La libertad es un derecho fundamental y una condición esencial de la dignidad humana, porque permite que cada persona piense, decida, se exprese, se relacione y participe en la vida social sin estar sometida a la voluntad arbitraria de otros. Una sociedad libre protege la autonomía individual mediante el Estado de derecho, el reconocimiento de los derechos humanos y unas instituciones capaces de limitar el poder.
El derecho a la libertad abarca cuatro dimensiones principales de la identidad de una persona y su conexión con la vida pública: la libertad de circulación, la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, y la libertad de reunión y asociación pacíficas. La libertad no es ilimitada o irrestricta: yo mando solamente en mi propiedad y debo respetar la propiedad ajena.

1. La libertad protege la dignidad y la autonomía individual
La libertad constituye uno de los presupuestos del ser humano y con base en ella, pero al lado de la dignidad humana, se ha construido la esencia de los derechos de la persona. La libertad se ha considerado como intrínseca en la misma condición de ser humano cuya limitantes no se encuentran consideradas en momento alguno, pues se contempla como la capacidad de obrar y decidir en la manera que se desee.
Si soy un individuo libre actúo siguiendo mi propia voluntad, no estoy coaccionado por otro agente que me somete, esclaviza o impone por la fuerza su voluntad, obligándome a hacer algo que no quiero o prohibiéndome hacer algo que quiero. Los seres humanos no son esclavos y no son sirvientes. Por el contrario, ellos son por naturaleza individuos libres, y uno de los propósitos de la sociedad es proteger su libertad.
La autonomía de que habla Tomás Moro es conjunta al uso de la razón en la valoración de si se pretende llegar al bien a través de "la cultivación del espíritu y el desarrollo de las facultades intelectuales en el estudio de las ciencias y de las letras". La libertad del hombre puede ser tan amplia que permite indistintamente la posibilidad de pensar, decidir y actuar sobre lo pensado, de poder expresar lo que se ha pensado, de actuar conforme a las propias convicciones pero teniendo en cuenta que su libertad no debe contravenir los principios de verdad y de justicia y, claro, respetando el o los derechos del prójimo.
2. La libertad limita el poder arbitrario
Por “Liberalismo” nos referimos a una red de principios que están institucionalizados. Entre los mismos se encuentra el estado de derecho, de modo que existen principios explícitamente especificados que gobiernan la sociedad - en oposición al poder arbitrario de un individuo o un grupo de individuos que van inventando las reglas a medida que avanzan.
Por lo general, los principios se detallarán en una Constitución. Por ejemplo, habrán instituciones democráticas y republicanas para asignar poderes, para separar esos poderes y, a veces, para enfrentarlos unos con otros. Habrá una protección explícita de los derechos de los individuos a la vida, a la libertad, a la propiedad, a la búsqueda de la felicidad, etc.
Las libertades públicas, ámbito de actuación del individuo oponible al actuar de las autoridades, han sido una conquista histórica que ha ayudado a la reivindicación del ser humano. La democracia representativa posibilita la libertad del individuo, pero no la garantiza.
Dondequiera que hay una clase dominante, una gran parte de la moralidad del país emana de sus intereses y de sus sentimientos de clase superior. La ponen en peligro igualmente los grupos sociales dominantes que puedan surgir y el pueblo.
3. La libertad de expresión permite buscar la verdad
La libertad de expresión es un importante indicador que reconoce a los niños como titulares de derechos. A través de la expresión de sus sentimientos y opiniones, los niños pueden describir cómo se respetan o se vulneran sus derechos, además de aprender a defender los derechos de los demás.
Para que la ciudadanía pueda tomar decisiones significativas sobre cómo quiere que funcione la sociedad, debe tener acceso a información veraz y precisa sobre una amplia diversidad de temas, y esto solo puede darse si la gente se siente segura a la hora de expresar los problemas que afectan a sus comunidades. Proteger la libertad de expresión favorece que la gente se pronuncie públicamente, facilitando así que se aborden los problemas sistémicos desde dentro.
“El hombre es capaz de rectificar sus equivocaciones por medio de la discusión y la experiencia. No solo por la experiencia; es necesaria la discusión para mostrar cómo debe ser interpretada la experiencia” (p. 96). “Muy pocos hechos son capaces de decirnos su propia historia sin necesitar comentarios que pongan de manifiesto su sentido” (p. 96).
“La peculiaridad del mal que consiste en impedir la expresión de una opinión es que se comete un robo a la raza humana; a la posterioridad tanto como a la generación actual; a aquellos que disienten de esa opinión, más todavía que a aquellos que participan en ella. Si la opinión es verdadera se les priva de la oportunidad de cambiar el error por la verdad; y si errónea, pierden lo que es un beneficio no menos importante: la más clara percepción y la impresión más viva de la verdad, producida por su colisión con el error” (p. 91).
4. La libertad de expresión evita la infalibilidad y el dogmatismo
La libertad de expresión existe cuando la ciudadanía puede expresar su opinión (también cuando es crítica con el gobierno) sin temer consecuencias perjudiciales, como ir a la cárcel o recibir amenazas de violencia. Este intercambio de ideas y opiniones no solo se da puntualmente en torno a las elecciones, sino que es una comunicación bidireccional continua que se produce a lo largo de todo el mandato de un gobierno.
“Negarse a oír una opinión, porque se está seguro de que es falsa, equivale a afirmar que la verdad que se posee es la verdad absoluta. Toda negativa a una discusión implica una presunción de infalibilidad” (p. 92). “Una opinión, aunque reducida al silencio, puede ser verdadera. Negar esto es aceptar nuestra propia infalibilidad” (p. 144).
“Existe la más grande diferencia entre presumir que una opinión es verdadera, porque oportunamente no ha sido refutada, y suponer que es verdadera a fin de no permitir su refutación. La libertad completa de contradecir y desaprobar una opinión es la condición misma que nos justifica cuando la suponemos verdadera a los fines de la acción; y por ningún otro procedimiento puede el hombre llegar a tener la seguridad racional de estar en lo cierto” (p. 95).
“Aunque la opinión admitida fuera no solo verdadera, sino toda la verdad, a menos que pueda ser y sea vigorosa y lealmente discutida, será sostenida por los más de los que la admitan como un prejuicio, con poca comprensión o sentido de sus fundamentos sociales.” (p. 144).
“La más intolerante de las iglesias, la Iglesia católica romana, hasta en la canonización de un santo admite y oye pacientemente a un ‘abogado del diablo’” (p. 97). “Las creencias en las que mayor confianza depositamos no tienen más salvaguardia para mantenerse que una permanente invitación a todo el mundo para que pruebe su carencia de fundamento” (p. 98).
5. La libertad favorece la participación democrática
El objetivo de un sistema democrático es lograr una sociedad plural y tolerante y, para que esto sea posible, la ciudadanía debe poder hablar libre y abiertamente sobre cómo les gustaría que fuera el gobierno y criticar a quienes detentan el poder. La libertad de expresión -un derecho muy ligado a la libertad de pensamiento y de prensa- es fundamental para poder ejercer otros derechos y participar activamente en una sociedad y un mundo libre y democrático.
Cuando se celebran elecciones, la ciudadanía tiene la oportunidad de pedir cuentas a sus políticos. Para decidir a quién votan, necesitan saber cómo ha actuado un partido político mientras ha ejercido el poder y si ha cumplido sus promesas electorales.
Las elecciones y los referendos son una buena oportunidad para que la ciudadanía marque el rumbo de la sociedad, pero solo se celebran cada tantos años. La libertad de expresión refuerza otros derechos fundamentales como la libertad de reunión, la ciudadanía la ejerce para influir en la toma de decisiones públicas asistiendo a protestas, manifestaciones o participando en campañas.
La libertad de asociación y reunión pacífica permite a las personas organizarse, compartir intereses y participar en la comunidad. El interés de los niños en construir una participación cívica debe ser fomentado, no reprimido.
6. La libertad obliga a los gobernantes a rendir cuentas
Los medios de comunicación y las organizaciones de la sociedad civil (OSC) informan sobre los problemas sociales más importantes y contribuyen así a generar una percepción social sobre la actuación del gobierno. Sin embargo, esto solo resulta útil si tienen libertad para cubrir con veracidad las cuestiones que implican una crítica al Estado.
Proteger la libertad de expresión favorece que la gente se pronuncie públicamente, facilitando así que se aborden los problemas sistémicos desde dentro. Asimismo disuade los abusos de poder, cosa que a la larga beneficia a todo el mundo.
Es preciso que haya leyes para salvaguardar la libertad de expresión, que protejan a las personas y organizaciones amenazadas por denunciar la corrupción o un funcionamiento poco ético. Los periodistas, activistas, las organizaciones de observación de los derechos humanos, y las personas que denuncian irregularidades deben contar con una protección jurídica eficaz que les permita llevar a cabo su trabajo con seguridad y les proteja de las represalias de quienes pretenden silenciarlos.
Muchos políticos y personas con poder que temen que se saquen a la luz sus prácticas corruptas recurren a tácticas sucias y extrajudiciales para silenciar a periodistas. Las personas que denuncian irregularidades han sufrido frecuentemente consecuencias personales devastadoras por sacar a la luz actividades que van en contra del interés público, ya sea corrupción, actividades ilegales o malas prácticas.
7. La libertad protege a las minorías
En una sociedad democrática todas las personas deben ser tratadas de forma equitativa y justa. Sin embargo, a menudo no se tiene en cuenta a los grupos minoritarios que están infrarrepresentados en el gobierno y sus opiniones son ignoradas en favor de las del grupo social dominante.
Los grupos marginados pueden lograr apoyo público para su causa por medio de campañas y hablando abiertamente de los problemas que afectan a sus comunidades, aumentando así su capacidad de influir en la agenda pública y poner fin a los abusos de derechos humanos.
La libertad es siempre libertad para quien piensa diferente. Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto.
El derecho a la libertad es un derecho fundamental protegido por el derecho internacional y otorgado a todos los seres humanos, incluidos los niños. Estos derechos deben ser garantizados a todos los niños, incluidos los niños apátridas, sin discriminación alguna.
8. La libertad fomenta la individualidad, la creatividad y la innovación
En un sistema capitalista liberal, las personas son más libres de vivir sus vidas como lo desean. Como consecuencia, lo que tendremos en esa sociedad es una cantidad cada vez mayor de individualidad, es decir, un mayor número de personas que harán lo suyo, a su manera.
El argumento aquí es que las sociedades capitalistas, entonces, van a ser sociedades mucho más creativas, porque estimulan y cultivan la individualidad. Como resultado de esa mayor creatividad, habrá mucha más innovación en las sociedades capitalistas en comparación con otro tipo de sociedades.
Otro tipo de sociedades - si premian que todos hagan lo mismo y de la misma manera, o si premian a todos por seguir órdenes - no van a alentar la creatividad y la innovación que tienen lugar en las sociedades capitalistas. La libertad de expresión es necesaria para el cambio y la innovación.
Los gobiernos autoritarios que suprimen la crítica y ocultan información de interés público privan a la ciudadanía del derecho a tomar decisiones informadas o a actuar sobre cuestiones sociales importantes. Ocultar información vital permite que los problemas se enquisten y empeoren, lo cual obstaculiza el progreso y dificulta la búsqueda de soluciones cuando el problema finalmente sale a la luz.
“La verdad gana más por los errores del hombre que, con el estudio y la preparación debidos, piensa por su cuenta, que con las opiniones verdaderas de quien solo las mantiene por no tomarse la molestia de pensar” (p. 116).
9. La libertad permite elegir y cooperar voluntariamente
En una sociedad libre los individuos interactuamos y nos relacionamos de forma voluntaria, y por lo tanto mutuamente beneficiosa: cada parte obtiene más valor que el que entrega. Puedo decidir de forma libre y voluntaria entregar a otros mis posesiones o prestarles algún servicio, bien de forma gratuita o a cambio de una compensación.
También puedo limitar mi libertad futura mediante acuerdos contractuales con otras partes: recibo derechos a cambio de asumir deberes; nadie me obliga por la fuerza a participar en estos contratos, sino que yo mismo acepto libremente ciertas obligaciones y consiento que me exijan su cumplimiento aunque pueda cambiar de opinión en el futuro.
Que un intercambio sea voluntario no implica querer todas las partes de esa interacción: yo recibo algo valioso a cambio de entregar a la otra parte algo también valioso; lo que sucede es que valoro más lo conseguido que aquello a lo que renuncio, y por lo tanto tengo un beneficio neto.
Como vendedor no quiero dar la mercancía, pero lo hago porque prefiero el dinero; como comprador no deseo quedarme sin el dinero, pero prefiere recibir algún bien o servicio a cambio. Como trabajador no quiero realmente ir a trabajar, pero sí deseo cobrar mi nómina; como empleador no quiero pagar el salario, pero debo hacerlo para recibir los servicios laborales del empleado.
10. La libertad aumenta el bienestar, la prosperidad y la felicidad
Los economistas argumentan que los incentivos individuales para trabajar duro aumentarán bajo ese sistema. Si estoy en un sistema en el que puedo hacer lo que quiero, ganarme la vida de la manera que quiero, y sé que si trabajo duro voy a conservar los frutos de mi trabajo - entonces los individuos de esa sociedad trabajarán duro.
Producirán mucho más valor económico. Como resultado, esa sociedad será más próspera económicamente. Pero en la medida en que pueda trabajar para mí y conservar los frutos de mi propio trabajo, trabajaré más arduamente, y esa sociedad se volverá económicamente más próspera.
El capitalismo desarrolla instituciones que permiten a las personas coordinar sus conocimientos de una manera mejor que en cualquier otra sociedad. Por el contrario, el capitalismo se caracteriza por la toma de decisiones descentralizada. Todos son libres de tomar sus propias decisiones en sus propias vidas.
Si escalamos eso hasta el sistema de oferta y demanda y el sistema de precios en general, en el capitalismo liberal podemos coordinar impersonalmente el conocimiento de millones de personas en todo el mundo y hacerlo de una manera mucho más eficiente que cualquier otro sistema.
Una característica del capitalismo en el mundo moderno, después de la revolución industrial en particular, fue el desarrollo de la producción en masa de bienes, obviamente para las masas. Producción masiva de ropa, producción masiva de casas, producción masiva de autos, televisores, comida, etc. Esas son todas cosas que aumentaron drásticamente el nivel de vida promedio.
El argumento aquí es que el capitalismo, al producir una gran cantidad de riqueza, hará que una gran parte de la misma se reinvierta y esa misma reinversión generará muchos más empleos. Y esos empleos estarán mejor pagados como resultado del aumento del nivel general de vida en esa sociedad.
Para ser felices, tenemos que hacer las cosas que nos interesan, a nuestra manera. En las sociedades capitalistas, sin embargo, alentamos a las personas a hacer lo suyo, a tener sus propios gustos. No les asignamos trabajos - les permitimos elegir cualquier carrera que deseen seguir.
Así que las sociedades capitalistas liberales fomentan una gran cantidad de individualidad y, es precisamente a través de ser nosotros mismos y vivir nuestras propias vidas, que nos convertimos en individuos felices y realizados.
La libertad y sus límites legítimos
Ningún derecho puede ser de naturaleza absoluta, por lo que la tesis de Karl Popper resulta aplicable para demostrar las consecuencias negativas del uso ilimitado de la libertad, pues con ello se estaría trastocando el cúmulo de posibilidad que la propia sociedad requiere para el desarrollo pacífico individual y colectivo de sus miembros.
En este sentido, Alberto Enegas Lynch y Carlota Jackisch, coinciden en que la libertad de expresión, pese a ser un derecho, debe ser ejercida mientras no lesione las posibilidades legítimas de acción de otras personas. La libertad no es ilimitada o irrestricta: yo mando solamente en mi propiedad y debo respetar la propiedad ajena.
El enfoque de Stuart Mill al problema de los límites -si los hay- a la libertad de expresión pública en la sociedad presupone un público capaz de argumentar civilizadamente. Mientras la discusión siga siendo discusión, ha de permitirse la libertad absoluta, pero cuando se pasa de la palabra a los hechos, puede haber límites.
Como todos los derechos fundamentales, el derecho a la libertad de expresión no es absoluto, es por ello que puede estar sujeto a limitaciones siempre que tengan una base legal. Las limitaciones deben cumplir dos condiciones: 1) ser proporcionales, es decir, que no sean más severas de lo necesario para alcanzar su objetivo; 2) ser necesarias y responder realmente a objetivos de interés público o ser necesarias para proteger los derechos y libertades de los demás.
Por consiguiente, si una persona utiliza formas de expresión criminalizadas, como incitación al odio, contenido terrorista o pornografía infantil, no puede defenderse amparándose en su derecho a la libertad de expresión.
La libertad de asociación y reunión pacífica también puede estar sujeta a límites destinados a proteger la seguridad y el bienestar de los niños, y asegurar que su derecho a asociarse no vulnere los derechos de otros ni represente una amenaza al orden público, la salud o la moral.
La libertad de los niños y su participación social
Las convenciones de derechos humanos no hacen excepciones con los niños. Así quedó claro ya en el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».
Los derechos de los niños están explícitamente reconocidos en la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), la cual integra el derecho a la libertad a través de tres dimensiones: la libertad de expresión (artículo 13), la libertad de pensamiento, conciencia y religión (artículo 14) y la libertad de asociación y de reunión pacífica (artículo 15).
Los niños tienen el derecho de acceder a la información y expresarse a través del arte, el habla y la escritura, siempre que no se vulneren los derechos de los demás. Por ejemplo, el juego, que debería ser un aspecto fundamental de la infancia, es una de las formas en las que los niños desarrollan la autoexpresión.
Es responsabilidad de todos fomentar que los niños se expresen. Sin embargo, la orientación debe ejercerse siempre en el contexto de la CDN en su conjunto y debe respetar y alentar la capacidad de los niños para tomar sus propias decisiones, teniendo en cuenta su edad y madurez.
Los consejos y parlamentos infantiles son los principales mecanismos formales de participación infantil a nivel municipal y escolar. Los niños pueden ejercer su derecho a participar de diversas formas, ya sea de manera individual o en grupo, incluso en procesos de toma de decisiones en el hogar, en la escuela o dentro de la comunidad.
El cambio climático es un problema urgente y complejo que afecta directamente a las generaciones más jóvenes. Jóvenes de todo el mundo están creando grupos y movimientos para llevar sus preocupaciones y soluciones a los responsables de políticas, alimentando el diálogo sobre el cambio climático a nivel local, nacional e internacional.
La libertad en la era digital
En los últimos años, mantener la libertad de expresión se ha vuelto un desafío. El auge de las redes sociales y las nuevas plataformas de medios de comunicación ha expuesto a los niños a una amplia variedad de contenidos, incluso algunos perjudiciales, los cuales son difíciles de controlar.
Es importante comprender que el contenido que los niños y jóvenes crean en Internet o mediante su uso, así como el contenido que otros crean en relación con ellos puede perdurar o ser accesible de forma permanente. Esto puede poner en riesgo su dignidad, seguridad y privacidad, o hacerles vulnerables ahora o en una etapa posterior de sus vidas.
Encontrar un equilibrio entre el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la privacidad no es fácil, pero el principio fundamental que debe guiar esta discusión sigue siendo el interés superior del niño.
El discurso de odio o el troleo en línea pueden crear un entorno digital hostil que disuade a mujeres y personas marganizadas de participar en debates sociales en línea. Pero muchas iniciativas bienintencionadas para atajar este problema pueden crear involuntariamente los mismos efectos silenciadores.
Cuando se ataca la libertad de expresión, el mensaje que se envía a la vez es que decir la verdad puede suponer un peligro. La ambigüedad que existe en torno a lo que es o no es aceptable lleva a la gente a andar con pies de plomo, y por ende, a autocensurarse.
Garantías jurídicas de la libertad
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), adoptada en 1948, fue el primer documento legal que consagró el derecho a la libertad en cuatro dimensiones distintas: la libertad de circulación y de residencia (artículo 13), la libertad de pensamiento, conciencia y religión (artículo 18), la libertad de opinión y expresión (artículo 19) y la libertad de reunión y asociación pacíficas (artículo 20).
La libertad de expresión se consagró como derecho fundamental en el artículo 11 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea: Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.
Su importancia deriva de la propia Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) de 1948 que en su artículo 19 reconoce que "todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión", un derecho que "incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".
La misma relevancia le dan al artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), el artículo 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH) y el artículo 20 de la Constitución española de 1978, que reconoce y protege los derechos "a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción", y "a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión".
¿Por qué es importante la libertad de expresión para la democracia y las elecciones? #Elecciones2018
Todos los niños deben ser registrados al nacer, tener acceso a la información y contar con espacios institucionales para su representación en los procesos de gobernanza en todos los niveles (escuelas, comunidades, gobiernos locales, subnacionales y nacionales).
La creación de redes, el reconocimiento legal de asociaciones infantiles y la libertad de reunión en distintos niveles también mejorará significativamente las oportunidades para que los niños y jóvenes influyan en el desarrollo de políticas a nivel nacional, regional y global en temas que les afectan.