3 peores jugadores de fútbol del mundo

En el fútbol de élite, algunos jugadores llegan a clubes históricos rodeados de grandes expectativas y terminan convirtiéndose en fichajes decepcionantes. Entre los casos más llamativos aparecen Roberto Bonano, Secretario y Philippe Christanval, tres futbolistas cuyo rendimiento en Barcelona o Real Madrid quedó muy por debajo de lo esperado.

La valoración tiene en cuenta la reputación con la que llegaron, el rendimiento sobre el terreno de juego, la adaptación al club y el impacto general de su etapa. No se trata necesariamente de afirmar que fueran los peores jugadores de toda la historia, sino de destacar algunos de los fracasos más recordados en grandes equipos.

1. Roberto Bonano

Posición: portero.

En el Camp Nou todavía recuerdan con humor negro aquellas noches en que Bonano exhalaba los peores sudores nada más salir del túnel de vestuarios. Esos goterones que le caían por la frente nada más llegar a la portería, sus piernas temblorosas y sus cantes a lo flamenco cuando el balón llegaba a las inmediaciones del área.

Llegó al Barcelona en la temporada 2001/2002 (con la carta de libertad de River Plate) en una de las peores épocas que se recuerdan en la entidad blaugrana. En tres temporadas, el club se hizo con tres porteros: Dutruel, Bonano y Robert Enke. Todos fracasaron.

Roberto Bonano defendiendo la portería

La llegada al Barcelona representaba un salto importante en su carrera, pero la presión de jugar bajo los palos del Camp Nou terminó pesando demasiado. Sus errores, sus dudas y la inseguridad que transmitía lo convirtieron en uno de los porteros más cuestionados de aquella etapa.

Tras dejar el Camp Nou, Bonano fichó por el Murcia y después recaló en el Alavés. Nunca volvió a ser el mismo desde que experimentó lo que es estar bajo los palos del Camp Nou.

2. Secretario

Posición: lateral derecho.

El portugués llegó al Real Madrid en la temporada 1996 procedente del Oporto, con el que había ganado dos ligas y una Supercopa, pero su paso por el Bernabéu fue de los más lamentables que se recuerdan.

Como lateral derecha le gustaba subir la banda y en teoría centrar. Y digo en teoría porque nadie recuerda que pusiera un buen balón en el área. Aunque igual pensándolo mejor si que puso alguno bueno en la suya.

El caso es que el luso no cuajó en la entidad blanca y tras terminar la temporada volvió de nuevo al Oporto.

Secretario jugando como lateral derecho

Su fracaso no se explica únicamente por la calidad futbolística, ya que el contexto psicológico también tuvo un peso importante. Hay que decir en su favor que parte de la culpa de sus pifias la tuvieron los nervios.

Tanto es así, que los aficionados del club blanco recuerdan como en una de esas pitadas -muy características del Bernabéu- el jugador salió del campo solo con el balón sin que ningún rival le presionara.

La escena resumió la inseguridad que mostró durante su breve etapa en Madrid. Un futbolista que había llegado con buenos antecedentes en Portugal no consiguió trasladar ese rendimiento al Real Madrid y terminó regresando al club del que procedía.

3. Philippe Christanval

Posición: defensa central.

El jugador francés llegó al Barcelona en el verano de 2001 por una cantidad que asusta: 18 millones de euros, 12 más de los que costaría Rafa Márquez dos años después, por poner un ejemplo.

Entre las maravillas -o burradas- que se dijeron de él nada más llegar constan -por encima de todas- las declaraciones de Rexach: “Remata bien de cabeza, tiene velocidad y conjuga elegancia y contundencia como pocos. Será un espectáculo verlo jugar”. Sí, señor, eso es vender la moto.

Philippe Christanval durante un partido

Las expectativas generadas fueron especialmente elevadas porque el Barcelona realizó una inversión considerable y presentó al defensa como una combinación poco habitual de velocidad, contundencia y elegancia. Sin embargo, su rendimiento no alcanzó el nivel anunciado.

En las dos temporadas que militó en el conjunto azulgrana disputó 45 partidos entre Liga, Copa y Champions. En 2003, tras la llegada de Laporta obtuvo la carta de libertad y se marchó al Olympique de Marsella.

Allí, tan solo disputó 15 partidos (en buena parte debido a las lesiones) y decidió irse al Fulham, donde tuvo más minutos, llegando a jugar hasta en el centro del campo.

Al final de su periplo, el equipo inglés no le renovó y tras hacer una prueba con el Blakburn Rovers anunció su retirada, sin equipo y como aquella estrella que nunca llegó a ser.

Otros fichajes que también quedaron por debajo de lo esperado

La historia del fútbol está llena de jugadores que llegaron a clubes importantes con una reputación elevada y no consiguieron cumplir las expectativas. Algunos fracasaron por falta de adaptación, otros por las lesiones y otros por la presión de jugar en un escenario de máxima exigencia.

Aquivaldo Mosquera

Cómo no contar en la zaga con Aquivaldo Mosquera, el jugador colombiano que fichó el Sevilla procedente del Pachuca Mejicano para la temporada 2007.

Un paso de gigante en su carrera que terminó con una caída desde lo más alto. En el Sánchez Pizjuán nunca lo quisieron debido a sus continuas perdidas de balón, entre otras muchas cosas.

Al final, en la temporada 2009 cogió las maletas y puso rumbo para jugar en el América de México.

Winston Bogarde

El Barcelona fichó al holandés por 800 millones de pesetas (entre traspaso y ficha) procedente del Milan, donde tan solo había jugado 28 minutos en dos partidos.

Aun así, Nuñez cedió al interés de Van Gaal por tener a su compatriota en la entidad blaugrana. Y como era de esperar, fue todo un fracaso.

En su primer partido cometió un penalti y algunos directivos de la entidad como Jaume Sobrequés empezaron a rajar de él: "¿Cómo puede ser que un hombre como Bogarde jugue en el Barça? Es un clamor. No sé si lo piensan 50.000 o dos millones de aficionados, pero no lo entiende nadie".

Pero eso que parecía señalar Jaume era obviado por Van Gaal, que lo llegó a alinear de lateral izquierdo en algunas ocasiones. Hasta que en el año 2000 cogió las maletas y se fue al Chelsea, donde, evidentemente, tampoco cuajó.

Radek Bejbl

El Atlético de Madrid siempre ha sido un especialista en eso de gastar dinero y no conseguir resultados. Aquello de "se ponen la camiseta y se transforman" es algo común e incluso ya tradicional en las gradas del Calderón.

Algo así le ocurrió al centrocampista internacional del Slavia de Praga Radek Bejbl. El traspaso del jugador checo le costó al club colchonero la friolera de 400 millones de pesetas.

Lo sorprendente es que a pesar de no cuajar en la plantilla, permaneció en el club durante cuatro años. De ahí pasó al Lens en el 2000 para volver al Slavia de Praga en 2002.

Terminó su carrera jugando en el Rapid de Viena y el Slovan Liberec. Aunque empezó jugando como centrocampista defensivo, también ocupó la demarcación de defensa central.

Marcelo «El Pato» Sosa

Y de Bejbl pasamos al fichaje más surrealista de la historia del Atlético de Madrid, Marcelo 'El Pato' Sosa, un jugador que con ese mote ya da mala espina.

El centrocampista, que costó 100.000 euros, demostró sus cualidades en la presentación, cuando dando unos toques se cayó al suelo. Ver para creer.

Como era de esperar, en la entidad rojiblanca fracasó estrepitosamente. Su función se redujo a dar patadas y malos pases.

Tanto es así que el club colchonero lo envió cedido a Osasuna, donde Raúl García y cía. tampoco le dejaron tocar bola.

Visto que el fútbol español no era lo suyo, fichó por River, que al año siguiente lo mandó al Nacional de Montevideo, que a su vez tampoco le quiso y lo dejó marchar al Tecos de la UAG de México, para terminar jugando en el Atlético Peñarol.

Por qué algunos fichajes se convierten en fracasos

Prácticamente todos los fichajes generan mucha expectativa, tanto en los fans como en el interior del club que adquiere un nuevo jugador.

Algunos resultan ser fichajes brillantes, ofreciendo un valor increíble y convirtiéndose en leyendas del club. Otros son simplemente correctos, pero algunos. algunos son desastres: un despilfarro colosal de dinero, jugadores incapaces de adaptarse o tan intrascendentes que los aficionados olvidan que alguna vez existieron.

El coste inicial -en relación con el momento en que se realizó la firma- es uno de los elementos que permite valorar el fracaso de una operación.

También deben considerarse el valor de reventa, la huella general que dejaron, qué sucedió después de su partida y qué impacto tuvo en las finanzas del club que los pagó.

El rendimiento en el terreno de juego analiza cuán mal se desempeñaron realmente las cosas en el campo, tanto en términos estadísticos como en cuanto a la contribución general del equipo.

Las expectativas y la reputación al llegar también resultan determinantes, ya que indican lo que debería haberse logrado dada la posición del individuo en el juego y el precio de mercado de los jugadores rivales.

JugadorPosiciónClub en el que fracasóEtapa destacada
Roberto BonanoPorteroBarcelonaTemporada 2001/2002 y siguientes
SecretarioLateral derechoReal MadridTemporada 1996
Philippe ChristanvalCentralBarcelonaDos temporadas

Por cada Cristiano Ronaldo, hay un Juan Sebastián Verón. Por cada Didier Drogba, hay un Andriy Shevchenko. Y por cada Fernando Torres. bueno, hay un Fernando Torres.

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