quitársela.
Los errores se fueron convirtiendo en algo aislado. Sin embargo, la reputación del buque todavía no estaba completamente a salvo.
El disparo contra la casa del comandante
Un día, uno de sus marineros regresó a bordo borracho y decidió ponerse a jugar con los cañones de artillería pesada. Terminó abriendo fuego e impactando un proyectil nada menos que en el jardín de la casa del comandante de la base.
En aquel momento, el comandante celebraba una fiesta con otros oficiales y sus esposas. Por suerte, el disparo únicamente causó daños materiales, pero la poca reputación que le quedaba al Porter -si es que le quedaba algo- quedó definitivamente asolada, al igual que las flores del jardín de la casa de su comandante.
El incidente volvió a demostrar que la mala suerte del barco no se limitaba a las operaciones de combate. Incluso durante una etapa relativamente tranquila, un error individual podía provocar un nuevo escándalo.
Regreso al Pacífico y batalla de Okinawa
El final de la guerra se acercaba y todos los barcos eran necesarios en el frente, por lo que el Porter fue reasignado al Pacífico. Por fin tendría una auténtica oportunidad de redención, o tal vez no.
Una vez en el frente del Pacífico, y a pesar de los esfuerzos del comandante Charles M. Keyes, que relevó al desafortunado capitán Walter en la dirección de la nave, la reputación del destructor no mejoró. Al contrario, se hundió todavía más cuando acribilló accidentalmente al destructor USS Luce durante los primeros momentos de la batalla de Okinawa.
Tras este nuevo incidente, el Porter sirvió como apoyo para las tropas que trataban de conquistar aquella isla. Fue asignado primero a cubrir el desembarco y después a desempeñar funciones como piquete de defensa aérea.
El USS Porter utilizó correctamente sus defensas antisubmarinas y llegó a derribar cinco aviones japoneses. Sin embargo, poco después se informó de que también había derribado por error tres aviones norteamericanos.
| Etapa | Acción o incidente |
|---|---|
| Noviembre de 1943 | Escolta secreta del USS Iowa durante el viaje de Roosevelt. |
| Salida de Norfolk | El ancla se enganchó en un buque mercante y dañó su casco. |
| 12 de noviembre | Una carga de profundidad se soltó accidentalmente y explotó. |
| 14 de noviembre | Un torpedo real fue lanzado por error contra el USS Iowa. |
| Dutch Harbor | Patrullas antisubmarinas e incursiones contra las islas Kuriles. |
| Islas Aleutianas | Un disparo de artillería alcanzó el jardín del comandante de la base. |
| Okinawa | El buque disparó accidentalmente contra el USS Luce. |
| 10 de junio de 1945 | Ataque kamikaze y hundimiento del destructor. |
El último incidente: el ataque kamikaze
Y así llegamos al final de esta historia. El 10 de junio de 1945, a las 8:15 de la mañana, un bombardero en picado D3A1 “Val” se lanzó contra el Porter en un ataque kamikaze.
Los aviones japoneses picaron hacia el Porter. El buque se defendió y sus defensas antiaéreas alcanzaron al avión japonés. El aparato fue derribado y cayó al océano sin explotar.
La tripulación estaba eufórica: parecía que las cosas cambiaban a mejor. Todo parecía estar solucionado.
Pero no se habían dado cuenta de que el avión kamikaze había continuado bajo el agua su trayectoria en dirección hacia el destructor. El impulso del Val lo llevó por debajo del Porter antes de que los explosivos que llevaba en su interior detonaran.
El avión esquivó accidentalmente el casco y recuperó la sustentación a pocos metros de las olas, pero sus explosivos estallaron justo debajo del “Willie Dee”. La explosión levantó del agua al destructor de 2.500 toneladas.
La erupción causó daños irreparables. Tres horas más tarde, el USS William D. Porter se hundió.
Aunque el ataque kamikaze acabó con el barco, todos los miembros de la tripulación sobrevivieron. La trayectoria de este auténtico gafe de los mares terminó durante la batalla de Okinawa, después de una sucesión de accidentes que había comenzado desde el mismo momento de su salida del puerto.
Nunca más ningún barco llevó el nombre USS William D. Porter durante la Segunda Guerra Mundial.